Por Richard Moreno
Periodista
El derribo del mirador chino, ubicado cerca del puente de las Américas que cruza el canal interoceánicono, es un hecho menor ni un simple acto administrativo. Se trata de la destrucción de un monumento simbólico que representaba mas de siglo y medio de presencia, trabajo y aporte de la comunidad china en Panamá.
E hecho, la embajadora de la República Popular China en Panamá, Xu Xueyuan, llegó al sitio pero el monumento ya había sido demolido. En ese momento, cargado de frustración manifestó su ”gran dolor” por lo ocurrido.
Levantado como homenaje a esa historia compartida, el monumento fue destruido sin un proceso transparente, sin consulta pública y sin un diálogo real con quienes se sentían legítimamente representados en ese espacio.
La forma como se ejecutó la demolición, representa una preocupante ligereza institucional frente a la memoria histórica y la diversidad cultural del país. No se trata sólo de concreto y estructura, sino de símbolo que reconocen el aporte de comunidades que han sido pilares del desarrollo nacional. La ausencia de información clara, de avisos formales y de alternativas consensuadas deja la sensación de arbitrariedad y desprecio.
Panamá se precia de ser un país multicultural, pero decisiones desacertadas como esta contradicen ese discurso y envían un mensaje peligroso: La historia puede ser borrada sin explicaciones.
Además, el silencio de las autoridades frente a la indignación de la comunidad china agrava el problema. No basta con justificar la destrucción bajo el argumento de ”renovación urbana” cuando no se explican los criterios, no se presentan planes de compensación simbólica y no se reconoce el valor histórico del monumento.
La modernización no puede ni debe construirse sobre el irrespeto.
El derribo del mirador chino debe servir como una llamada de atención urgente. Panamá necesita políticas claras de protección de las memorias históricas y de mecanismos reales de consulta ciudadana. Respetar los símbolos de las comunidades no es un gesto opcional, sino una obligación moral y democrática.
La historia no se demuele sin consecuencias; se honra, se dialoga y se preserva.





ASNA ARBITRARIA ARRAIJANEÑA ANTICHINA.