Bolivia, la derecha está imposibilitada de poner un dizfraz institucional al golpe de Estado

En Bolivia no hay autoridad

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Carlos Fonseca Terán junto a Daniel Ortega y Rosario Murillo

Seguiremos Venciendo

Carlos Fonseca Terán.
Frente Sandinista de Liberación Nacional

Desde el derrocamiento de Mel Zelaya en Honduras, los golpes de Estado han vuelto a ser la principal forma de llegar al poder para los grupos políticos al servicio de los intereses del imperialismo norteamericano en América Latina y el Caribe. Después siguieron Paraguay y Brasil. Ya antes del golpe en Honduras lo habían intentado en Venezuela y lo intentaron después en Ecuador estando Correa de presidente, una primera vez en Bolivia hace unos años, y por último en Nicaragua, el año pasado.

De seis países en los que la izquierda ha perdido el gobierno en años recientes, sólo en dos (Argentina y El Salvador) ha sido por elecciones. En los otros cuatro fue por golpes de Estado o por malversación de la voluntad popular (es el caso de Ecuador, donde el pueblo votó por un candidato que luego puso en práctica el programa de las fuerzas contrarias). Ahora se suma Bolivia, con un golpe de Estado militar, casi al mejor estilo de los viejos golpes de la época de las dictaduras militares impuestas por Estados Unidos y que en algunos casos llegaron gobernando hasta los años ochenta.

De cívico es lo que menos tiene, porque las acciones principales fueron (y siguen siendo) los actos violentos de vandalismo y agresiones a partidarios del gobierno de Evo Morales, tan sorprendentemente parecidos a los llevados a cabo en Nicaragua el año pasado.

Ni siquiera la derecha golpista pudo negar que Evo obtuvo muchos más votos que el candidato de la derecha, ni que el partido de Evo, el MAS, ganó por amplio margen las elecciones legislativas. Lo único que alegaban, por un asunto de decimales, era que la diferencia no le permitía a Evo ganar en primera vuelta, a pesar de que los resultados indicaban que sí. El argumento era que en determinado momento no llegaba al porcentaje requerido y luego sí, lo que sin embargo es claramente explicable por el hecho de que faltaban los votos del área rural, donde todo el mundo sabe que Evo tiene aplastante mayoría.

Fraude en Honduras

En las más recientes elecciones en Honduras no fueron decimales ni fue para definir si el que quedó de presidente ganaba en primera vuelta, sino que fueron varios puntos porcentuales de ventaja, pero a favor del candidato opositor, los que desaparecieron repentinamente, invirtiéndose el resultado a favor del otro, lo que ocasionó un repudio generalizado y expresado en movilizaciones masivas, pero nada pasó, porque el resultado cuestionado favorecía al candidato de Estados Unidos y la OEA.

Ante los absurdos señalamientos de fraude por parte de la oposición en Bolivia, que no presentó prueba alguna de sustento, Evo pidió la auditoría electoral a la OEA, a sabiendas de la parcialización de ésta en su contra, pero la oposición golpista no aceptó la auditoría, que de todas maneras le favoreció, ante lo cual Evo, acatando el resultado de esa falsa auditoría, llamó a nuevas elecciones en las que él mismo se autoexcluía de participar, pero la oposición golpista tampoco aceptó. Entonces, y luego de que días antes la Policía se insubordinara al Gobierno, el jefe del Ejército pidió la renuncia a Evo, quien finalmente renunció, que era la demanda de la oposición golpista para cesar los ataques a los simpatizantes del gobierno; pero los ataques han continuado.

Ataques de la oposición golpista 

Además, la ex presidenta del Tribunal Electoral, María Eugenia Choque, ha sido detenida, y a estas alturas ya hay decenas de asilados políticos en la embajada de México en La Paz, que ya está siendo asediada por las enloquecidas hordas golpistas, al igual que la de Cuba, mientras la embajada de Venezuela ha sido tomada.

En Bolivia la derecha golpista está cayendo en su propia trampa, imposibilitada siquiera de poner un disfraz institucional al golpe de Estado (a diferencia de lo que ocurrió en Honduras, Paraguay y Brasil), lo que permitirá un rápido aislamiento político del régimen dictatorial que pretenda imponerse.

Aislamiento no necesariamente entre los gobiernos, pero sí entre los pueblos, cuyos movimientos populares y fuerzas de izquierda serán gobierno en poco tiempo, y cuyos gobiernos surgidos de la lucha popular y revolucionaria se consolidan a pesar de los ataques desesperados de un imperio decadente, que no podrá con la formidable capacidad de lucha demostrada por el pueblo boliviano y su líder indiscutible, el Presidente legítimo Evo Morales, ejemplo de dignidad para todo nuestro continente en lucha por su segunda y definitiva independencia.

Y nadie mejor que nosotros los sandinistas para estar seguros del destino victorioso de la lucha del pueblo boliviano, con la amplia experiencia que tenemos de transformar derrotas en victorias, lo que nos ha permitido tener el honor de ser una de las fuerzas revolucionarias más victoriosas de la historia.

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