Neruda: ¿tras las huellas de un crimen? (última parte)

Por Rolando Gabrielli

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Pablo Neruda vive a través de su poesía y su gran legado patriótico y universal.

Parra en su tinta

Nicanor Parra merece un capítulo aparte. Él mismo diría, a confesión de partes, relevo de pruebas. Siempre se ha declarado su más grande admirador. Se podría escribir un libro sobre esta materia y nos quedaríamos cortos. Parece mentira que los ingeniosos escritores chilenos no lo hayan intentado. El discurso en la Universidad de Chile es francamente memorable. Su epígrafe poético lo dice casi todo, porque con Parra hay que estar preparado, el disco duro se empequeñece ante lo que ofrece el personaje:

Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo de mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado.

(Estamos ante un huaso chillanejo kafkiano, único en su especie, pedaleó por el mundo sin coger impulso. Debemos tomar en cuenta esta afirmación y características propias del personaje. Es sólo un paréntesis, pero tomémoslo en serio).

No es poco decir en el lenguaje parriano. El historial es grande en vida y muerte de Neruda. Diría, inmenso, oceánico. Las alusiones poéticas son numerosas en los libros de Parra. Definen su propia antipoesía. En entrevistas, Neruda es esa sombra que surge en cuerpo y alma. Un referente ineludible. ¿La obsesión del tamaño de Moby Dick?

Es una pieza el discurso; veamos la introducción, son palabras dichas hace más de medio siglo y el tema no se ha detenido hasta nuestros días:

Señoras y señores, yo no soy un nerudista improvisado. El tema Neruda me atrae vigorosamente desde que tengo uso de razón, no hay día que no piense una vez en él por lo menos. Lo leo con atención, sigo con asombro creciente su desplazamiento anual a lo largo del zodíaco, lo analizo y lo comparo consigo mismo, trato de aprender lo que puedo. También le he dedicado algunas cuartetas en momentos dramáticos de su vida consagrada por entero a la causa de la humanidad, he convivido con él durante años, en calidad de vecino de barrio, de discípulo, en calidad de visitante esporádico. Más aun, hemos intercambiado objetos prácticos y simbólicos: un Whitman contra un López Velarde, una cerámica de Quinchamalí contra un poncho araucano, un reloj de bolsillo contra un jardín de siemprevivas, mariposas, etc. Todo lo cual me da derecho, creo yo, para considerarme un nerudista fogueado.

Por eso es que no se puede hablar de Neruda en abstracto, porque él no es un poeta de salón ni un buda absorto en la contemplación del ombligo.

Mucho tiempo antes de este discurso, en 1948, Londres, Parra era becario en Oxford y preparaba su discurso (anti)poético teniendo como punta de mira la poesía nerudiana, así como el amargo sabor que le había dejado su despreciado libro Cancionero sin nombre. Estas observaciones están contenidas y recopiladas en su reciente libro Antiprosas (2015). Parra, de 101 años, va dejando su legado, huella diría, hasta el final de sus días. Hombre de manifiestos, declaraciones de principios, muy distinto a Neruda que nunca escribió manifiestos, más bien se manifestó. Bolaño, Huidobro, también fueron poetas de manifiestos.

Criticaba la poesía egocéntrica de sus antepasados y proponía la poesía de los hechos (¿hechos y no palabras?). Hace casi 68 años trabajaba en ese run run de la antipoesía, ya Neruda era comunista, Premio Nacional de Literatura, había escrito Residencia en la Tierra, España en el corazón, sus famosos Veinte poemas de amor, El habitante y su esperanza, entre otros libros, y dos años más tarde su Canto general.

La poesía tiene tantos caminos como poetas, épocas. Si hubiera un solo modo, palabra, forma de ver, sería muy aburrida. El lenguaje tiene que respirar de mil maneras como si fuera escrito en las cuatro estaciones. La poesía no es romántica, ni realista, ni lírica o prosaica, es la otra cara de la moneda del ser humano en cualquier idioma, lugar y circunstancia. Solo el poema piensa por el poeta. Sin duda, hay que leer, leer, escribir, escribir, porque no habrá nada nuevo bajo el sol de la poesía mientras no se escriba una palabra nueva.

