La ciencia contra el zika

Marco A. Gandásegui, hijo, Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

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Los medios de comunicación del establishment –incluidos los de Panamá– se encuentran en una guerra de desinformación y tergiversación. La opinión pública consume regularmente medias verdades e, incluso, mentiras: Las guerras calientes, las guerras de bajo perfil, las campañas políticas y también en materia de salud. Hace poco, se declaró una “alerta” en el campo de la salud pública, asociada con el virus zika, que es transmitido por el mosquito Aedes. Existe hace 60 años en África y el año pasado cruzó el Atlántico y se disemina por todo el continente americano.

Mientras que las noticias sobre las guerras calientes garantizan la venta creciente de armas a escala global, las informaciones en torno a las enfermedades (dengue, ébola, chikungunya, zika) promueven los negocios de las farmacéuticas. El zika ha sido vinculado a la microcefalía, creando un alto grado de preocupación –pánico– entre la población. Son informaciones que reúnen medias verdades o mentiras, para crear condiciones favorables para hacer grandes negocios y estimular las ganancias.

Es muy interesante observar cómo en Canadá hay investigadores haciendo negocios, trabajando en técnicas para interrumpir el ciclo de enfermedades como el zika, transmitido por el mosquito Aedes. La Universidad de Johns Hopkins informa que sus laboratorios hacen estudios sobre la relación entre la microcefalía y el virus zika. ¿Son estudios científicos o hay interés en obtener beneficios económicos extraordinarios? ¿Por qué no investigan la relación entre los casos de microcefalía y el uso de pesticidas y otros tóxicos en las enormes fincas agro-exportadoras donde se producen estos nacimientos?

En Panamá, no hay investigadores trabajando en estas áreas. Urge que se hagan estudios científicos para saber a qué atenernos. En Panamá, elegimos dirigentes nacionales y locales cada cinco años. Son responsables del diseño de las políticas nacionales. El pueblo panameño les proporciona recursos a estos “políticos” electos por un impresionante monto cercano a los 20.000 millones de dólares anuales. Cada panameño aporta en promedio 6.000 dólares al año al presupuesto nacional. Sin embargo, sólo el 0,2 por ciento (cerca de 40 millones de dólares) es dedicado a la investigación científica.

Panamá tiene los investigadores e, incluso, las instituciones para explorar a fondo la conducta del mosquito y su peligro para la población humana. Hay universidades, hay institutos, hay ministerios que –cada uno por su lado o en forma coordinada– pueden atacar el problema y acabar con la amenaza.

¿Por qué no están trabajando a tiempo completo para erradicar el peligro que representa el zika para la salud? La respuesta es sencilla: No es una prioridad. Los políticos que ocupan los puestos de elección popular (presidente y otros) que controlan el presupuesto nacional (20.000 millones de dólares) tienen otras prioridades. Por ejemplo, contemplan invertir 700 millones de dólares en una Ciudad de la Salud (ex-Hospitalaria), que no tiene objetivos ni metas. Es un negocio redondo para los políticos corruptos que hacen negocios con recursos del país. Hace poco, un laboratorio anglo-norteamericano vendió a políticos panameños un proyecto que contemplaba poblar el país con mosquitos con genes modificados. Mañana, quizás, compraremos “trampas” hechas en Canadá para combatir al mosquito. Soluciones a medias, que no resuelven el problema.

Hay que construir los laboratorios necesarios para que los investigadores panameños realicen su trabajo y desarrollen las técnicas más adecuadas para erradicar las enfermedades asociadas al mosquito Aedes. Panamá tiene los científicos en los campos más variados para abordar el problema. Hay que ponerlos a trabajar.

Podemos recurrir a las técnicas del antiguo SNEM, desmantelado irresponsablemente por el gobierno en 1997. Pero hay que innovar en áreas aún por conocerse. Para ello, se necesitan científicos –tanto naturales como sociales– que exploren el ambiente (relación entre naturaleza y sociedad) y propongan soluciones. ¿Cuántos dólares, cuántas instituciones, cuántos investigadores se necesitan?

En Brasil, están investigando si los mosquitos genéticamente modificados tienen que ver con la epidemia del virus zika. El laboratorio inglés que promovía estos experimentos fue comprado por una empresa norteamericana –Intrexon– que tiene una estructura especializada en hacer negocios.

“Es un enfoque experimental que no ha tenido éxito y puede causar más daño que bien”, advirtió en 2012 Helen Wallace, directora del Instituto GeneWatch, en declaraciones a “The Guardian”. Los medios de comunicación tienen que saber distinguir entre una noticia basada en investigaciones científicas, y las que promueven algunos laboratorios interesados en incrementar sus ganancias.

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