Mayoría de sistemas de salud de América Latina son segmentados, desarticulados y con serios problemas de cobertura

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El sistema de salud de Costa Rica es catalogado como robusto. Las autoridades de Salud han pedido a la población que se someta a aislamiento social con el objetivo de disminuir la dispersión del virus. (Foto: Katya Alvarado)


Semanario Universidad

Universidad de Costa Rica | 31 de marzo de 2019 | Aunque América sea un continente heterogéneo, la mayoría de países que la conforman se caracterizan por tener sistemas de seguridad social segmentados y desiguales. Esta es una de las principales conclusiones de la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS-OMS), Carissa Etienne.

De acuerdo con Etienne, los sistemas de salud y los servicios que ofrecen los sistemas en América son muy diferentes, pues unos son más débiles que otros. Esto también genera condiciones de desigualdad entre las naciones.

Además, en la región de América Latina existe una escasez de equipo de protección especial para los funcionarios de salud; no obstante, existen países con sistemas primarios fuertes y que presentan resultados positivos.

Según datos de la OPS, al lunes 30 de marzo, en América se reportaron 763 mil casos por COVID-19 y más de 2 mil muertes.

Sistemas de salud en América Latina

Pero, ¿cómo son los sistemas de salud de América Latina? ¿Tiene Costa Rica posibilidades de salir bien de la pandemia gracias a su sistema unificado?

Para el exdecano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR) y experto en Salud Pública, Luis Bernardo Villalobos, el nuevo coronavirus COVID-19 ha sacado a relucir que la mayoría de sistemas de salud de América Latina son segmentados, desarticulados y tienen serios problemas de cobertura para la población.

“El COVID-19 ha puesto de manifiesto que las olas de privatización de los servicios de salud en América Latina y en el mundo no han mostrado una mayor eficiencia, eficacia y efectividad. Por el contrario, en algunos países lo que han mostrado es inequidad frente a este tipo de situaciones”, señaló Villalobos.

En América Latina existen países cuyo sistema de salud es segmentado como el caso de El Salvador, Uruguay, México, Guatemala, Perú, entre otros.

De acuerdo con datos de la OPS, por ejemplo, El Salvador cuenta con el Ministerio de Salud, que es el ente rector del país en esta materia y el mayor prestador de servicios de salud. Por otra parte, el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) es la segunda institución con mayor cantidad de instalaciones y cobertura poblacional. Otras instituciones que conforman el Sistema Nacional de Salud (SNS) son el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral, el Instituto Salvadoreño de Bienestar Magisterial (ISBM), el Fondo Solidario para la Salud, el Comando de Sanidad Militar (COSAM) y la Dirección Nacional de Medicamentos.

La OPS ha señalado que los modelos segmentados se caracterizan por la existencia de múltiples esquemas de financiamiento y aseguramiento donde coexisten uno o varios subsistemas públicos (financiamiento del Gobierno Central o local, sistemas de seguro social representada por una o varias entidades), y diversos financiadores y aseguradores privados que compiten al interior del sector salud. Estos diversos esquemas de financiamiento generan a su vez organizaciones de provisión de servicios de salud fragmentados, sin coordinación, que prestan paralelamente servicios a los segmentos poblacionales definidos por los financiadores.

El investigador de la Universidad de la República de Uruguay, Guillermo Fuentes, dijo a UNIVERSIDAD que esta segmentación provoca que al final los sectores ricos de la población sean atendidos en seguros privados, los pobres en servicios públicos; mientras que el sector formal de la economía tiene aseguramiento privado sin fines de lucro.

“Un sistema fragmentado va a ser mucho más débil para responder a oscilaciones y, por lo tanto, va a generar más inequidad. En momentos de crisis los que van a poder atenderse son los que tienen más recursos”, argumentó el investigador.

Esto es respaldado por el exdirector de la Escuela de Salud Pública de la UCR, Mauricio Vargas. De acuerdo con Vargas, aunque los sistemas segmentados prevalecen en la región, Costa Rica y otros países como Cuba destacan por sus sistemas de salud unificados. “Donde hay sistemas públicos fuertes la respuesta es diferente. Eso nos da esperanza a nosotros”.

