A dos siglos del Congreso Anfictiónico

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El “Libertador de Naciones” no era ajeno a las particularidades propias de la “América Meridional”, como le llamó a la región de Hispanoamérica.

Por Anayansi Turner
Abogada y académica de la Universidad de Panamá

Bolívar no sólo resaltó a Panamá como eje integrador continental, sino como lugar óptimo para construir un canal interoceánico al servicio del orbe y de la región

Bolívar despierta cuando despierta el pueblo. Pablo Neruda, en su poema “Un Canto para Bolívar”, le atribuyó a Bolívar la siguiente frase: “Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.

Bolívar y la independencia de América Latina

Bolívar era un criollo noble nacido en la opulencia, pero renunció a sus riquezas y murió pobre en aras de la lucha independentista de las colonias americanas contra el dominio español.

Asimiló las derrotas y pudo extraer de ellas el arte de vencer. Fue su tierra natal (Venezuela) una de las primeras colonias españolas en proclamar su independencia (1810). No obstante, fracasaron los dos primeros intentos emancipadores. Bolívar propone el remedio al descalabro: lo “que puede ponernos en actitud de expulsar a los españoles y de fundar un gobierno libre -dice- es la unión”.

Los españoles habían puesto a los negros, indios y mestizos en contra de los criollos hacendados, quienes encabezaban el movimiento independentista. La falta de unidad de las provincias, el caudillismo, hacían estragos. Los fracasos llevan a Bolívar a tomar posturas más avanzadas: decide abolir la esclavitud (1816), promete distribuir tierras a los combatientes del ejército emancipador y adopta medidas en favor de los indios.

La unidad de todas las fuerzas patriotas, engrosadas ahora por los sectores más oprimidos, le permite liberar definitivamente a la Nueva Granada y Venezuela. Pronto aprendería que no bastaba sacudir el yugo español de dichas tierras: era necesario el levantamiento total de esta América, extender la guerra al Perú, apoyándose unos pueblos en otros, para enterrar definitivamente todo vestigio del colonialismo.

Bolívar fue el jefe supremo del ejército patriota y primera estratega de la Guerra de Independencia. Quince años le tomó culminarla. Célebres son las batallas de Junín y Ayacucho) y el Alto Perú (Bolivia). Más de un millón de vidas costaría la guerra por la liberación de España.

El Congreso Anfictiónico

El “Libertador de Naciones” no era ajeno a las particularidades propias de la “América Meridional”, como le llamó a la región de Hispanoamérica.

Se empapó de las ideas más democráticas de su época, bebió del saber de los enciclopedistas franceses y se autodeclaraba fiel discípulo de Rousseau, lo cual no fue óbice para que, como estadista, fuera partidario de la aplicación de esas ideas tomando en cuenta la realidad de nuestros pueblos.

Desde su célebre “Carta de Jamaica” (1815), Bolívar veía la necesidad de integrar y unificar a todas las naciones hispanoamericanas, en base al origen, lengua y costumbres comunes, para asegurar la liberación definitiva. Todos sus esfuerzos iban dirigidos a esa magna meta. Primero, creó la “Gran Colombia” (que comprendía los territorios de Nueva Granada, Venezuela y Ecuador).

Luego, puso empeños denodados en el establecimiento de una Liga Americana que pudiera hacer frente con éxito tanto a los intereses r de la Santa Alianza como de los Estados Unidos. Es en base a esta aspiración máxima que convoca al Congreso de Panamá en diciembre de 1824, el cual se pudo celebrar sino hasta junio de 1826, con representantes de los gobiernos de la Gran Colombia, Perú, México y Centroamérica. Al respecto, señaló el Libertador:

“Esta Conferencia no debe formarse simplemente sobre los principios de una alianza ordinaria para defensa y ofensa. Es necesario que la nuestra sea una sociedad de naciones hermanas, separadas por ahora en el ejercicio de su soberanía por el curso de los acontecimientos humanos, pero unidas, fuertes y poderosas, para sostener contra las agresiones del poder extranjero”.

