Industria global comunicacional o el olvido de nuestros héroes

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Campeones del baloncesto panameño.

Por Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
Sociólogo

Érase el año 2011. Fallecía uno de los máximos artilleros de nuestra sele nacional de fútbol de la década de 1940, el mismo que era el último de los héroes de ese equipo que paró la racha ganadora de México, Costa Rica y toda Centroamérica y del Caribe, que tenían de “Congo” a Panamá; obteniendo la medalla de plata en los VI Juegos Centroamericanos y del Caribe, después de un polémico penal que benefició al trabuco de la época en la región: Colombia.

A pesar de todos esos pergaminos, a pesar de no tener el apoyo para pertenecer al Colo Colo, de Chile —ya que mientras esperaba algún pago, pasó un período que Beto “el Mello” Pinnock no pudo soportar financieramente y se vio obligado a regresar a Panamá— el día de su deceso y funeral no hubo la más mínima alusión noticiosa a este hecho, ni siquiera una hipócrita resolución de duelo de la Fepafut de ese momento. Por lo visto, el olvido de nuestros héroes ya era cosa común después de los años 1970 —donde sí hubo sendos reconocimientos del Estado y los medios deportivos a los subcampeones de 1946: a los hermanos Abad, los dos “Mellos” Pinnock, el internacional Pablo “Empanada” Arosemena, Vitonel y Castillo, entre otros.

Si eso lo hemos visto en el fútbol, no se queda atrás el tratamiento de la industria comunicacional y del espectáculo con otros héroes. ¿Alguien, fuera de menos de tres periodistas deportivos, le dedicó más de una nota a “Chevo” Pedroza? Después de Panamá Al Brown, fue lo más grande en el boxeo panameño —de los fallecidos me refiero, Durán y Zapata siguen vivos— y fue olímpicamente olvidado.

En el 2007, muere el “Mago” de los magos del basquetbol panameño, Pedro “el Mago” Rivas, pretendido por más de un club internacional, pero sólo hizo una breve campaña en Uruguay y regresó a seguir trabajando en la Refinería Panamá, con tan buen salario —junto a la Zona del Canal de Panamá, allí era donde se pagaban los mejores salarios del país— y poca codicia, que lo hizo no preocuparse por las sumas astronómicas a las estrellas como él. Algunos lo compararon posteriormente con Magic Johnson, de la NBA (en cuanto estilo), y la verdad es que quienes lo vimos en acción sabemos que era todo un espectáculo garantizado.

Sin embargo, los periodistas deportivos no le dedicaron más de una nota enaltecedora al fallecer el “Mago” Rivas, nuestro héroe, como contraste a lo que le han dedicado esta semana, en la industria televisiva local a la muerte Kobe Bryant.

No discuto que este astro de los Lakers haya sido un héroe deportivo de estatura mundial, pero me parece desmedido que algunos profesionales de los principales medios noticiosos locales sean tan complacientes con contribuir a que las cadenas internacionales norteamericanas hagan “rating” y ganen millones difundiendo ese evento, mientras localmente, olvidan a los nuestros que fallecen.

Al hacer la pregunta del porqué sí Kobe y por qué no el Mago Rivas y otros héroes nuestros pasaron desapercibidos, mi hija me respondió: “Kobe vendía más camisetas”. Lo mismo, un veterano deportista y colega me expresó al preparar este artículo que: “Kobe, hasta su muerte ha sido mercantilizada”.

En efecto, el tema del olvido de unos héroes, los nuestros, a cambio del ensalzamiento exagerado de los de otros pueblos, es parte de un proceso casi imperceptible promovido por las élites dueñas de la industria comunicacional de escala mundial.

Esto se hace viable, en virtud de que la actividad deportiva es una expresión sociocultural que, al decir de Santa Cruz y Santa Cruz (2005), “ha demostrado una particular capacidad de poner en movimiento procesos de producción simbólica, de conformación de identidades colectivas y de sociabilidad que, de hecho, trascienden de lejos su ámbito específico”. Es decir, el deporte no sólo es deporte, es una práctica creadora de identidad de un pueblo. Así como de metas sociales, aspiradas a ser cumplidas a través de su ejercicio. No en vano diversas agrupaciones hablan del deporte como superación personal y familiar socioeconómica y hasta antítesis contra el consumo de estupefacientes y delincuencia.

Lo cierto es, si lo medimos en términos del tiempo dedicado a “enaltecer”, qué flaco aporte hacemos por los medios, si le dedicamos más tiempo a los héroes de otros, que a los nuestros.

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