Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Panamá era de los países que, de una manera u otra, se beneficiaba económicamente con la presencia de la soldadesca extranjera acantonada en ciudades y sitios principales.
No obstante, la soberanía estaba condicionada por un acuerdo de múltiples bases a lo largo del territorio nacional. En consecuencia, había una significativa parte de la población que los alabada. Simplemente, eran pro yanquis en un suelo en el que se luchaba por la liberación y la autodeterminación
Pese al dominio colonialista, el pueblo panameño rechazó en las calles el acuerdo que le daba a Estados Unidos la ventaja de retener varias bases durante un nuevo período.
La movilización popular contra el acuerdo de bases provocó la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo J. Alfaro, quien luego fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y estimuló una reacción profundamente nacionalista, cuando el gobierno de turno intentó aprobar el Convenio de Bases Filós-Haines, el 12 de diciembre de 1947.
Desde esa fecha, con los antecedentes de invasiones anteriores, como la acaecida en 1925, para abolir la ley inquilinaria, gran parte de la juventud panameña demostró un inquebrantable repudio hacia las imposiciones del coloso del norte, respecto a la soberanía de Panamá.
Es cierto que no pocos panameños todavía sienten la nostalgia de haber sido colonia norteamericana y no escatiman momentos para demostrarle al coloso su sumisión y fidelidad, aprobando documentos de entendimiento que pisotean la soberanía nacional y permiten el retroceso de este país a la época colonial y sometimiento militarista.
Un claro ejemplo de ese comportamiento ha sido observado durante las fiestas navideñas, a través de la decisión de la alcaldesa del distrito de Arraiján, Stefany Peñalba, quien ordenó la demolición de un histórico monumento contiguo al Puente de las Américas, para adular las mentiras de un presidente norteamericano empeñado en sostener que Panamá está supuestamente dominado por la ”influencia china” y los lineamientos de Beijing.
Lo único que ha ganado Peñalba con esos actos perversos, premeditados y subordinados es la repulsa de toda la ciudadanía, que intuye el intento de arrebatar a los panameños el canal interoceánico y las áreas ribereñas de gran valor económico.
Al final de ese sainete político, provocado por una funcionaria “lambona” (aduladora), persiste la resistencia contra los que pretenden borrar la histórica presencia y la contribución cultural de la etnia china en Panamá, por mas de 170 años.




