La patria reclama patriotas

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Los textos universales definen a la patria (del latín patrĭa, familia o clan, tierra paterna), como la tierra natal o adoptiva, a la que los individuos se sienten ligados por vínculos afectivos, culturales, históricos o el lugar donde se nace. En Panamá, quienes aman o defienden ese concepto están vinculados hoy por un sentimiento soberano que los identifica, pero luchan contracorriente.

En los últimos años, esa definición tropieza con una realidad en la que valores patrióticos han sido sustituidos por una corriente entreguista y desnacionalizadora dirigida por el capital financiero. La manifestación de patriotismo se ha reducido, en muchos casos, a gente ataviada con el atuendo montuno o las bandas musicales, dianas y los desfiles oficiales en noviembre de cada año.

Sin embargo, los valores auténticos de la patria están enraizados en la larga lista de mártires caídos en defensa del patrimonio canalero y del territorio conculcado por fuerzas extranjeras, y en la preciosa herencia de generaciones que enarbolaron la bandera tricolor para exigir soberanía total en suelo panameño. La patria es, además, solidaridad y búsqueda de Justicia y Equidad.

¡Qué en noviembre perdure la grandeza de los defensores de la patria herida y no mueran los sueños de libertad y el legado de los valientes que jamás se rindieron en el diseño de un Estado nacional democrático! Si hay un homenaje pendiente en la agenda popular, debe estar reservado para todos los héroes y heroínas que sacrificaron sus vidas por la Educación, la Cultura y la Paz.

Panamá es el suelo de quienes están dispuestos a seguir luchando contra los planes intervencionistas y la sumisión a los poderes fácticos. Es el camino para detener la corrupción rampante y no claudicar en el combate contra funcionarios venales y artífices del saqueo a las arcas públicas, cuyos actos ilícitos envenenan la mente de los jóvenes para despojarlos de un futuro digno.

Los nuevos desafíos económicos y políticos exigen la presencia de más patriotas decididos a derribar el modelo continental de exclusión y perversión. Nada puede justificar que comunidades originarias y afrodescendientes sean marginadas por la pobreza y el crimen organizado. La bandera tricolor panameña –emblema de resistencia– debe ser enarbolada para vencer a la antipatria.

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