Brasil. Ganar con nueve dedos

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Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil. / DW

Por Daniel Martínez
Desde México

El balotaje que dio la victoria electoral a Lula da Silva en Brasil, además de darnos satisfacción por el pueblo brasileño, contiene lecciones para los procesos electorales en la región.

Son innumerables las interpretaciones y análisis que han circulado después del triunfo obtenido, muchas de ellas acertadas y algunas impregnadas de un triunfalismo que consideramos poco recomendable.

Lula ganó con 51,8 % contra 48,2 % de su rival. En números absolutos, obtuvo unos 4,400.000 votos más que su contendor, una diferencia equivalente al 3,45 % del padrón electoral. Una victoria política que va más allá de Brasil y Latinoamérica pero que no debemos sobredimensionar.

Lula es nuestro compañero, sin duda, pero hay que medir el contexto político con el cual tendrá que lidiar ya que el bolsonarismo perdió la elección, pero no su capacidad política.

Los resultados legislativos muestran que el Partido Liberal (PL) tendrá 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores a partir de febrero de 2027. La alianza integrada por el PT, PCdoB y PV contará con 88 diputados, mientras que el PT tendrá nueve senadores.

El PL será el mayor partido individual en ambas cámaras. Esto señala que el bolsonarismo hará uso de su mayoría para trasladar la lucha política a las cámaras y el debate legislativo estará marcado por un permanente cuestionamiento a las iniciativas que pueda presentar Lula.

Como ocurre en otros países en situación similar, en Brasil, el presidente necesita negociar de forma permanente con un Congreso fragmentado. Es lo que la ciencia política denomina presidencialismo de coalición: un sistema en el que las facultades constitucionales del Ejecutivo se ven en la necesidad de obtener apoyos parlamentarios mediante acuerdos programáticos, negociaciones presupuestales y la participación de distintos partidos en el gobierno.

Lula tendrá que negociar con el centro político, especialmente del MDB, del PSD, de Unión Brasil, del PP y de los Republicanos, ninguno de los cuales puede considerarse como progubernamental. Con la polarización existente Lula deberá negociar buena parte de sus reformas con organizaciones que no necesariamente comparten su programa económico y social.

Derrotar el algoritmo. Janones derrota Cerimedo

En el último debate, Flávio Bolsonaro dijo que Lula “da con una mano y quita con los nueve dedos”. Lula respondió que perdió ese dedo a los 17 años en un turno de noche en la fábrica. La burla del candidato se revirtió contra el por la dignidad de la respuesta de un obrero que perdió un dedo trabajando desde joven contra un hijo de la clase privilegiada que nunca trabajó.

El autor de un libro de sobre las rebeldías juveniles, Pablo Stefanoni explicaba cómo los ultras le robaron la rebeldía a la izquierda. También proponía cómo recuperarla: ridiculizar a los ridiculizadores, reconectar con los de abajo y dar certezas. Brasil acaba de hacerlo con su Hashtag “Somos Todos 9 dedos”, los jóvenes en la calle y la semana de 5 días.

De todas las enseñanzas ocurridas el domingo pasado durante la elección en Brasil la más valiosa es que se puso en práctica una respuesta en las redes para enfrentar al llamado Método Cerimedo que había estado sembrando presidentes de ultraderecha y títeres de Trump en países de Latinoamérica y que mediante la manipulación lograba que la gente votara a favor de sus verdugos.

Ese camino simple y directo lo debemos al diputado federal por el estado brasileño de Minas Gerais, André Janones.

Ante el intervencionismo de Meta que, previo a la primera vuelta electoral de septiembre bloqueó las cuentas de la campaña de Lula, Janones propuso: No limitarse a la difusión de las redes digitales, cuyos dueños claramente jugaban a favor de Bolsonaro, sino que optó por grupos de chat en Instagram y WhatsApp.

Por esa ruta construyó ”El Ejército de Lula” grupo que pasó de tener 50 mil a 10 millones de integrantes en pocas semanas.

Desde ahí Janones difundió mensajes, memes, y realizó transmisiones en vivo para desmentir mentiras, mostrar datos y presumir logros del paso de Lula por el gobierno y exhibir los perversos planes del rival. Una de sus instrucciones era ”no se enganchen en discusiones con bots de derecha y simplemente ignórenlos”.

A ese esfuerzo se le unió un intenso trabajo de territorio en donde ”su” ejército salió a tocar puertas y a convencer a esos millones de indecisos que decidieron no votar en septiembre. Todos en el ejército tenían además la encomienda de lleva a votar al menos a un familiar, vecino o conocido que por ellos se enteraron de que ir por el ”Nueve Dedos” era lo mejor para su país.