Parra termina viviendo en Las Cruces, cerca de Huidobro y de Neruda, cavilando con Hamlet, conversando con Roberto Bolaño, su admirador incondicional e irreductible. Tres autores y amigos, Roberto Brodsky, Ignacio Echevarría y Felipe Tupper, escribieron recientemente un diálogo imaginario de ambos. El texto, entre otras cosas, en el fondo un homenaje a Parra desde la admiración de Bolaño por su obra, que corrobora música a los oídos del antipoeta: “Sobrevivirá la poesía de Vallejo, Borges y Cernuda”. Es una opinión de Bolaño. Hasta ahí Neruda no existía. Los autores aluden más adelante a un proyecto inconcluso de Parra, relatar “una historia de la Segunda Guerra Mundial contada o cantada batalla tras batalla, campo de concentración tras campo de concentración, exhaustivamente, un poema que de alguna forma se convertía en el reverso instantáneo del Canto general de Neruda”.

Un chileno podría preguntarse: ¿para qué ir tan lejos en la historia y la geografía, si Chile entero fue un campo de concentración en la época de Pinochet a partir del golpe de Estado de 1973? ¿En los próximos 50 años podría replicar las Residencias, las Odas elementales o los Veinte poemas de amor y un antipoeta desesperado? De Pisagua a Dawson, los extremos de la infamia.

Podríamos reunir un anecdotario mayor. La obsesión por Neruda creció después de muerto. Siendo un país de poetas, curiosamente, se transformó en un personaje de novela. Quizás resulte ser un fenómeno curioso este rol del poeta de convertirse en prosa. En tiempos en que la mano invisible del mercado suele acomodar personas y palabras, mercancías y objetos, la poesía resulta ser un capital aparentemente discutido y el poeta, que no tiene cómo defenderse, apuesta a su obra, a lo que mejor sabe hacer: escribir, aún después de muerto.

La historia y la ciencia, la dignidad humana, se disputan aún los restos de Neruda. Son un símbolo de un gobierno y un país violentado por el poder de una dictadura militar. Sus enemigos piden que lo dejen tranquilo, no vaya a ser que reviva y se ponga a reescribir la verdadera historia de su muerte. Los chilenos y el mundo, que buscan la verdad, exigen que las autoridades agilicen y hagan lo que tienen que hacer para que surja con toda transparencia la verdad sin más preámbulo. El gobierno carece de los recursos para enviar los restos a Europa a nuevos y esclarecedores peritajes de las pistas existentes. Las opiniones van y vienen. Las interrogantes se mecen como un elefante una telaraña.

El diputado sueco Torbjörn Björlund afirmó a una agencia noticiosa que “es muy importante aclarar la causa de la muerte del poeta chileno Pablo Neruda”, aunque admitió que en su opinión fue “sin dudas” asesinado. “Es muy relevante mantener la presión sobre el gobierno de Chile para que otorgue los recursos necesarios con miras a conocer la verdad sobre el final de la vida de Neruda”, advirtió el parlamentario escandinavo. Hace unos días visitó Chile y presentará el caso en Suecia.

Es este personaje que mantiene en suspenso a los forenses y cuyos estudios revelarán cuán peligrosa es la poesía para los militares y regímenes autoritarios. El mismo Neruda nos advierte cuando fue visitado en Isla Negra en su lecho de reposo por un capitán del Ejército de Chile, quien buscaba armas en su casa. Aquí lo único peligroso es la poesía, sentenció Neruda en aquella memorable ocasión, una frase con infinitas municiones. El país del poeta ya no existía.