En el caso de Costa Rica, el Ministerio de Salud es el rector en esta materia; además, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ofrece servicios de salud basada en los principios de la seguridad social: universalidad, solidaridad, unidad, igualdad, integralidad, participación social, evolución progresiva de beneficios y concordancia con la realidad económica, según la OPS.

Al ser un sistema unificado, el país puede tomar decisiones como el hecho de que el Centro Nacional de Rehabilitación (Cenare) brinde atención médica a los enfermos por Covid-19 y que el Instituto Nacional de Seguros (INS) preste las instalaciones del Hospital del Trauma a los pacientes del Cenare.

En Cuba, por su parte, existe el Sistema Nacional de Salud (SNS), cuyo órgano rector es el Ministerio de Salud Pública (Minsap). “El SNS se caracteriza por los principios de universalidad, gratuidad, accesibilidad, regionalización e integralidad, con alcance a todos los ciudadanos en el campo y la ciudad, y además con una concepción internacionalista”, señala la OPS.
Para el salubrista Luis Bernardo Villalobos, en términos generales, todos los los sistemas tienen en vista a la salud como un derecho; sin embargo, “unos países cumplen más ese derecho a la salud que otros, dependiendo de cómo está estructurado el sistema”.
La directora de la Organización Panamericana de la Salud, Carissa Etienne, señaló el 31 de marzo que los países de América aún tienen una ventanilla de tiempo para poder actuar y así reducir el impacto en sistemas de salud.
Además, agregó que las naciones deben hacer inversiones a nivel nacional ahora y también crear sistemas resilientes; al mismo tiempo que tienen que asumir el suministro sanitario para todos los que lo necesiten.
La investigadora del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) e Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), Juliana Martínez, agregó que Costa Rica tiene elementos a favor y otros en contra para salir adelante en esta pandemia, la cual requiere de medidas tanto sanitarias como económicas y laborales.
“En contra tenemos que no estamos teniendo una respuesta integral en la parte socio laboral que haga efectiva la cuarentena. El aislamiento social hay que financiarlo de manera solidaria. Pero en cuanto a lo positivo, Costa Rica estuvo durante todo el mes de febrero y enero viendo lo que estaba ocurriendo en otras partes del mundo y tomando medidas. La respuesta sanitaria ha sido muy buena, rápida, prudente y de anticipación. El problema es el desfinanciamiento”, añadió la investigadora.
Medidas para mitigar
Aunque las medidas y los contagios en América Latina se han dado en diferentes momentos, la mayoría de los países ha implementado medidas de mitigación para así disminuir la dispersión del virus y evitar el colapso de los sistemas de salud. Así lo señala el salubrista Mauricio Vargas.
“Los países actúan de una manera bastante uniforme sobre la base de lo que conocen sobre el virus. Saben que es muy infeccioso, entonces cierran fronteras, ponen teletrabajo, cierran comercios. Disminuyen contacto físico porque es manera de cortar la transmisión”, aseguró Vargas.
“América Latina, por su economía, no se podría poner a suprimir como sí lo hacen otros países de Asia”, agregó.
Por su parte, el investigador de la Universidad de La República de Uruguay, Guillermo Fuentes, destacó que existen países que han actuado más rápido. Además hay un tema cultural que hace que las sociedades estén dispuestas a obedecer los lineamientos que envían los Gobiernos.
De acuerdo con el estudio “The economics of a pandemic: the case of COVID-19” de London Business School, las economías en vías de desarrollo de África, Sudamérica y algunas partes de América Latina se enfrentan a grandes desafíos tras la entrada del

COVID-19 a las regiones.

Entre los desafíos destacan la menor capacidad de los sistemas de salud, menor posibilidad de las personas de lavarse las manos con agua y jabón y menor acceso a la Internet para trabajar desde casa, entre otros.
Por ejemplo, en países de la región como Chile y Costa Rica los habitantes tienen acceso a agua potable; mientras que en El Salvador y México carecen de esta posibilidad.

UNIVERSIDAD informó la semana anterior que 200 mil hogares no cuentan con acceso a Internet, según datos del Instituto de Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) en el 2019.

“El tema de la educación a distancia, siento que mucha gente va a quedar en el camino con sus estudios porque no necesariamente tienen que tener acceso a Internet para seguir las clases. Capaz que tienen Internet en su teléfono pero no le da la capacidad para ingresar a una plataforma o clase por Zoom”, añadió el investigador.

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