Por Rafael García Denvers
Coordinador de Vanguardia Torrijista (VT)
Uno de los métodos preferidos por los justificadores del sistema vigente es encontrar soluciones que no afecten los orígenes reales de los hechos analizados. Luego de una enjundiosa sustentación, aterrizan en ”soluciones” que no afectan los intereses del sistema, pero parecen ser justas, reales e inevitables.
Mediante la continua aplicación de esa “metodología científica”, han logrado sustentar una realidad a la medida de los capitales financieros internacionales, y sus peones locales. En esa ruta han utilizado, como disco rayado, las conocidas muletillas del “respeto al libre mercado”, “la seguridad jurídica” y la “defensa de la democracia”. Slogans necesarios para garantizar un supuesto ”equilibrio democrático” en una sociedad desigual en oportunidades y derechos.
Debido a ello, se ha promovido el individualismo y la apropiación ilimitada de recursos como algo natural al colectivo, a la necesidad comunitaria y a la acumulación social. En la base de ese escenario se encuentra el afán de enriquecimiento de las élites y el uso indiscriminado de la mentira hasta confundir realidad y ficción como fundamento del llamado Lawfare o ”guerra jurídica”..
Nada extraño cuando se analizan realidades complejas, como son los movimientos migratorios (se ocultan o relegan a plano inferior las causas originales), las realidades del ineficiente sistema de salud (se omiten los intereses privados y de las farmacéuticas), el fracaso educativo (se olvidan las condiciones sociales de alimentación, realidades domésticas y el interés por garantizar mano de obra barata, entre otros), las debilidades agropecuarias (se sustraen las decisiones y manejos políticos que sustentan una sociedad rentista).
Si a ello le añadimos la caracterización de los “Nuevos Tiempos”, el gran problema en estos días, poder separar las mentiras y sus frutos, o lo que es casi lo mismo, poder separar la realidad que parece ficción, de la realidad que nos fabrican y parece real y poder encontrar la verdadera realidad.
Lo anterior tiene como propósito llevarnos a visualizar el futuro, con variables cortoplacistas, sin ver, sin justipreciar los efectos a largo y mediano plazo; sin proyectar y sin defender el interés social, el interés del colectivo. Lo que convenientemente permite casos patéticos como la defensa de la minería a cielo abierto y la no existente política de resguardo del Recurso Hídrico en sus adecuadas y necesarias proyecciones (salud, consumo humano, agro y luego las categorías económicas)
He aquí el sustento del actual escenario panameño, por ello es inevitable, en el camino para construir un futuro próspero, pasar a discutir y acordar qué tipo de sociedad queremos para los panameños; no el interés de los poderes fácticos y los grandes capitales financieros nacionales e internacionales.
Hemos de definir qué sociedad se merece el hombre de a pie, la mujer, el adolescente, el niño, la niña, el ser humano que transita por nuestras veredas y campos; hemos de acordar el horizonte hacia el cual caminar, las metas dirigidas a alcanzar a corto, mediano y largo plazo, delinear la casa común que habitaremos.
”NO SE PUEDE CAMBIAR UN SISTEMA DESDE EL GOBIERNO, SINO DESDE EL PODER”.
Gabriel García Márquez.
Y agrego a título personal: se requiere organización social y fortaleza de metas colectivas con informes de ejecución debidamente supervisados por un rico entramado social.
Obligatoriamente, el movimiento social debe darle continuidad permanente a las luchas, ganadas o perdidas. En las ganadas, no se puede aflojar la cuerda, el seguimiento y la defensa de los derechos. Se requiere evitar que no sean arrebatados en un descuido y ante las derrotas momentáneas, aprender, corregir y fortalecer la organización.
La lucha por la Salud transita por la defensa de lo alcanzado en la seguridad social (CSS), la lucha por la Educación (por la defensa de la educación pública gratuita y obligatoria), la lucha por la Defensa del Medio Ambiente (por la efectiva protección de las áreas protegidas y el Recurso Hídrico), la lucha por la Seguridad en nuestras calles (por la defensa de los Derechos Humanos y el respeto a la vida). En fin, estamos obligados a mantener la defensa permanente de los logros alcanzados mientras unificamos y consolidamos el camino para garantizar el mundo que merecemos.
Por ello, la lucha contra el contrato minero, el rechazo a los embalses de rio Indio sustentados en los intereses del capital extranjero para ampliar y sostener la ruta comercial, contraponiéndose a afectaciones ambientales y humanas, y la inmoral concepción de mediatizar la soberanía para obtener gracias del decadente imperio son inaceptables.
La presencia de un gobernante que concursa por el aplauso del capital financiero (léase sin nacionalidad ni humanidad), es un llamado a cerrar filas para impedir la existencia de un país con minería metálica a cielo abierto en una nación desarrollada dentro de un entorno hídrico.
Al mismo tiempo, es hora de establecer el criterio y la institucionalidad que garantice la prioridad del uso humano, tanto en consumo como disponibilidad del recurso hídrico nacional y de las tierras requeridas para sustentar un norte de soberanía alimentaria (léase garantía de comida para nuestro pueblo) antes de continuar, irresponsablemente, comprometiendo a las futuras generaciones a vivir en una realidad tóxica y de futuro incierto.
Piense y decida cuál es su participación y aporte, pero recuerde que este es el único barco y si hace agua todos nos mojamos.




