Congreso Estudiantil Bolivariano de 1926: legado y soberanía

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La foto fue tomada del Panaña Nocturno de 1926.

Por Vilma Chiriboga
Profesora de la Universidad de Panamá

El Congreso Estudiantil Bolivariano de 1926 fue una iniciativa promovida por la Federación de Estudiantes de Panamá y presentada al gobierno nacional durante la administración del presidente de la República, Dr. Rodolfo Chiari, del partido Liberal.

Más que participar en las celebraciones del centenario del Congreso Anfictiónico de 1826, la propuesta buscaba convertir aquella conmemoración en un espacio de deliberación sobre los grandes desafíos políticos, sociales, educativos e internacionales de la época, reivindicando a la juventud como sujeto político e intelectual.

La conmemoración del Centenario del Congreso Anfictiónico, en 1926, ocurre en un escenario nacional caracterizado por el surgimiento y fortalecimiento de organizaciones cívicas, estudiantiles, obreras y magisteriales las cuales ejercieron un papel protagónico en medio de fuertes tensiones sociales, políticas y económicas. Estas tensiones estuvieron vinculadas, entre otros factores, al Movimiento Inquilinario de 1925 y las negociaciones del Tratado Alfaro Kellogg.

En el ámbito internacional, Estados Unidos se consolida como potencia hemisférica tras la Guerra Hispanoamericana de 1898. A partir del siglo XX, su política exterior se orientó cada vez más hacia el control estratégico del continente americano. Este proceso, acompañado por el progresivo distanciamiento hacia la política aislacionista, fueron desplazando los proyectos de integración latinoamericana inspirados en los ideales del libertador Simón Bolívar.

En un artículo titulado «Un Congreso que no llegó a realizarse», publicado en el Boletín de la Sociedad Bolivariana de Panamá en 1956, se reproduce parte esencial del ideario de la Federación de Estudiantes de Panamá, según el cual «la juventud, representaba el único actor capaz de darle relieve propio a la ideología de Hispano América, de señalar sus aspiraciones lejos del tutelaje mental y espiritual de intereses extraños». Desde esta perspectiva, la organización estudiantil afirmaba que la juventud era la principal responsable de la obra prometeica de hacer efectiva la comunión de la raza y materializar el ideal de unidad continental. En consonancia con esta visión, Baltazar Isaza escribió en la Revista El Mundo que la juventud del continente estaba destinada a convertirse en árbitro del porvenir, orientando la dirección hacia el ideal integracionista del pensamiento bolivariano.

De acuerdo al citado artículo, la Federación de Estudiantes de Panamá sostenía que existían tres clases de problemas esenciales los cuales requerirán la atención: los sociales, los internacionales y los educacionales-estudiantiles. Aunque reconocían la importancia de los tres, esta organización estudiantil visualizó de vital importancia el tema relacionado con la educación al considerarla el fundamento de cualquier proceso de transformación política y social. En este sentido, decían que «no puede considerarse definitiva, la ruptura con el pasado mientras no se sustituyan los caducos métodos educativos que hoy privan a la sociedad de avanzar. La nueva ideología debe penetrar antes de todo en las aulas donde se mueven vivamente los hombres del porvenir»

Expresaron, asimismo, la necesidad de encaminar los mayores esfuerzos hacia la construcción de la Universidad del porvenir, concebida como el centro y motor, alfa y omega de todas las actividades sociales. Este planteamiento adquiría una especial significación en un momento en que Panamá aún no contaba con una institución universitaria propia, aunque diversos sectores intelectuales estaban impulsando la creación de una Universidad Bolivariana, concebida no solo como un proyecto educativo, sino también como un instrumento para fortalecer la integración intelectual latinoamericana.

La gestión encaminada a concretar el Congreso no logró los resultados esperados. Al respecto, el periódico uruguayo La Crítica en una publicación de 1926, informó que «como es lógico suponer, el gobierno no ha autorizado la organización del Congreso Estudiantil». En su lugar, decía la noticia «el gobierno de Panamá, no tuvo inconveniente en dispersar y anular esas fuerzas estudiantiles, valiéndose de procedimientos violentos, a consecuencia de lo cual, hay una cantidad de estudiantes apresados y perseguidos tenazmente por las policías y las organizaciones adictas al gobierno». Además, añadió: «el Congreso a que nos referimos se desarrollará en pleno estado de sitio, con las cárceles panameñas llenas de obreros y estudiantes y bajo el contralor del imperialismo yanqui».

Hoy, en el contexto del bicentenario del Congreso Anfictiónico, el escenario global continúa marcado por intensas disputas hegemónicas en torno a la deslegitimación de movimientos sociales y estudiantiles, el control de la soberanía de los territorios, la competencia por la supremacía científica y tecnológica, y la reconfiguración del orden mundial. En el ámbito nacional, Panamá, enfrenta, múltiples desafíos igualmente significativos; pero lo más preocupante es que importantes sectores conectados directamente con la toma de decisiones públicas continúan subestimando el papel de la educación, la ciencia, la tecnología y la investigación como fundamentos de la soberanía y el desarrollo nacional. A doscientos años del Congreso Anfictiónico, esta realidad pone de manifiesto que la integración y el desarrollo de América Latina siguen dependiendo de la capacidad de convertir el conocimiento en una política pública estratégica y no un compromiso meramente retórico

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