Janones entendió que en una guerra mediática asimétrica era un suicidio táctico limitarse a poner la otra mejilla o esperar a que la alegría lo resolviera todo. Su papel consistió en disputar el barro con las mismas armas del adversario: arrebatarles la iniciativa matutina, saturar la agenda y no darles tregua. Con directos frenéticos grabados con el móvil tembloroso, audios de urgencia y un manejo magistral del suspense político, Janones sembró el desconcierto en las filas de Bolsonaro, obligando a sus portavoces a pasarse el día dando explicaciones y desmintiendo polémicas en lugar de marcar el paso del debate público.

Lo mejor de la lección de Janones es que ya vimos que sí hay una forma de impedir que jerarcas en Washington y billonarios dueños de empresas de tecnología, sigan interfiriendo en las elecciones de todo el mundo.

La tasa de abstención de esta segunda vuelta fue del 19,2 %, una reducción de dos puntos en relación al 21,2. % de la primera vuelta y el menor nivel desde las elecciones del 2006.

Pero, para eso, el PT tuvo que salir a conquistar la voluntad ciudadana en las calles, cosa que no hizo en la primera vuelta. Los votantes y las votantes ”petistas” se quedaron en sus casas en línea con el triunfalismo que emanaba desde Brasilia. Pero ante la amenaza que representaba el triunfo de Bolsonaro en el balotaje, decidieron concurrir a los comicios y ahí están los resultados.

Meta (WhatsApp, Instagram, Facebook, Messenger y Threads, amén de Meta AI) junto con X son factores que pueden “formatear” la opinión de amplios sectores del electorado, pero su eficacia dista de ser irresistible y puede ser contrarrestada si las organizaciones y fuerzas populares construyen una adecuada estrategia dedicada a neutralizar aquellas intenciones.

¿Cuál es el mensaje?

Hay que crear un numeroso contingente de guerrilleros digitales dispuestos a librar batalla en el terreno de la informática. Organizar en WhatsApp el “Ejército de Lula”.

Trump amenazó y presionó de una y mil maneras para impedir el triunfo de Lula, pero no pudo neutralizar la voluntad popular. Apoyó a los Bolsonaro, padre e hijos, con todas sus fuerzas y sufrió una humillante derrota. La oleada de la ultraderecha, que parecía dispuesta a arrasar con todo el continente, se estrelló con la voluntad y el patriotismo del pueblo brasileño.

Rebeliones juveniles

Para abordar el tema de las rebeliones de la juventud y diversos sectores sociales partimos del criterio de que se trata de amplias franjas de ciudadanos que se oponen a la voracidad del capitalismo transnacional y a la perpetuación en el poder de grupos económica y políticamente privilegiados. Los mismos que usurpan la representación popular, cometiendo fraude en las elecciones y tergiversan la voluntad ciudadana.

También es verdad que en las calles se dan distintas formas de violencia, algunas legítimas por la ira que los manifestantes han acumulado y otras como provocación de grupos de dudosa procedencia. Las primeras hacen que algunos partidos o movimientos que se reclaman de izquierda tomen posiciones claudicantes, sin asumir que son los movimientos sociales los que están marcando una ruta en la lucha por construir la sociedad justa y equitativa.

Los primeros pasos para enfrentar con una renovada opción y que dichas protestas revelan las grietas del sistema-mundo bajo el cual crecen los fascismos que amagan con apoderarse de nuestros países.

Las juventudes de Francia, España, Serbia, Portugal, Italia, Bélgica, México, Ecuador y Chile han sido actores principales de protestas ocurridas de manera simultánea. En ellas están reflejados reclamos que, desde hace décadas, fueron desatendidas por sus gobiernos y que son efecto de medidas económicas neoliberales que responden a los intereses de las grandes corporaciones capitalistas transnacionales y locales.

En las calles se enfrenta el derecho ejercer el reclamo legítimo y de buscar alternativas ante el sistema político, económico y social vigente. Hasta aquí el sistema los califica de insurgentes o narcoterroristas. Por esa razón, son reprimidos, encarcelados y, en algunos casos, ejecutados por los organismos policiales del Estado. El sistema reprime para conservar su hegemonía y usa la violencia para atemorizar a la sociedad. que paralice sus intenciones de cuestionar y alterar el orden establecido. Es, en síntesis, la expresión violenta.

Como el caso de Brasil demuestra, las mayorías populares se dan cuenta que la democracia de los poderosos no toma en cuenta sus intereses. De allí derivan las protestas y el grado de conflictividad social que, lejos de apaciguarse, tiende a normalizarse y, en ocasiones, a multiplicarse, incrementando la conflictividad y la deslegitimación del sistema.

Si bien se trata de una lucha desigual con las fuerzas del Estado, siendo éste una maquinaria de opresión y represión hecha a la medida de la ideología y de los intereses de las minorías, se extiende progresivamente la ira popular y se multiplican las protestas. De su ampliación dependen las posibilidades de una reactivación de las fuerzas de izquierda en nuestro continente y el mundo.

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