Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público
Recientemente, se anunció que la población panameña se está envejeciendo de forma alarmante. Simultáneamente, la ciudadanía ha comenzado a preocuparse por los problemas financieros y las amenazas que pesan sobre el programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), de la Caja de Seguro Social (CSS).
Además, es desalentador el valor de las pobres pensiones que reciben los jubilados. Una mayoría sobrevive apenas con lo que cobran en respectivos cheques o depósitos bancarios. No obstante, en círculos oficiales se pregona que los jubilados viven por encima de la tasa de mortalidad, que en su tiempo calcularon los primeros economistas y actuarios de esa institución..
Una solución, para que la Caja también sobreviva, es bajar la tasa de mortalidad a la que había hace cuarenta años. No bastante, la única manera de que ello ocurra, es que un montón de jubilados se disponga a suicidarse, para que quienes gobiernan disfruten a su antojo el botín de la CSS. Por ese motivo, se hace un llamado a aquellos que tienen más de 20 años de disfrutar la vejez, que formen parte de los primeros pelotones de suicidas.
Es lamentable que entre quienes califican en ese grupo de esquilmados haya muchísimos periodistas y comunicadores, a quienes sus antiguos patronos retuvieron y nunca pagaron a la Caja las cuotas obrero-patronales, previamente descontadas.
En esta larga lista, figuran los dueños de Ecos del Valle y La Razón, en Chiriquí, y aquí, en la ciudad capital, los dueños de los diarios El Día, Panamá América, El Mundo, Crítica y El Siglo.
Hoy, algunas radioemisoras deben la cuota obrero-patronal a la Caja. De hecho, le asignaron a sus empleados el salario mínimo y el resto lo redondean con crédito en almacenes y supermercados, lo que es una burla y un atraco a la clase trabajadora.
No es noticia alguna, que otras empresas de diversas actividades hagan lo mismo, eludiendo de esa forma el pago de impuestos y las cuotas obrero-patronales.
Pero, nadie debe suicidarse, sino luchar. Los empresarios deben cientos de millones de dólares a la CSS. Hay que obligarlos a pagar. A aquellos que desaparecieron con la plata de los obreros y eluden el pago de los impuestos. Las autoridades deben confiscar sus propiedades, si no cancelan la alta morosidad acumulada durante años.
Mientras ello sucede, es necesario que se conozca el monto de los miles de millones que la CSS mantiene depositados en varios bancos nacionales y extranjeros. Esa es una tarea pendiente.




