Por Luis Carlos Samudio G.
Abogado, docente y mediador
La criminología, como ciencia dedicada al estudio del delito, el delincuente y las formas de prevención, ha evolucionado a lo largo de la historia en distintas corrientes que reflejan los contextos sociales y políticos de cada época.
En ese sentido, hay que subrayar que la criminología positiva y la criminología crítica son dos enfoques esenciales que, a pesar de ser diferentes en sus métodos y objetivos, pueden combinarse para suministrar respuestas más completas a las dificultades de inseguridad que afectan a las comunidades.
El Observatorio Criminológico Académico y Social (OCAS) se presenta como un lugar que une la acción comunitaria con la investigación científica, estableciendo un vínculo entre la teoría y la práctica. Se transforma así en una herramienta fundamental para prevenir la delincuencia en zonas urbanas.
En el siglo XIX, en Italia, surgió la criminología positiva gracias a personajes como Cesare Lombroso, Raffaele Garofalo y Enrico Ferri. Su propuesta se fundamentaba en la investigación científica del delincuente, con el objetivo de encontrar los motivos biológicos, psicológicos y sociales que predisponen a la conducta criminal.
Por otra parte, la criminología crítica aparece en la segunda mitad del siglo XX, con influencia de la teoría crítica, el feminismo y el marxismo. Alessandro Baratta, Louk Hulsman y Jock Young, sus representantes más destacados, pusieron en duda la concepción tradicional del delito como un fenómeno individual y lo comprendieron como una construcción social asociada a las disparidades económicas, la exclusión y los vínculos de poder.
En este marco, OCAS es una herramienta moderna que fusiona las dos perspectivas. La misión del OCAS es recolectar datos, realizar estudios y propagar el conocimiento en criminología. Sin embargo, también tiene la tarea de unir a instituciones sociales —universidades, ONGs, comunidades, empresas e instituciones públicas— para transformar las teorías en acciones concretas. Su importancia reside en que no se restringe a generar informes académicos, sino que intenta influir directamente en la realidad social mediante el diseño de programas preventivos, para fomentar la participación de los ciudadanos y valorar las políticas públicas de seguridad.
Se puede interpretar que la criminología crítica, la criminología positiva y OCAS se relacionan entre sí, de manera secuencial y complementaria. En primer lugar, la criminología positiva ofrece instrumentos científicos para llevar a cabo diagnósticos exactos: encuestas, entrevistas, análisis estadísticos e investigaciones de campo que posibilitan detectar elementos de riesgo en familias, comunidades y jóvenes. Esos datos son esenciales para crear programas de prevención focalizada, como subsidios educativos, capacitaciones técnicas o planes de reintegración al trabajo.
En segundo lugar, la criminología crítica proporciona una perspectiva estructural que ayuda a entender por qué algunos barrios tienen tasas de violencia más altas: pobreza, desempleo, carencia de servicios esenciales y estigmatización social. Este enfoque contribuye a la creación de políticas más inclusivas, que no solo se reduzcan a la represión policial, sino que alienten la justicia social y la unión dentro de las comunidades.
Finalmente, OCAS funciona como un nexo que une los dos enfoques y los convierte en medidas específicas que favorecen a la comunidad.
Por ejemplo, en barrios urbanos de Panamá, como San Miguelito, El Chorrillo, Colón, OCAS puede aplicar la criminología positiva para detectar jóvenes en riesgo de deserción escolar o consumo de drogas, y ofrecer programas de apoyo educativo y laboral. Al mismo tiempo, puede utilizar la criminología crítica para analizar cómo la falta de empleo, la presencia de pandillas y la ausencia de espacios recreativos alimentan la violencia juvenil.
Con esa doble perspectiva, OCAS tiene la capacidad de elaborar proyectos para la comunidad que contengan programas de empleo juvenil en cooperación con compañías locales, círculos restaurativos para solucionar disputas entre vecinos y talleres de mediación, de deporte y música. Así, se abordan las causas estructurales y las individuales de la criminalidad.
Por lo tanto, la contribución de OCAS a la prevención es integral. No sólo se propone estudiar el crimen, sino también modificar las circunstancias que lo causan. Su trabajo fomenta la colaboración entre la sociedad y el ámbito académico, y estimula la participación de familias, jóvenes y comunidades en la creación de seguridad. OCAS también asegura la transparencia y la rendición de cuentas, al examinar con regularidad las políticas públicas y cuantificar su impacto real, lo que garantiza que las soluciones no se queden en el papel y tengan un efecto tangible en la vida de los individuos.
La criminología positiva y la criminología crítica representan dos enfoques distintos pero complementarios que, integrados en el Observatorio Criminológico Académico y Social, ofrecen una visión más completa y eficaz para enfrentar la criminalidad en comunidades urbanas. Mientras la criminología positiva aporta el rigor científico y el diagnóstico empírico, la criminología crítica ofrece la mirada estructural y transformadora.
OCAS, culmina al fusionar las dos perspectivas, se vuelve un actor esencial en la prevención, capaz de crear programas inclusivos, consolidar la unidad social y edificar comunidades más seguras y equitativas. En Panamá, donde la inseguridad y la violencia juvenil impactan a barrios completos, esa integración no es sólo útil, sino que se vuelve indispensable para asegurar un desarrollo social más óptimo.
¡Juntos trabajemos a favor de la paz y la convivencia pacífica!




