Omar Torrijos: ¡Nunca de rodillas!

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Omar Torrijos asumió como propia la causa de los obreros.

Omar Torrijos: ¡Nunca de rodillas!
Discurso en Puerto Armuelles, 1 de mayo de 1971

A los obreros de las bananeras, reunidos con motivo del Día Internacional del Trabajo, el general Torrijos anuncia que ha sido iniciada la preparación de un nuevo Código Laboral, respondiendo a las aspiraciones de los obreros en las visitas frecuentes que ha hecho personalmente a sus lugares de trabajo y de residencia, finca por finca, “auscultando y consultando, … rectificando los planes del Gobierno Revolucionario”, de acuerdo con las necesidades que le expresan los trabajadores en sus propios ranchos.

Habló también de la Reforma Agraria y los obstáculos y críticas que la misma ha venido enfrentando.

Las negociaciones para la recuperación de la soberanía panameña en el área del Canal no se habían reanudado formalmente. El 5 de agosto de 1970, el gobierno panameño comunicó al gobierno de los Estados Unidos que los tres proyectos de tratado de 1967 “no satisfacen la finalidad […] de procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto entre los dos países”. El 30 de abril de 1971, precisamente el día inmediatamente anterior a la fecha del discurso que estamos presentando, el Embajador de Panamá en los Estados Unidos, José Antonio de la Ossa, había transmitido al gobierno norteamericano una contrapropuesta, denominada “Bases para el proyecto de tratado entre la República de Panamá y los Estados Unidos de América, relativo al funcionamiento del Canal de Panamá”.

La determinación del general Torrijos se fortalecía en sus encuentros constantes con los sectores populares. En este discurso, él asegura ante los trabajadores que “no se va a llegar a ningún tipo de arreglo de espalda a los panameños,” y declara: “Pueden ustedes estar seguros de que en nuestras negociaciones con los Estados Unidos de Norteamérica nos encontrarán de pie, nunca de rodillas. ¡Nunca!”

Reafirma su intención de avanzar por el camino de las conquistas sociales, buscando un equilibrio “que haga de Panamá un escenario propicio en donde todo el mundo pueda vivir”.

Dalys Vargas

Hoy, vengo aquí con mucha emoción, con la emoción que tiene que sentir un panameño, cuando ve esta manifestación de respaldo de grupos de hombres humildes, de grupos de obreros, de grupos de panameños que no tienen una bisagra en la nuca, porque nadie, absolutamente, ha podido abochornar su dignidad y espíritu de lucha.

Cuando ustedes, hombres y mujeres de fe, esperanza y de combate, respaldan a un gobierno, es porque el gobierno tiene que ser bueno.

La noche del 11 de octubre, la Guardia Nacional eligió el camino más duro, porque el camino de las conquistas sociales es un camino duro. Es mucho más fácil el camino de las componendas y el camino de las prebendas. Pero lo elegimos con la firme determinación de acabar con un estado de cosas que ya no podía continuar por más tiempo en este país. Elegimos el camino duro de ayudar a las grandes mayorías necesitadas de este pueblo, a las que estaban obligando a que de un momento a otro explotaran, porque nadie, absolutamente nadie, soporta tanto envilecimiento por tiempo tan largo y prolongado.

Nosotros estábamos conscientes de lo que hacíamos, y hoy, al ver esta manifestación de apoyo sincero y de apoyo masivo, tengo que sentirme orgulloso y tengo que lamentarme de que el 11 de octubre se produjera en el año 1968, porque si se hubiese producido años antes, cómo estaría este país de bien, cómo hubiésemos ya acabado con los que aún insisten en seguir explotando al hombre humilde.

De esta trinchera sindical, de esta trinchera de reivindicaciones que constituye el Sindicato de los Trabajadores de Puerto Armuelles, han salido los más grandes gritos de conquista para el obrerismo nacional. Las conquistas de ustedes no las han obtenido gratis ni se las han otorgado graciosamente. Detrás de todas sus luchas sindicales hay todo un pasado de sacrificios, de muertes y batallas. La bala que hirió a Dionisio Arrocha no sólo hirió el corazón de él; hirió la sensibilidad de todos los panameños que estamos dispuestos a conseguir, cueste lo que cueste, una patria mejor para todos.

Aquel embuste convertido en sistema de los que antes nos gobernaban, se vino todo abajo por su propia corrupción. Tengan la total seguridad, la completa y absoluta seguridad, de que ni el general Torrijos ni el equipo que lo acompaña van a fallar en la determinación de hacer de Panamá un país del cual se erradiquen totalmente las injusticias, un país en donde el poderoso no atropelle al pequeño y un país en donde el grande no se ensañe en el humilde.

Y aquí, a iniciativa y por presión del Sindicato de Trabajadores de Puerto Armuelles, surgió una Comisión Codificadora que va a reemplazar un Código Laboral que se inició en 1947, y según dicen los entendidos, ya en el año 1947 era un código viejo, por lo que saco en conclusión que ya debe ser código abuelo.

