“La canción de la trova va desde el alma, a la gente”

Más dispuesta a hablar de la familia, de los sentimientos, del amor y la soledad, pero convencida de que hablar de los asuntos íntimos es también hablar del país y de los asuntos sociales.

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Hevia es considerada, junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, una de las máximas exponentes del Movimiento Nueva Trova.

Por Carmen Muñoz Quesada
Semanario Universidad (Costa Rica)

Arropada por un público que no dejó de tararear sus canciones, la trovadora cubana Liuba María Hevia se presentó en el escenario de Mundoloco en San Pedro, el pasado jueves 28 de noviembre.

Nacida en La Habana en diciembre de 1964, Hevia es considerada, junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, una de las máximas exponentes del Movimiento Nueva Trova.

Ella es graduada de canto en la academia de música Ignacio Cervantes de La Habana y, a lo largo de su carrera, su obra ha sido reconocida por medio de numerosos premios y reconocimientos.

La música de esta trovadora no se caracteriza por la crítica social -aunque no le es ajena- deteniéndose más en aquellas situaciones que aluden a lo personal, la familia o el amor, entre otros.

“Cuando tú hablas de la familia, de los sentimientos, del amor, de los miedos, de la soledad, estás hablando también de tu país. Estás tocando tu tema social también”, comentó Hevia.

En entrevista con UNIVERSIDAD Liuba María Hevia habló de su experiencia como trovadora y de lo que significa para ella la canción, en tanto forma ética de ver la vida.

¿Qué significa para usted ser reconocida como una de las máximas exponentes del Movimiento de la Nueva Trova?

Una gran responsabilidad, porque yo soy alumna de los verdaderamente fundadores de la Trova. Cuando tú estás cantando, está cantando la trova cubana, está cantando un país, una sociedad está cantando contigo. Es una responsabilidad ética y social hacer música, ser trovador y hacerlo con distinción, con respeto y de la mejor manera.

¿Cuál es su valoración sobre el Movimiento de la Nueva Trova en la actualidad?

Cuba siempre ha sido un país de trovadores. La Nueva Trova fue un impacto esencial que todavía se siente en la piel, en los huesos. Responde a una época de fluidez social, de un mundo que era menos convulso que el de hoy. Ese impacto de la llamada Nueva Trova todavía se siente, pero han sucedido muchas maneras y corrientes a la hora de crear.

¿Es la Nueva Trova una forma de vida, una forma de pensar?

Yo creo que sí. Es una forma ética de ver la vida a través de la canción. Es una canción comprometida con la poesía, con lo social, con el amor, con la belleza, con defender las cosas lindas de la vida y sus diferentes ángulos. La canción de la Trova va desde el alma a la gente.

Algunos críticos señalan la diferencia entre el contenido social de la música de algunos miembros de la Nueva Trova y la de Liuba, más íntima y personal. ¿Observa usted esa diferencia?

Si. Todos los trovadores que han hecho temas más tocados por lo social, también han escrito cosas relacionadas con la familia, con los sentimientos más personales. Yo me he detenido un poco más allí, porque creo que cuando uno habla de la familia, de los sentimientos, del amor, de los miedos y de la soledad estás hablando también de tu país. Estás tocando tu tema social también, pero de otra manera.

¿Qué es lo que más le impacta a usted de su carrera?

Algo que es fabuloso, el ser humano. Llegar a otro país y más allá de que conozcan o no mi canción, es una sensación tan de amparo, en el sentido de que todos buscamos lo mismo. Que todos los cantores al final estamos buscando lo mismo, cantándole a lo mismo, porque estamos interesados en los valores del ser humano. Y eso es lo lindo de este campo creativo.

Hablando de lo que la inspira a la hora de hacer su música, ¿qué o quiénes son esas razones?

Mira, son tan diferentes y tienen rostros tan diferentes o no tienen, que me sorprenden en momentos muy determinados y termino con la guitarra en la mano haciendo una canción. Me vienen a la mente ideas o imágenes repetidas, melódicas casi siempre, con alguna palabra o frase. Entonces yo voy a la guitarra como a quitarme esa sed, pero no me siento a crear canciones. A mí la canción me sucede como parte esencial de mi vida, es una consecuencia de vivir.

Usted ha mencionado que el amor al que cantaba la Nueva Trova al principio ha cambiado, ¿cómo es que se ha transformado el amor?

Es el mundo el que se ha transformado. Las maneras en que las cosas se van trastocando, hace que las personas prioricen hasta la soledad. Digo que hay soledades de multitudes. Llegar a un país y entrar a un metro y que nadie te mire, que tú no mires a nadie, que todo el mundo mire solamente un móvil o que tenga un audífono puesto mirando al infinito, es una manera robótica de vivir. Eso no ocurría en los años 70. La gente te miraba a los ojos para cantar, la gente oía cuando el viento pasaba por un árbol. La gente tenía tiempo para respirar los amores. A eso me refería.

Durante el concierto usted mencionó que fue un accidente nacer en La Habana, porque en realidad usted es guajira. ¿Qué significa ser guajira?

Es tener la esencia de costumbres y modos de vida del campo, que son diferentes a las ciudades. Mi papá es de Santa Clara, mi mamá de Matanzas y son, por ejemplo, personas que aman la décima y la música guájira. Que hablan con dichos populares, que tienen una manera de cocinar, de hablar, una pausa en la palabra, un modo de ver el mundo diferente, muy solidario, que lo es también de gente de provincia.

La Liuba que “coloreaba la esperanza” allá por 1993 y la Liuba de hoy, ¿qué ha cambiado?

Por fuera ha cambiado mucho, pero por dentro sigue siendo una muchacha con mucho susto. Con miedo a hacerlo mal en el escenario. A veces me pregunto: ¿Qué hago aquí? ¿Quién me mandó a meterme en esto? Porque yo soy tan crítica con la música, pero tan abierta a la vez, sobre todo para percibirla, ¡que es muy distinto a ofrecerla! Soy obsesiva con mi trabajo hasta la saciedad. Pero en esencia sigo siendo la misma. Como yo no buscaba otra cosa que no fuera quitarme la sed de decir, y sigo teniéndola, no creo que haya ninguna diferencia.

Saboreando un café que casi acaba, Liuba se despide contestando con frases cortas, mis cortas intervenciones:

Una frase: “He tenido más de lo que di y de cuanto soy”

Un libro: “Las obras completas de Martí”

Un amor: “¿Un amor o el amor?”

Una esperanza: Pagar la vida, retribuirla.

Un pasatiempo: “Además de la música, ¡la música!”

Una manía: “Ver la gente reír, ¡me hace feliz!”

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