Pueblos indígenas y comunidades locales son cruciales para el ambiente mundial

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Grupos indígenas y comunidades locales ocupan alrededor de la mitad de las tierras mundiales, pero poseen derechos legales sobre apenas una fracción de ellas. (Crédito: Michele Solmi / Flickr).

Por Katie Reytar y Peter Veit / World Resources Institute

WASHINGTON DC,  feb 2018 (IPS) – Los pueblos indígenas y las comunidades locales son algunos de los mejores administradores ambientales. Sus medios de sustento y sus culturas dependen de los bosques, el agua limpia y otros recursos naturales, por lo que tienen fuertes incentivos para manejar sus tierras de modo sostenible.

LandMark, la primera plataforma global para brindar mapas de tierras de pueblos indígenas y comunidades locales, divulgó en diciembre nuevos datos sobre almacenamiento de carbono, pérdida de cobertura forestal, concesiones de recursos naturales, ubicaciones de represas y otros temas que arrojan luz sobre el ambiente en el que existen esas tierras.

Ahora, cualquiera en cualquier parte puede ver y analizar los aportes de pueblos originarios y comunidades locales e identificar las amenazas que acechan a esas tierras específicas.

Cinco mapas ilustran hasta qué punto esas tierras ancestrales son cruciales para el planeta:

1) Los pueblos indígenas y las comunidades locales poseen una cantidad considerable de las tierras del mundo.

Más de 50 por ciento de las tierras mundiales son comunitarias, propiedad colectiva de pueblos originarios y otros grupos locales, y administradas principalmente bajo acuerdos de tenencia  consuetudinaria.

A continuación, un mapa muestra las tierras indígenas en naranja y las comunitarias en azul a través de la Amazonia; los colores más oscuros indican tierras documentadas con un título o certificado. Tierras comunitarias hay en todos los continentes, excepto en la Antártida, y África posee más que cualquier otro.

Sin embargo, tanto los pueblos originarios como otras comunidades cuentan con derechos legales sobre apenas una fracción de los predios que ocupan, y aún menos cantidad de esos territorios están formalmente registrados y documentados ante el gobierno. Esto aumenta la posibilidad de que gobiernos, corporaciones u otras elites poderosas se apoderen de esas tierras.

2) Las tierras indígenas cuya tenencia está garantizada a menudo poseen menor deforestación que otras áreas.

Entre 2000 y 2010, la veloz deforestación representó 80 por ciento de las emisiones totales anuales de carbono en Bolivia, y la pérdida forestal no se enlentece. Agricultores y criadores de ganado talan cada vez más bosques, especialmente en la provincia boliviana de Santa Cruz, que experimenta el auge de la producción sojera.

Sin embargo, un informe presentado por el World Resources Institute (WRI, instituto de recursos mundiales) en octubre de 2016 concluyó que, en Bolivia, la deforestación es 2,8 veces menor dentro de tierras legalmente reconocidas como indígenas que fuera de ellas.

Al conceder a los grupos originarios derechos legales sobre las tierras que ocupan, Bolivia logró evitar la emisión de entre ocho y 12 megatoneladas de gases de efecto invernadero por año, equivalentes a quitar de las calles más de 1,7 millones de vehículos motorizados.

Estos beneficios se extienden más allá de Bolivia y por toda la Amazonia. Entre 2000 y 2012, la deforestación anual promedio dentro de bosques reconocidos como indígenas fue entre dos y tres veces menor que fuera de ellos. Asegurar los derechos sobre estas tierras generaría miles de millones de dólares en beneficios climáticos, ambientales y económicos a lo largo de los proximos 20 años.

3) Los pueblos indígenas administran algunas de las reservas de carbono más ricas del mundo.

Otra investigación del WRI muestra que las tierras indígenas y comunitarias almacenan alrededor de 25 por ciento del carbono superficial del mundo, confiriendo a estas zonas una vital importancia en la lucha mundial por frenar el cambio climático. En Filipinas, por ejemplo, los ikahalans protegen sus bosques ancestrales desde hace varias generaciones.

La nueva herramienta de análisis de almacenamiento de carbono de LandMark estima que los árboles de dominio ikahalan retienen casi tres millones de toneladas de carbono, con un promedio de 96 toneladas por hectárea en todo su territorio. El carbono total depositado en sus tierras equivale a las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de 2,3 millones de vehículos de pasajeros.

Al aportar estos datos, LandMark puede ayudar a comunidades como los ikahalan a acceder a fuentes adicionales de ingresos mediante programas como la iniciativa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques (REDD+) o proyectos de contabilidad y secuestro de carbono.

4) Las represas están inundando tierras indígenas y comunitarias.

En todo el mundo, proyectos hidroeléctricos inundan tierras de propiedad colectiva, incluyendo haciendas, establecimientos agrícolas familiares, cementerios y sitios sagrados. Solamente en la Amazonia brasileña, actualmente hay más de 80 grandes represas en construcción.

Uno de los mapas de LandMark se centra en los estados brasileños de Mato Grosso y Rondonia, mostrando proyectos que amenazan con dañar ríos, destruir bosques y generar penurias a los pueblos indígenas. En estos dos estados se están construyendo 20 grandes represas, hay 86 operativas y otras 224 están o bien inventariadas o bien en etapa de planificación.

5) Las concesiones de recursos naturales son una amenaza cada vez mayor a las tierras indígenas y comunitarias.

La minería de metales preciosos como oro, cobre y zinc figura entre las amenazas más generalizadas para las tierras ancestrales, particularmente en la Amazonia. Solamente en Perú, el gobierno extendió unas 55.000 concesiones de extracción y exploración que abarcan más de 18,5 hectáreas, alrededor de 15 por ciento del país. En otro de sus mapas, LandMark exhibe el territorio indígena de Santiago de Chocorvos, donde hubo 95 concesiones.

La minería ilegal también es rampante, y amenaza a comunidades locales en todo Perú.

Los réditos económicos de la extracción minera a corto plazo suelen implicar penurias a largo plazo para los pueblos originarios. Las empresas talan bosques y contaminan cursos hídricos, dejando poco con qué apoyar los medios de sustento tradicionales.

La titulación de tierras comunitarias y el derecho al consentimiento libre, previo e informado, que brinda a las comunidades una voz poderosa en todas las decisiones que afectan a sus tierras, es primordial en la prevención de la pérdida generalizada de ecosistemas cruciales.

La lucha por el reconocimiento legal y la garantía de tenencia

Los mapas constituyen una herramienta poderosa para dar visibilidad a las tierras de los pueblos indígenas y las comunidades locales. LandMark muestra el entorno dinámico en que estas tierras existen, tanto desde el ángulo de los beneficios que brindan cuando se garantizan los derechos sobre la tierra, como desde el de las presiones crecientes que amenazan al sustento rural y al planeta.

Estas comunidades y sus defensores pueden usar la plataforma para ayudar a proteger los derechos a las tierras de los indígenas, negociar pagos justos por el uso de esos predios y participar en decisiones que los afectan a ellos y a sus medios de vida.

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