Varita de innovación funciona mejor que garrote proteccionista

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Presidente chino, Xi Jinping, propone innovación y economía abierta para impulsar crecimiento mundial.

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BEIJING, ene (Xinhua) – Justo cuando líderes políticos y empresariales de todo el mundo concurren en Davos, Suiza, para explorar las formas de abordar los retos globales, el libre comercio recibió un golpe.

En un abierto acto de proteccionismo, Estados Unidos impuso a principios de esta semana aranceles excesivos a las importaciones de lavadoras, así como de celdas y módulos solares, recurriendo por primera vez desde el 2001 a la llamada Sección 201, un obsoleto instrumento de la Ley de Comercio de 1974.

Ese es sólo el más reciente de una serie de casos en que Washington blandió el garrote proteccionista. En las últimas semanas, el gobierno de Estados Unidos bloqueó la adquisición por parte de una afiliada de Alibaba Group, de una compañía estadounidense de pagos, y forzó a la compañía de telecomunicaciones AT&T a abandonar un plan para ofrecer a sus clientes teléfonos móviles Huawei.

Esas acciones tienen el sello de la política egocéntrica de “Estados Unidos primero” del presidente estadounidense Donald Trump. Pero si pretendían proteger los intereses de Estados Unidos, eso no funcionará, de igual forma que los analgésicos no curan la enfermedad.

Al interior, los elevados aranceles a los productos solares, como lo han señalado analistas de la industria y expertos de Estados Unidos, “afectarán fuertemente a los trabajadores y consumidores estadounidenses” y dejarán “insatisfechos a casi todos”.

La Asociación de Industrias de Energía Solar de Estados Unidos ha pronosticado que el alza podría reducir las instalaciones solares este año en cerca de 20 por ciento y provocar la pérdida de 23.000 empleos en Estados Unidos.

Además, podría “provocar un tsunami de nuevas solicitudes de barreras comerciales bajo esta ley de la Sección 201” y dar como resultado un aumento en los precios al consumidor y la reducción de compras, imponiendo entonces altos costos a la economía de Estados Unidos, declaró Chad Bown, un experto en comercio del Instituto Peterson de Economía Internacional con sede en Washington.

A nivel mundial, los países afectados por el garrote proteccionista de Washington podrían tomar represalias, lo que provocaría una reacción en cadena cuyas consecuencias son difíciles de predecir. Algunos dicen que ya han escuchado el primer disparo de una guerra comercial. Por desgracia, en una guerra de ese tipo nadie sale ganando.

Pero, sobre todo, si la situación se sale de control, más países se convertirán en víctimas. Diez años después de la crisis financiera internacional de 2008, finalmente las principales economías están en modo de crecimiento. Pero la recuperación aún incipiente está lejos de convertirse en un crecimiento sostenible, y por ello es vulnerable a los disturbios.

Para hallar la cura real, Washington necesita localizar el objetivo. Entre los males socioeconómicos estadounidenses, en particular la pérdida de empleos, la competencia internacional sí tiene un papel, pero no tanto como la inevitable optimización industrial gracias a los avances tecnológicos imparables.

Por ello, recurrir a barreras comerciales significa que no se ha entendido la cuestión. En las olas de la Cuarta Revolución Industrial, el tratamiento adecuado es remontar las olas y perseguir la innovación.

Tal como el presidente de China, Xi Jinping, enfatizó en un discurso histórico en Davos hace un año, los países deben aprovechar las oportunidades presentadas por la nueva ronda de revolución industrial, desarrollar nuevos modelos de crecimiento y cultivar nuevas industrias y nuevos modelos de negocios para crear nuevos empleos y restablecer la confianza y esperanza del público.

Eso no debe ser mucho pedir para Washington. Como el país más desarrollado, la mayor economía y la única superpotencia del mundo, Estados Unidos tiene una fuerza laboral altamente competitiva y una ventaja clara en la búsqueda global de innovación.

Ante eso, para acabar con las molestias, es mejor que Washington se deshaga de su garrote proteccionista y recoja la varita de la innovación.

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