Ustedes reclaman conquistas justamente. Ustedes tienen todo el derecho a reclamar conquistas. No les puedo adelantar absolutamente nada, porque cada vez que el general adelanta una conquista social, las fuerzas contrarrevolucionarias, las fuerzas que aún insisten en que al obrero no debe otorgársele conquistas, se agazapan y nos combaten. Lo que sí les puedo decir, es que en el año 1947 ya el séptimo día se pagaba en todos los países de América. Quienes están confeccionando el nuevo Código de Trabajo pueden consultar en todos los códigos laborales de América si ya en 1947 estaba o no consignado el pago del séptimo día. Esto lo dejo como interrogante, y vamos a ver cómo reaccionan ellos, ante este ejemplo histórico.

Señores, durante un año de haber estado con ustedes, desde la concentración masiva del 1ro. de mayo de 1970, he venido muy a menudo, muy frecuentemente. Así es que, para ustedes, ya no es nada nuevo verle la cara de cerca al general Torrijos, y para el general Torrijos no es nada nuevo verles la cara de cerca a todos ustedes. He conversado frecuentemente con madres obreras; he conversado frecuentemente con obreros cesantes; he visitado finca por finca, auscultando y consultando el pensamiento de ustedes. He ido, precisamente, rectificando los planes del Gobierno Revolucionario, de acuerdo con las necesidades de ustedes mismos, expresadas en sus propios bohíos, en sus propios ranchos. Es por eso por lo que yo siempre he manifestado que la brújula de este Gobierno Revolucionario no está girando ni a la izquierda ni a la derecha. Con las dos manos es que estamos pegando.

Este Gobierno Revolucionario se rige por las necesidades de ustedes mismos, por leyes de verdadero equilibrio, que hagan en Panamá un escenario propicio en donde todo el mundo pueda vivir y en donde unos no exploten a los otros. Fuimos muy combatidos, últimamente, por los planes de la Reforma Agraria. Pareciera que la Reforma Agraria, por tener nombre de mujer, ha sido calumniada. ¡La Reforma Agraria no ha hecho nada indebido, señores! No ha hecho otra cosa que sustentar una revolución de crecientes aspiraciones que hacíamos a las buenas, o la hacía el campesino, muerto de hambre, a las malas. A nadie le hemos irrespetado tres hilos de alambre. No le hemos irrespetado a nadie su título de propiedad, aunque algunos títulos de este país son de pésima reputación y de muy dudosa procedencia.

No obstante todo eso, hemos sido respetuosos, precisamente porque el campesino aspira a que se le respete su propiedad y porque, precisamente, queremos que los títulos extendidos por este Gobierno Revolucionario también sean respetados y sean también reconocidos por todo el mundo.

Me alarmó un poco, que ante dos o tres medidas, un tanto revolucionarias, que tomó la Reforma Agraria, los contrarrevolucionarios se agruparon, y no vi ninguna respuesta de quienes estaban recibiendo los beneficios de una Reforma Agraria, para plantearle al panameño si es necesario tomar alguna otra medida.

Pero si Mateo Iturralde en una ocasión dijo “Yo no vendo a mi patria”, el general Torrijos responde ahora: “¡Yo tampoco!”. Tengan la total y absoluta seguridad de eso. Nosotros no vamos a vender la patria, ni vamos a firmar ningún tipo de convenio, ni vamos a llegar a ningún tipo de arreglo a espaldas de los intereses de ustedes, los panameños. Pueden ustedes estar seguros, de que en nuestras negociaciones con los Estados Unidos de Norteamérica nos encontrarán de pie, nunca de rodillas. ¡Nunca!

En este gran encuentro, que tiene como escenario la ciudad de Puerto Armuelles, donde unidos, en actitud de respeto y admiración, encontramos el brazo armado del Guardia Nacional, que ahora es el brazo armado del pueblo, estrechándose la mano con la mano sudorosa, con la mano callosa de un obrero, en íntima comunión con nuestros educadores y en íntima comunión con nuestros campesinos. Vengo a pedirles que tengan la total seguridad, señores, de que este Gobierno Revolucionario está completamente consciente de que el alza de precios de la canastilla familiar es considerable y que ello obedece a una consigna bien dirigida para divorciar al pueblo de su Gobierno Revolucionario.

No hemos podido actuar con mayor rapidez, no por falta de voluntad, sino porque nos están faltando los recursos suficientes para la investigación necesaria, a fin de no perjudicar al campesino que siembra el arroz, al campesino que devenga sus entradas de su huerto de maíz o de legumbres que él diariamente cosecha. Nosotros no queremos hacerles promesas, pero estamos en eso, y sabemos que pronto, muy pronto, podrán ver los resultados.

