El legado soberano de la gesta del 9 de enero

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Institutores entregan al presidente Chiari la bandera que los "zonians" rompieron el 9 de enero

Por David Carrasco
Director de Bayano digital

La gesta patriótica de enero de 1964 derrumbó el mito del llamado «Good Neighbor» (buen vecino), eufemismo con el que los llamados «zonians» (residentes en la antigua Zona del Canal, bajo control de Estados Unidos), se referían a los «sumisos habitantes» en las ciudades de Panamá y Colón.

La foto de Gastelú

Las impactantes imágenes históricas capturadas por las cámaras del desaparecido fotógrafo Emilio Gastelú y de otros reporteros gráficos que registraron los sucesos de 1964, mostraron el rechazo popular al colonialismo, así como los deseos de soberanía plena de la juventud estudiosa que desafío al ejército más poderoso del mundo.

Aquella causa nacionalista colocó en primer plano la contradicción principal de la sociedad panameña, de alcanzar la soberanía o vivir bajo la dependencia colonial. Asimismo, replanteó la importancia de completar el proceso de formación de la república, interrumpido por la separación mediatizada de Panamá de Colombia, en 1903, y la imposición del tratado Hay-Bunau Varilla.

Plantar banderas donde regían las leyes del estado de Luisiana

Sometido a intenso fuego hostil, el pueblo enardecido cruzó las alambradas que separaban a la metrópoli de la Zona del Canal para plantar en ese enclave la bandera tricolor. En el territorio conculcado, de 1.432 kilómetros cuadrados, regían entonces las leyes del estado de Luisiana y jueces extranjeros eran los responsables de aplicarla con rigor.

Sacaron los tanques para contener la ola humana

Durante tres días consecutivos (9, 10 y 11 de enero), un pueblo inerme con la conciencia sacudida por un ataque brutal y desproporcionado, desafió los disparos de fusiles Garand, las ametralladoras calibre 50 y los tanques de guerra movilizados por órdenes del alto mando militar estadounidense para contener la ola humana y cortar la comunicación terrestre entre la metrópoli y las ciudades del interior.

Los marines fueron sacados a golpes de los bares

En los barrios populares, los automóviles con placa (matrículas) de la Zona del Canal fueron incendiados y los «marines» que estaban en los bares alejados del centro de la confrontación fueron sacados a golpes por una multitud iracunda que exigía el desagravio inmediato.

Por su intensión de salir a pelear, el oficial Ricardo Garibaldo retenido en el Cuartel Central 

Hoy, muchos han olvidado las imágenes transmitidas por la naciente Televisora Nacional (Canal 2), en las que policías panameños respondían con sus armas de reglamento la agresión estadounidense. Uno de los camarógrafos, Eduardo Martínez, fue herido por el disparo de un francotirador. Sin embargo, el lente de la pesada filmadora Bolex le salvó la vida al desviar la trayectoria del proyectil.

En el Cuartel Central de la Policía Nacional, en el populoso barrio de El Chorrillo, varios oficiales, entre ellos Ricardo Garibaldo, fueron retenidos por su intención de salir a combatir a las fuerzas extranjeras. Pesé a ello, diversos uniformados panameños pelearon inspirados en el mártir juvenil Ascanio Arosemena.

Amenazaron bombardear el Cuartel Central y las ciudades.

El comandante de ese cuerpo armado, Bolívar «Lilo» Vallarino, había sido advertido que el cuartel sería destruido y las ciudades bombardeadas, si la Policía se ponía del lado del pueblo.

Las radioemisoras que transmitían en vivo los acontecimientos, en los que podían escucharse las detonaciones de armas pesadas, ayudaron al pueblo a comprender la necesidad de jugarse su destino a través de una lucha soberana.

La FEP en Colón «Soberanía o Muerte»

De hecho, en la caribeña ciudad de Colón, a 80 kilómetros de la capital panameña, las tropas estadounidenses abatieron al sargento Celestino Villarreta, en medio de recios enfrentamientos, mientras que la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) avanzaba con banderas y se convertía en la más alta expresión de la consigna «Soberanía o Muerte», que quedaría plasmada en el ideario nacional.