Neruda viene volando

En medio de las expectativas que ofrece la ciencia a la verdad, el gobierno y el pueblo chilenos le rinden un homenaje atrasado bajo el título de un famoso verso nerudiano a su amigo de bohemia, el poeta Alberto Rojas Jiménez: “Neruda viene volando”. La idea del pasacalle que reflejara las importantes etapas de su vida surgió en el año de su centenario, 2004, y la falta de recursos postergó el proyecto del diseñador gráfico Jorge Soto Veragua. Esta vez se contó con el apoyo de comerciantes, empresas y la gente solidaria que acompañó el carnaval por amor al arte y a la poesía. Una figura monumental de veintidós metros de largo por cuatro metros de alto representó finalmente al poeta, cuyo primer recorrido se inició en la Estación Mapocho, donde se recordó la llegada del Winnipeg a Valparaíso. Otra parada fue en la ex sede del Partido Comunista, ubicado en Teatinos con Compañía, del cual fue miembro relevante. El pasacalle nerudiano reunió a más de 20 mil personas por las comunas de Recoleta, Independencia y Santiago, cerrando en la Plaza de la Constitución frente a La Moneda, palacio de gobierno.

La compañía La Patogallina musicalizó los poemas del Vate durante el recorrido, que contó con una comparsa de 600 voluntarios. Santiago cerró 2015 con una performance nerudiana, un Neruda presente en la memoria, vivo en las calles, renovado en los chilenos que no le conocieron y se reconocen en su poesía. En la viña de Parra, Neruda sigue cosechando sus propias uvas.

Este es un fragmento del texto que inspiró este viaje de voces y memoria por Santiago.

Alberto Rojas Jiménez viene volando

Entre plumas que asustan, entre noches,
entre magnolias, entre telegramas,
entre el viento del Sur y el Oeste marino,
…………….vienes volando.

Bajo las tumbas, bajo las cenizas,
…………….bajo los caracoles congelados,
bajo las últimas aguas terrestres,
…………….vienes volando.

Oigo tus alas y tu lento vuelo,
y el agua de los muertos me golpea
como palomas ciegas y mojadas:
…………….vienes volando.

Vienes volando, solo solitario,
solo entre muertos, para siempre solo,
vienes volando sin sombra y sin nombre,
sin azúcar, sin boca, sin rosales,
vienes volando.

(Pablo Neruda)

Estos, finalmente, son algunos versos del poema al poeta maldito, periodista, caricaturista excepcional, Rojas Jiménez (34 años), que inspiraron justamente el recorrido nerudiano por las calles santiaguinas, donde realizó una intensa bohemia en su juventud. Rojas Jiménez murió en Santiago de una pulmonía fulminante. Neruda, quien estaba en España, cuando se enteró de su repentina muerte, compró dos cirios de un metro cada uno y en una gran catedral de marineros en Barcelona se arrodilló frente al altar, mientras un amigo católico que fue expresamente a buscar rezó en cada uno de los numerosos altares en medio de la oscuridad sólo alumbrada por los cirios. Se había muerto el pájaro dorado, el encantador de la bohemia santiaguina, el mago, como también le llamaba el joven Neftalí, a quien rompía la noche con su gran espectáculo de la risa y el encantamiento de las palabras en el zeppelín o en el cabaret de la Ñata Inés. Neruda le escribió el poema con un improvisado lápiz de carpintero, conmovido por la intempestiva partida de este joven ingrávido amigo de sus amigos y de la noche.

Alberto Rojas Jiménez es uno de los poetas chilenos que se perdieron en el breve, insólito, desgraciado camino de la vida. Carlos de Rokha, Armando Rubio, Omar Cáceres, entre otros, también se fueron en un abrir y cerrar de ojos. Hace unos días, Rojas Jiménez estuvo volando con Neruda por las viejas calles de Santiago, como antiguos e inseparables camaradas de la bohemia y poesía.

Bayano digital invita a sus lectores a ver este video documental sobre el probable asesinato de Neruda:

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