Los egresados del Instituto Nacional de diversas promociones inauguraron oficialmente un monolito conmemorativo en el patio de ese histórico plantel de enseñanza media, para evocar la gesta patriótica de enero de1964, que marcó el inicio del proceso de recuperación de la soberanía en las áreas del Canal de Panamá y de descolonización del territorio.
A continuación, Bayano digital reproduce el texto del discurso pronunciado en esa ceremonia por el periodista y relacionista público Alberto Velásquez, representante de la promoción institutora de 1957.
Estimados estudiantes, profesores, directivos del glorioso Instituto Nacional, egresados de distintas promociones, y distinguidas personalidades aquí presentes:
Nos encontramos hoy en este rincón histórico de nuestro «Nido de Águilas», para ser testigos y protagonistas de un acto de profunda trascendencia: la develación de un monolito que inmortaliza la memoria de una gesta heroica, que se forjó precisamente aquí, entre estos edificios y en este patio.
Este monolito no es sólo un conjunto de láminas de granito y una plancha de cobre; es un monumento a la valentía indomable y al fervor patriótico de la juventud panameña.
Conmemora a los estudiantes de nuestro Instituto que, a partir de aquel 9 de enero de 1964, convirtieron este patio en un taller de dignidad. Nosotros, los egresados de estas mismas aulas, por nuestra propia iniciativa, le dedicamos este humilde monumento a quienes descubrieron su pecho por la dignidad de la patria.
Aquí se imprimieron las pancartas que no gritaban odio, sino un justo reclamo: el de la soberanía.
Aquí resonaron las consignas que exigían el cumplimiento de un acuerdo y, más profundamente, la afirmación de que, en Panamá, una sola bandera, la panameña, merecía ondear sin condiciones en todo el territorio nacional, especialmente junto a la norteamericana en la entonces llamada Zona del Canal.
Zona del Canal que limitaba no solo a nosotros, los estudiantes, que por nuestras ventanas sentíamos el peso de la colonización norteamericana.
La historia es clara: nuestros jóvenes, armados solo con una bandera y su ideal de patria, marcharon para hacer cumplir un compromiso, encontrando como respuesta la violencia desmedida. El costo de ese día fue inmensurable: la pérdida de 21 valiosos panameños y una numerosa cantidad de heridos. Ellos son nuestros Mártires, la semilla de la soberanía plena. El Sacrificio que Cambió el Destino Nacional.
Los sucesos de enero de 1964 no fueron un mero disturbio; fueron el punto de inflexión que redefinió el destino de Panamá. El coraje de los estudiantes y la indignación de todo un pueblo forzaron la histórica ruptura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.
Este acto de soberanía aceleró, de manera irreversible, el camino hacia la justicia histórica. Fue el detonante que condujo, años después, a la negociación y firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977.
Gracias a esa sangre derramada y a ese coraje inquebrantable, se eliminó la oprobiosa Zona del Canal.
Gracias a ese sacrificio, se aseguró la devolución total del Canal de Panamá a manos panameñas, logrando la ansiada soberanía sobre nuestro territorio.

Este monolito se debió desvelar el Día del Estudiante. Pero el destino ha querido que se realizara este acto hoy, con la frente en alto, pero con el luto en nuestros corazones porque fue precisamente ese Día del Estudiante cuando se produjo la tragedia de dos estudiantes ahogados, eran niñas, en un río. Un río sin la construcción de un puente, que, en un país, con los miles de millones que se reciben de las operaciones del Canal de Panamá, debió ser construido hace mucho tiempo. Tenemos que llamar la atención y meditar sobre como se gastan los dineros logrados con tanto sacrificio.
Hoy, al desvelar este monolito, no solo miramos al pasado; miramos al futuro.
Jóvenes institutores y profesores, este monumento es un mandato moral. Mírenlo y recuerden:
Nunca olvidar el sacrificio de los mártires del 9 de enero. La soberanía que hoy disfrutamos fue lograda con la vida de jóvenes como ustedes. Honren su memoria con su excelencia académica, su civismo y su compromiso con la verdad y la patria.
Mantengan viva la llama de la dignidad: El espíritu del 9 de Enero no se extingue con la soberanía territorial; se proyecta en la lucha diaria por una nación más justa, transparente y equitativa.
El Instituto Nacional es más que un colegio: Es el crisol de la conciencia nacional. La historia de Panamá está tejida con los hilos de la valentía de los aguiluchos.
Que este monolito sea un faro que guíe nuestros pasos, recordándonos que la defensa de la patria y de sus más altos ideales es una tarea que no tiene fin.
¡Honor y Gloria a los Mártires del 9 de Enero! ¡Viva el Instituto Nacional! ¡Viva Panamá soberana!




