Una pregunta crucial… ¿Qué hacer con el extractivismo?

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Ejemplo de extractivismo.

Por Eduardo Marín (especial para Bayano digital)

Aunque es un problema-mundo en Nuestra América, la cuestión del extractivismo resulta crucial pues tiene que ver tanto con el presente-futuro de nuestros territorios de vida como con la sostenibilidad de los gobiernos-estados que en la región se encuentran enfrascados en la Segunda Independencia y se debaten en un océano de contradicciones (externas e internas) para hacer frente al “neo-liberalismo”.

La lista de los países-regionales involucrados es significativa y en-gama-de-diversidades incluye a Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador pues Brasil y Argentina ya salieron del juego a que nos referimos mientras de Cuba se hace mención especial al vivir y superar esos desafíos desde 1959.

También debe ubicarse a otros-segmentos-regionales que dependen en sus cambios, por ejemplo de la suerte de PetroCaribe y otros mecanismos que los atan al mismo fenómeno extractivista (petróleo-gas).

Ese extractivismo está indisolublemente ligado al capitalismo-colonial y por ello hace parte de nuestra historia de más de 500 años, cuando en medio de una crisis-mundo Europa nos “descubre” y se apropia de nuestra naturaleza (“recursos”bprimarios o sea nuestros-territorios-Pachamama y de los bienes-de-vida que la conforman) y de nosotros-y-nuestro-trabajo (todas/todos usados como un pretendido ‘recurso/o/capital humano’)

Nuestros territorios-bienes (oro-plata y otros minerales y productos) y nuestro-trabajo forman nuestra ‘materialidad’ a la que el capital-colonial (en su desarrollo) aporta algo abstracto-llamado-valor del que se desprenden otras abstracciones tales como el dinero-ganancias-utilidades, etc.

La apropiación por despojo siempre fue violenta (conquista-colonia-república en los episodios históricos) y siempre lo será tal como hoy lo escuchamos/vemos por la radio/Tv y por las llamadas redes sociales (que no siempre tienen objetivos sociales). Todos esos medios cumplen el objetivo de mostrar la no “verdad” colonial y hacer invisibles nuestras realidades para (los poderosos) mantener sus privilegios y generar lo que se llama sentido-común (o imaginarios colectivos).

Un agravante para toda esta situación se refiere a que el famoso capital sólo crece con la explotación-extractiva en economías colonizadas y dependientes o sea el “resto del mundo” (excepto los poderes-o-países colonizadores) inmerso y atado a la dependencia del capital transnacional.

El otro agravante ‒también crucial‒ según plantea el experto Horacio Machado Aráoz [1], se refiere a que en Nuestra América los países-progresistas también se apoyan en el extractivismo y explican sus políticas-extractivistas bajo la necesidad de crecer y crecer con inclusión social. El autor expresa su preocupación por el hecho de que ese extractivismo progresista también atenta contra los territorios Vida-Agua-naturaleza y contra todas/os nosotras/os que los habitamos, organizamos y trabajamos en ellos (nos ordenamos-en-diversos-ordenamientos).

Anota textualmente el experto que… “Pese a todas las advertencias en contrario, la obsesión por el crecimiento, por la expansión del consumo, el ‘ascenso de las clases medias’ como vía de ‘superación de la pobreza’, terminó provocando una gravosa amnesia política sobre qué es lo que crece y sobre los efectos eco-bio-políticos de ese crecimiento”.

El autor integra ‒junto a muchos‒ una corriente crítica del llamado “desarrollismo progresista” ya que sostiene desde sus orígenes el capital-en-su-desarrollo genera por el extractivismo una fagocitosis de energías vitales mediante hechos-eco-bio-políticos que generan daños-eco-bio-sociales y al arrasar con nuestro pequeño-azul planeta-tierra se apropia-de-su-vitalidad y también se apropia (violentamente) de la humanidad, de lo humano…

Pues, al apropiase de nuestro trabajo y organizaciones… no sólo nos empobrece, sino que nos esclaviza) con lo que redondea una situación de economía de muerte o necro-economía (que le es propia y sin la cual el capital no tendría razón de ser).

En su análisis, enfatiza que “ineludiblemente, lo que crece con el crecimiento (del PBI, de las inversiones, de los empleos, y aún de los salarios y el consumo popular) es el capitalismo. El crecimiento no nos saca ni nos aleja de éste; sino que nos hunde cada vez más en sus fauces necro-económicas. Nuestro crecimiento, el de nuestras economías latinoamericanas, es el crecimiento específicamente del capitalismo periférico-colonial-dependiente”.

“Por tanto, es la profundización de las condiciones histórico-estructurales de súper-explotación (Marini, 1973); de depredación de la Tierra y de los Cuerpos como materia prima para la realización de la acumulación global. Nuestro crecimiento no nos alejó del capitalismo, sino que fue funcional a su reactivación e intensificación”, subraya el experto para luego poner en evidencia otro aspecto crucial a nivel mundo:

No sólo en términos macro-geopolíticos, ya que el boom de los commodities alimentó el crecimiento industrial chino, como locomotora del mundo; sino también en términos micro-bio-políticos, pues la expansión del consumo opera como una gran fábrica de producción capitalista de subjetividades, de sensibilidades y sociabilidades hechas cuerpos, donde las formas de percepción de la realidad, los modos de estructuración de las relaciones sociales y hasta los modos de pensar la propia vida, los sueños, los deseos y el sentido de la existencia, están completamente mediados y colonizados por la lógica fetichista de la mercancía.

A renglón seguido, advierte que “La expansión de la fiebre consumista, lo sabemos, provoca estragos en las energías revolucionarias. Cuando la forma mercancía se convierte en portadora de la felicidad; cuando el acceso a éstas es tomado como indicador de “bienestar social”; cuando el universo de los ideales políticos, las máximas aspiraciones libertarias, igualitarias y de justicia, se reducen drásticamente a la aspiración minimalista de ‘participar’ en el consumo de mercado, es cuando ya hemos perdido completamente el rumbo y hasta el sentido de la vida”. […]

Reconocerla como tal y adecuar a ella nuestros modos de vida, nuestras instituciones, nuestras subjetividades, es decir, nuestros cuerpos y nuestros sueños, nuestras formas de concebir, percibir, pensar, sentir y vivir nuestro lugar en el mundo, es quizás, el mayor desafío pedagógico-político que afrontamos como especie, en un momento donde el camino de la emancipación se ha tornado, ni más ni menos, que el camino por la sobrevivencia; la sobrevivencia, al menos, de la humanidad de lo humano.

Si las fuerzas de izquierda no asumen como propio este desafío, ¿entonces quiénes?… expresa finalmente Machado Aráoz.

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