Justificó a Panamá como la sede de este Congreso señalando: “Parece que si el mundo hubiera de elegir su capital el Istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino”. El gran visionario que fue Bolívar, además, tuvo conciencia de la tendencia expansionista de Norteamérica y alertó sobre el peligro que significaba para las jóvenes repúblicas.

Más tarde, en 1825, en carta dirigida al General Francisco de P. Santander, haciendo referencia al proyectado Congreso de Panamá, le advierte:

“No se olvide usted jamás de las tres advertencias políticas que me he atrevido a hacerle… (una de ellas) no nos conviene admitir en la liga a los Estados Unidos de América…”

Cuatro Tratados fueron aprobados en el Congreso Anfictiónico. Sus objetivos más importantes fueron lograr una gran confederación de naciones latinoamericanas que asegurara su independencia política e integridad territorial, por un lado; y, por el otro, constituir un ejército federal con 60,000 hombres.

La ratificación de los tratados y su intercambio en Tacubaya, México, no prosperó, pero el ideal de unidad y solidaridad latinoamericana se ha mantenido vigente a lo largo de 200 años.

Bolívar no sólo resaltó a Panamá como eje integrador continental, sino como lugar óptimo para construir un canal interoceánico al servicio del orbe y de la región. Para tales efectos nombró a ingenieros comisionados para que hicieran los estudios de un posible canal por Panamá, como una empresa de interés universal, pero bajo la soberanía de la Gran Colombia.

¿Panamericanismo o latinoamericanismo?

El pensamiento y obra del “Libertador de América” ha sido objeto de las más diversas tergiversaciones. La más frecuente entre los círculos oficiales es aquella que ve en el bolivarismo los orígenes de la doctrina “panamericana”. Nada más alejado de la realidad.

La Unión Panamericana, antecedente inmediato de la OEA, surgió de la Primera Conferencia Panamericana de Washington, en 1890, a iniciativa del Secretario de Estado norteamericano, James G. Blaine. Su nacimiento coincidió con la penetración imperialista de Estados Unidos en nuestros países de Latinoamérica, bajo la forma de monopolios.

Acorde a la consigna “monroísta” de “América para los norteamericanos”, el panamericanismo, mucho más afianzado con la creación de la OEA, en 1948, no ha servido más que para legitimar el saqueo de nuestras economías dependientes por parte de Estados Unidos y el predominio de su hegemonía política, todo escondido bajo el manto de una pretendida “integración continental”.

En sus numerosos escritos, Bolívar se manifiesta opuesto a la participación de EU en una Confederación de Naciones de la región y hace constantes llamados de alerta sobre aquella “poderosísima nación, muy belicosa y capaz de todo”. Ante la disyuntiva real de panamericanismo o latinoamericanismo, no hay duda. Cada vez se hace más apremiante la tarea de estrechar lazos fraternales entre los países de la región, con un pasado histórico común y similar problemática, nutridos en el ideario bolivariano.

La obra inconclusa de Bolívar

Bolívar forjó con su espada la primera independencia de Hispanoamérica, rompiendo las cadenas que nos mantenían subyugados al poderío español. Pero comprendió rápidamente que había que construir una confederación de naciones para consolidar la independencia política, frente a las amenazas de las grandes potencias y sus intenciones expansionistas y de saqueo de nuestras riquezas, que se han mantenido hasta la actualidad; sobre todo, hoy, cuando el actual presidente norteamericano, que revivió la doctrina Monroe con el actual corolario Trump, descaradamente justifica el intervencionismo militar en nuestros países, el secuestro de mandatarios, el apoderamiento de nuestros recursos naturales, incluyendo el Canal de Panamá.

Los “hijos de la espada” de Bolívar, como dijera Martí, debemos hacer una realidad la unidad e integración latinoamericanas, fuera de los designios de Washington, apoyándonos unas naciones con otras, para la defensa de nuestra soberanía, autodeterminación política y económica; defender la convivencia pacífica de las naciones tal como está plasmada en el derecho internacional público y caminar hacia el multilateralismo basado en la cooperación e igualdad soberana de las naciones. Sólo así veremos a Bolívar despertar, a dos siglos del Congreso Anfictiónico.

(Artículo tomado de la Página de Pensamiento Social de La Estrella de Panamá).

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