El año pasado les dije que pronto comenzaríamos las obras de las calles y el acueducto. Confieso que me equivoqué y es honesto manifestar que nos equivocamos. El problema era más complicado de lo que creíamos, y es hasta ahora cuando comienzan a llegar los tubos del acueducto, que no son tubos que hemos puesto allí, como ponían otros gobiernos, en silenciosa complicidad con la demagogia de ellos. Los hemos puesto allí, no para fotografiarlos, sino para llenarlos de agua.

El problema de Puerto Armuelles es que casi nunca hay agua, y cuando hay, el agua está salada. Así que, ya después de un año de estudios, estamos en condiciones de decirles que vamos a tomar el agua del río y que las obras del acueducto, que se inician, no terminarán hasta que en cada casa, en cada hogar, haya una fuente de agua. No podíamos hacer las calles si antes no se construía el acueducto, error que antes muy frecuentemente se cometía y entonces había que invertir dinero en las calles dos veces. Detrás de las obras del acueducto irán las obras de las calles y quedarán estos dos problemas resueltos, de una vez por todas.

A los maestros que nos están acompañando, quiero darles mi más expresiva felicitación, y quiero manifestar aquí que el general Torrijos se siente orgulloso de la calidad de educador que tiene el país. El general Torrijos se siente orgulloso, como debemos sentirnos orgullosos todos los padres de familia, de que 380.000 niños panameños estén en manos de ellos. Eso nos puede dar la completa seguridad, la completa confianza, de que esta juventud panameña que hoy acude a nuestras aulas de clases y que hoy recibe una gran orientación social (y creo que nuestros educadores les están enseñando el credo de la justicia social), nos puede dar la más completa seguridad, repito, a las madres de esos niños, que esos niños no van a ser explotados como fueron explotados sus padres.

El Gobierno Revolucionario tiene grandes planes de acción inmediata. Son tantos, que sería difícil enumerarlos todos. Entre los planes más significativos, una de las empresas que más está rompiendo viejas estructuras es el ingenio de Veraguas, que a fines del año 1972 o a principios del año 1973 estará funcionando.

Esta empresa tiene la particularidad de que es la única en el país con un valor de 15 millones de balboas, que se ha hecho con un criterio cooperativista. El Gobierno Revolucionario la respalda, y la empresa pertenece a tres mil familias que van a servir a ese ingenio. Fue localizada en Veraguas, porque en Veraguas es en donde más se encuentran intactas aún las estructuras de hambre de este país. Porque allí existe el 48 por ciento de analfabetismo. Y fue localizada en esa provincia porque la entrada promedio de cada veragüense es de 48 balboas al año, lo que indica que el oxígeno que se respira en Veraguas pareciera que es alimenticio, porque no sé cómo no ha desaparecido todo ese núcleo humano de veragüenses.

Tenemos que dentro de poco se comenzará también la construcción de ciento seis acueductos; y todas las comunidades del país que tengan más de 500 habitantes van a tener su acueducto. Dentro de poco, dentro de muy poco, comenzará la construcción de esos ciento seis acueductos, y hay esperanzas para los pueblos del interior que constantemente claman por agua, como elemento vital del ser humano, y ya estamos en camino de resolverles con cierta prontitud tan grave problema.

Otra obra de gran envergadura, es una central hidroeléctrica localizada en el Río Bayano, y que cuesta cincuenta millones de balboas. Ya estamos en eso, y las obras iniciales están en marcha. Construiremos un aeropuerto internacional, el más grande entre los países de los alrededores. Estas obras se iniciarán el 11 de octubre. Todas estas obras, dentro de la estructura nacional, van a colocar a Panamá en una gran capacidad de poder desarrollarse. Estas son obras materiales, conjuntamente con la Carretera Panamericana (pronto se firmará el empréstito para su construcción), que habilitará toda la zona del Darién y que vamos a hacerla de concreto, en un plazo de cuatro años, porque ya el Gobierno Revolucionario tiene todos los planes previstos, todos los estudios previstos.

Tal como hemos dicho, se habilitará toda la provincia del Darién, ya que, para nosotros, viajar hacia el Darién es como viajar hacia el exterior, porque es tan difícil llegar a esa provincia legendaria, que cada panameño, cuando llega al Darién, cree que ha viajado al exterior. Por eso, pronto esas selvas del Darién, hoy vírgenes, van a ser incorporadas al programa de estrategia nacional para el desarrollo del país, que ha puesto en marcha el Gobierno Revolucionario.

Señores, les agradezco esta manifestación espontánea de apoyo al gobierno, esta manifestación de fe y cariño. Hay una gran relación entre humildad y agradecimiento. El hombre humilde agradece mucho lo poquito que este gobierno ha hecho por él. Hay una gran comunión entre pobreza y determinación para defender a quienes estamos defendiendo. Yo sé valorar en lo justo, en cuanto a lo que esto significa como homenaje de respaldo a un gobierno que jamás les irá a fallar. ¡Pueden ustedes tener la seguridad de que vamos a pasar a la historia como los grandes vencedores!

(La batalla de Panamá, páginas 108 a 115. Énfasis suplidos).

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