Asesinaron a la niña Rosa María Landecho

Con pistolas y escopeta extraídas de la asaltada compañía de armas América, muchos jóvenes salieron a enfrentar a los agresores extranjeros, quienes realizaban disparos masivos e indiscriminados contra civiles en la capital panameña. Uno de los proyectiles de lo soldados estadounidenses que disparaban desde la colina del Hotel Tívoli hacia el Palacio Legislativo y el barrio pobre de Santa Cruz en Calidonia, mató a la niña Rosa Elena Landecho en su propio hogar.

En el mismo momento en el que decenas caían baleados en las calles y las ambulancias eran blanco de ráfagas del ejército invasor, cientos de voluntarios se presentaban al hospital Santo Tomás para donar su sangre a los heridos trasladados a ese nosocomio.

Milicias y movimientos de resistencia en el interior

No obstante, aquel aplastante despliegue bélico provocó alzamientos en otros puntos de este país. En el distrito de Barú, en la occidental provincia de Chiriqui, trabajadores bananeros armados con machetes y escopetas rodearon las lujosas casas de los ejecutivos de la compañía frutícola estadounidense para darles un escarmiento.

La Policía Nacional persuadió a los manifestantes y protegió la integridad de esos aterrorizados ejecutivos y sus familias, y permitió que abordasen un avión con destino a Costa Rica. En las ciudad de David y Santiago de Veraguas, fueron organizadas milicias y movimientos de resistencia.

En la provincia de Coclé, sectores populares marcharon hasta la base de Río Hato, en poder de Estados Unidos, para realizar una toma simbólica de esa instalación militar. Años más tarde, en 1970, esa base sería recuperada por el general Torrijos, en el inicio de un proceso de descolonización que cambiaría el rumbo de la historia de Panamá.

Incluso, en la lejana comarca de San Blas (actual Guna Yala), hubo manifestaciones patrióticas en defensa de la dignidad nacional para recuperar el territorio segregado que equivalía a una quinta frontera.

La OEA no condenó a Estados Unidos

La gravedad de los hechos obligó al presidente panameño Roberto Chiari a romper las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y acudir a denunciar la agresión armada en la Organización de Estados Americanos (OEA). Los integrantes de una misión de ese organismo hemisférico arribaron a este país y observaron los enormes orificios de bala en las paredes del Palacio Legislativo envueltos en pintura roja, y luego redactaron un tenue informe que no condenaba ni obligaba a Estados Unidos a indemnizar y resarcir los daños causados a Panamá.

Las «rabicoloradas»

Durante varias semanas, los estadounidenses refugiados en las bases no se atrevieron a pisar suelo panameño. Asimismo, en ese ambiente tenso, las damas de compañía que se atrevían a confraternizar con soldados acantonados en las bases en este país eran llamadas despectivamente «rabicoloradas» y se exponían al duro escarnio público.

El libro de Cívica de la profesora Diamantina

Sin embargo, no todo terminó allí. Los envalentonados «zonians» organizaron en la Zona del Canal una protesta para que el gobierno de Panamá retirase del proceso formativo el libro de texto de Cívica, de la profesora Diamantina Carrera de Calzadilla, al que consideraban una especie de manual «subversivo» capaz de generar conflictos binacionales.

Ante la nueva y descarada afrenta, los alumnos institutores volvieron a sonar la campana del plantel y convocaron marchas para impedir que el libro terminase en la hoguera de los grupos antinacionales. De hecho, el movimiento estudiantil y fuerzas afines obligaron a las indecisas autoridades educativas a incorporar el libro en la enseñanza curricular en todos los colegios. Ello demostró que el legado de los mártires de enero estaba vivo y que en una nueva etapa política había comenzado a favor del derecho de Panamá para el ejercicio de la soberanía plena y la búsqueda de la identidad nacional.

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