El petróleo y la hipocresía estadounidense

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El control de las reservas de petróleo crudo complicó el panorama político internacional.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

La invasión de la Federación Rusa a la República de Ucrania, iniciada hace quince días, pero planificada 20 años atrás, luego del deshueso de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) es un hecho que se inscribe dentro de las políticas imperialistas del nuevo reparto del mundo.

En efecto, herido el orgullo nacional y dominadas —las desmembradas Repúblicas— por oligarquías mafiosas que dieron origen a regímenes políticamente autoritarios y socialmente de pobreza de sus respectivos pueblos y que en algunos casos constituyeron un desastre humanitario mayúsculo e ignorado por el resto de países europeos y por los Estados Unidos, explica un poco las causas profundas que dieron ocasión a que la guerra y la globalización mediática dirigieran los ojos del mundo hacia los sufridos y olvidados “rus”.

Por supuesto, que ni a la Unión Europea (UE), ni a los Estados Unidos de América (USA) —a excepción del reclutamiento para la Organización Militar del Atlántico Norte (OTAN)— le importó un “comino” con la suerte de millones de seres humanos de esas naciones. Pero también la conflagración ruso-ucraniana, ha puesto de manifiesto la gran hipocresía del gobierno de Joseph Robinette Biden Sr., quien utiliza al payaso de Kiev para obtener réditos en la política interna norteamericana. Por lo pronto, ha logrado que el bipartidismo político imperial se una para continuar atizando el horror de la guerra (ayuda de 3.500 millones de dólares) donde las potencias imperialistas ponen el dinero y los insumos bélicos y los ucranianos —abandonados militarmente a su propia “suerte”— las penurias, los refugiados y los muertos.

Otro ejemplo que refleja el cínico pragmatismo de la política imperialista de los Estados Unidos y que resume la histórica frase de John Foster Dulles, secretario de Estado del gobierno de Dwight Eisenhower: “EEUU no tiene amigos, sólo intereses” en el mundo, es el envío de una delegación de funcionarios de alto nivel, el pasado fin de semana a Caracas, Venezuela, para reunirse con el hasta ese momento sancionado “dictador” Nicolás Maduro, para abordar “varios temas incluyendo energía y seguridad energética, según la portavoz Jen Psaki”. Queda claro, pues, que la reunión se dio en medio de la invasión rusa a Ucrania y pocos días antes de anunciar las sanciones que prohíben las importaciones de petróleo, gas natural y carbón de Rusia.

El encuentro de representantes venezolanos y estadounidenses ese fin de semana en Caracas, es el primero desde que Washington rompiera relaciones diplomáticas con Caracas, en 2019, tras la imposición de sanciones y acusar a Maduro de fraude electoral.

Hasta la semana pasada, el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, era la aparente encarnación del mal. Según Washington, era un régimen dictatorial. En 2019, ante la imposibilidad de derribar al gobierno venezolano, fue creado el “cartel” de Lima, en el que un grupo de mandatarios de América Latina, incluyendo al de Panamá, en su rol de “mayordomo” del imperio, rechazó el nuevo mandato del presidente Maduro en Venezuela, originado en las lecciones populares del 2018. En su lugar, ese grupo reconoció como “presidente” a Juan Guaidó, títere político corrupto de Estados Unidos y la Unión Europea.

Respecto a la mayordomía ejercitada por el “coloso del norte”, sobre los gobiernos cipayos de “nuestra América”, se ha expresado enérgicamente el presidente mexicano en los siguientes términos: “Es ya inaceptable la política de los últimos dos siglos caracterizada por invasiones, para poner o quitar gobernantes al antojo de la superpotencia. Digamos adiós a las imposiciones, sanciones y los bloqueos”. (BBC news).

Sin duda, esa es una jugada tramposa del imperialismo norteamericano para contar estratégicamente y en el mediano plazo con el petróleo de la tierra de Bolívar. Ese acercamiento de Washington represents una clara legitimación política del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. Pero, también, son muchos los gobernantes latinoamericanos que han quedado, como decimos en Panamá, “guindados de la brocha”.

¡Así de sencilla es la cosa!

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