Nuevo gobierno español abandera agenda social

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Pedro Sánchez, presidente del gobierno español. (Foto: PL).

Nuevo gobierno español abandera agenda social

Por Eduardo Rodríguez-Baz

Madrid (PL) – El nuevo presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, presentó la hoja de ruta con la que los socialdemócratas buscarán desmantelar los draconianos recortes sociales, económicos y políticos aplicados durante casi siete años de administración conservadora.

En una comparecencia en el parlamento, Sánchez expuso a mediados de julio su programa, al que definió como la “agenda del cambio”, marcado por medidas a favor de los jubilados y de los estratos sociales más castigados por años de dura austeridad en el gasto público.

El también líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) aprovechó para criticar la herencia recibida de su antecesor, Mariano Rajoy, destituido el 1 de junio mediante una moción de censura, a raíz de los escándalos de corrupción en su formación, el derechista Partido Popular (PP).

Sustentó su programa para lo que resta de legislatura (hasta 2020) en cuatro pilares: consolidación del crecimiento económico y empleo digno; avanzar en igualdad y cohesión social; regenerar la democracia y fortalecer la unidad territorial, e impulsar la participación de España en el mundo y, en especial, en la construcción europea.

En su afán de poner en marcha esa agenda del cambio, Sánchez tendrá que negociar para conseguir el respaldo del Congreso de los Diputados, donde, además de carecer de la mayoría necesaria, tiene la fuerte oposición del PP y de los liberales de Ciudadanos.

Para superar esos obstáculos, el PSOE cuenta ‒como principal aliado‒ con el grupo parlamentario Unidos Podemos, aunque esa confluencia de partidos de izquierda advirtió al mandatario que no lo apoyará para “meros retoques cosméticos”.

Sánchez propuso un incremento de las pensiones y, habida cuenta de su minoría en el Congreso, llamó a los grupos de la Cámara baja a avalar una actualización de esas retribuciones conforme al coste de la vida (inflación), una subida derogada durante el mandato de Rajoy.

Ratificó que aumentará el objetivo de déficit público al 2,7 por ciento del Producto Interno Bruto para 2018, frente al 2,2 por ciento aprobado por su predecesor, mientras que en materia fiscal se comprometió a pedir un mayor esfuerzo a las grandes empresas.

También en el ámbito económico y social, el mandatario anunció un plan de choque contra el desempleo juvenil y una relajación para 2019 de la meta de déficit de las 17 comunidades autónomas (regiones), sobre las cuales recaen los mayores egresos en educación y sanidad.

La exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, reclamada por numerosos sectores de la sociedad española, fue otro de los principales desafíos mencionados por el mandatario socialdemócrata durante su alocución.

Ninguna democracia puede permitirse monumentos que enaltezcan una dictadura, la nuestra tampoco, subrayó sobre el polémico mausoleo ubicado en las afueras de Madrid y frecuente destino de peregrinaje de organizaciones ultraderechistas.

Enorme complejo monumental, el Valle de los Caídos fue levantado entre 1940 y 1958 por el régimen de Franco (1939-1975), en gran parte gracias al trabajo forzoso de prisioneros de guerra republicanos y presos políticos.

Frente a las críticas de la derecha, el presidente del Gobierno defendió, además, el diálogo iniciado con las autoridades secesionistas de Cataluña para resolver la grave crisis territorial en esa región nororiental de 7,5 millones de habitantes.

Sánchez acusó al PP y a Ciudadanos de alimentar la confrontación con la rica comunidad autónoma, que en octubre de 2017 intentó separarse de España.

Etapa plagada de incógnitas

Para muchos ilusionante, la llegada al gubernamental Palacio de La Moncloa del secretario general del PSOE está plagada de incógnitas, sobre todo a la hora de concretar las transformaciones previstas con apenas 84 de los 350 escaños de la Cámara baja y con un PP hegemónico en el Senado.

A ello hay que añadir el giro de los ‘populares’ hacia posiciones mucho más conservadoras, tras el reciente nombramiento de Pablo Casado como nuevo líder de la otrora derecha en el poder, en reemplazo de Rajoy.

Considerado por la prensa como representante del ala más radical dentro del PP, Casado (1981) se impuso a la otra candidata a dirigir la principal organización de la derecha española, la ex vicepresidenta y cercana colaboradora de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría.

Elegido el 21 de julio en unas inéditas elecciones internas, el joven político neoliberal prometió frenar la agenda del cambio emprendida por los socialistas.

En apenas unos días, el flamante presidente del PP manifestó su repudio al nuevo enfoque de los socialdemócratas en cuestiones como inmigración, educación y salud públicas, eutanasia, aborto y reanudación del diálogo con el gobierno independentista catalán.

Acusándolo de todos los males del país ‒pese a llevar apenas dos meses en La Moncloa‒, Casado evidenció con sus dardos a Sánchez el resquemor de un PP herido, decidido a hacer una oposición implacable para recuperar el poder del que fue desalojado de manera súbita.

Ante las evidentes dificultades para agotar la legislatura, Unidos Podemos instó al jefe del Ejecutivo a hacer los deberes y ponerse a trabajar para buscar los consensos necesarios.

Tiene la voluntad de muchos grupos parlamentarios, entre ellos el nuestro, para llevar a cabo esas medidas que necesita España, subrayó la coalición antiausteridad y tercera fuerza política del país.

La moción de censura generó un montón de esperanza en muchísima gente y el Gobierno tiene que estar la altura de ese anhelo, zanjó la alianza conformada por Podemos e Izquierda Unida.

Rajoy, cuyo segundo mandato comenzó en 2016, fue depuesto por la Cámara baja, que por abrumadora mayoría ‒180 de sus 350 escaños‒ aprobó una cuestión de confianza en su contra, tras los múltiples escándalos de corrupción en su formación.

Fueron precisamente esas tramas corruptas, además de su mal manejo del conflicto secesionista en Cataluña, las que precipitaron la caída del político de 63 años, que en 2011 llegó por primera vez a la primera magistratura, tras dos intentos anteriores fallidos.

Se trató de la primera vez, en casi 40 años de democracia española, que en el Congreso de los Diputados prosperó una moción de censura, luego de presentarse durante ese tiempo cuatro iniciativas de ese tipo, dos de ellas contra el ya defenestrado mandatario.

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