Por Alejandro Singh
Licenciado en Relaciones Internacionales
La crisis de Irán ha traído consecuencias desastrosas en términos de vidas humanas en ambos lados del conflicto; de igual forma, ha provocado el encarecimiento del petróleo y gas natural licuado en gran parte del mundo —debido al cierre del Estrecho de Ormuz—, pero también, y no menos importante, ha reforzado la puesta en duda de la supervivencia de la OTAN, conformada principalmente por países de Europa Occidental y, en décadas recientes, por naciones del centro y este de Europa; del AUKUS, compuesta por Australia, Reino Unido y Estados Unidos; y el QUAD (Estados Unidos, Japón, Australia e India).
Ante el reto de la crisis energética y la postura reticente de Irán por reabrir la vía en cuestión, el presidente Trump ha instruido, más que alentar a los miembros de la OTAN, para que fuercen la reapertura del Estrecho. Al parecer, según lo que está en desarrollo, se ha conformado una coalición de cuarenta países, liderada por Reino Unido y Francia, con esta función. No obstante, pese a ello, muy en el fondo, el actual gobierno estadounidense ha jugado a la carta de que la Alianza Atlántica causa más problemas de los que puede resolver. La teoría de la amenaza rusa es percibida como un chantaje para que Estados Unidos sea el paraguas nuclear de Occidente.
Examinándolo de la siguiente manera, los líderes de Francia, Alemania e Inglaterra han optado por modificar su doctrina militar, a tal grado de aumentar sus ojivas nucleares y crear lo que ellos llaman “disuasión independiente”. Generalmente, en el caso específico de Europa, considero que ese nuevo rearme militar, con alta capacidad nuclear entre sus socios, debe ir a la par con una política de distensión, similar a la evocada por Willy Brandt en la Guerra Fría: la denominada Ostpolitik.
Dicho de otra manera, si no se consigue un reconocimiento sobre la existencia del uno y del otro, esta disuasión podría generar un holocausto nuclear.
En lo que respecta a sus socios asiáticos, como lo son Japón y Corea del Sur, la administración estadounidense ha sido crítica con respecto a su comportamiento hasta el momento en que ha durado la guerra. Pero, realmente, antes del estallido de esta, siempre ha cuestionado el gigantesco desplazamiento de tropas estadounidenses en el territorio de esos países. Lo más probable es que, en un futuro próximo, Corea del Sur cuente con reales aspiraciones nucleares y Japón se deshaga del mandato constitucional que les prohíbe tener un ejército formal.
Cuando finalice la guerra en Oriente Medio, sin duda habrá cambios geopolíticos, incluso fuera de la región geográfica donde hasta ahora se ha mantenido el fuego de las armas. Es evidente que este conflicto ha vuelto a poner en la palestra internacional los niveles de animosidad entre Washington y sus aliados; por ello, la opción de sacar a Estados Unidos de la OTAN cobrará mayor fuerza, al igual que un cambio de postura hacia las alianzas de seguridad del este del Indo-Pacífico.




