A Su Santidad, el Papa de esperanza, desde el Continente de la esperanza

Carta de Francisco Javier Bautista Lara, Embajador de Nicaragua ante la Santa Sede 

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“Quiero hacerme eco de tantos caminos de esperanza” Papa Francisco (Fratelli tutti, 54).

Francisco Javier Bautista Lara
Embajador de Nicaragua ante la Santa Sede 

Desde el nombre asumido, los mensajes y el camino pastoral recorrido, la encíclica Laudato si, (Alabado seas, 2015), y ahora, el 3 de octubre de 2020, Fratelli tutti, (Todos hermanos), firmada en la tumba de san Francisco de Asís, el Papa Francisco recuerda el mensaje evangélico del amor fraterno, la amistad social, la solidaridad, la sencillez, la alegría y la esperanza en la casa común… “La fraternidad universal y la amistad social dentro de cada sociedad son dos polos inseparables y coesenciales. Separarlos lleva a una deformación y a una polarización dañina” (142). “Los creyentes necesitamos encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común y la promoción de los más pobres” (282).

Roma, domingo 11 de octubre de 2020 | Santo Padre, en la víspera de nuestro encuentro – limitado por la formalidad del protocolo diplomático y las medidas por la pandemia que sorprendió al mundo, de la que usted dice: “dejó al descubierto nuestras falsas seguridades y evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente” (7) -, escribí este texto, a manera de reflexión personal, diálogo abierto conmigo hacia usted, después  del silencio y la soledad de este mediodía opaco del otoño en Roma, bendecido por la brisa, aquí, entre la multitud concentrada en la Plaza de San Pedro para escuchar la Buena Noticia y el Ángelus dominical: “el proyecto que Dios ha pensado para la humanidad: una maravillosa fiesta de amor y de comunión en torno a su hijo unigénito…”

Conversaremos. Yo, agradecido ante usted, sin saber qué decir, o, mejor dicho, sin saber por dónde empezar. Creo que será más simple escuchar. Escucharé. Si es necesario, hablaré después lo esencial. ¿Cómo saber qué es útil y esencial? Nunca pensé ni busqué la posibilidad de encontrarme con usted o con alguno de sus antecesores para esta conversación privada, inolvidable, única e irrepetible.

No estoy aquí por mí, carezco de méritos para tal consideración. Me trajeron circunstancias inesperadas para prestar un servicio. Trataré de escuchar con atención y hablar con modestia por el país que con orgullo, afecto y compromiso represento. Una nación tropical, con historia, costumbres, sentimientos y aspiraciones comunes, encuentros y desencuentros, marcada por las circunstancias, sin la consideración de las cuales, será imposible comprender el presente, un pueblo franco, coloquial y hospitalario, que usa, como los argentinos, cotidianamente “el vos”, y que como escribió nuestro Rubén Darío -también suyo, Su Santidad, porque consideraba a Argentina su segunda patria o su patria intelectual-: “aún reza a Jesucristo y aún habla en español”.

Desde nuestra profunda tradición franciscana y mariana, en particular por la advocación a la Inmaculada Concepción de María, este pueblo, de mayoría cristiana y numerosa población joven, ha depositado en usted, Su Santidad, aprecio y simpatía, esperanza.

El nombre de nuestra nación, Nicaragua, con el que se nombró a los pueblos encontrados por los conquistadores y al cacique con quien Gil González Dávila tuvo el primer diálogo registrado, que sorprendió, por su sencilla lucidez al español: “Si el Padre Santo de Roma moría, … y porqué tan pocos hombres querían tanto oro…”, significa “hasta aquí llegaron los náhuat”. Era el límite de los pueblos precolombinos de Mesoamérica, extendidos desde el norte hasta el lago Cocibolca o Lago de Nicaragua, con el río San Juan, desembocadura al mar Caribe, bendecida posición geográfica que une los dos océanos, y se convirtió, desde nuestra historia temprana, en la bella riqueza natural -el “Paraíso de Mahoma”, dijo del exuberante territorio el cronista Oviedo-, que despertó el voraz apetito expansionista de potencias decadentes y emergentes, de ingleses y norteamericanos… ¿Fue bendición o desgracia? No fue designio divino, fue el egoísmo acaparador y excluyente del naciente “capitalismo salvaje” -así lo llamó san Juan Pablo II-, el que pretendió impedir a nuestro pueblo usufructuar con libertad y autodeterminación la riqueza que la Providencia le había dado. Hay allí un origen recurrente que ha perturbado el desarrollo de nuestra vida republicana.

No es casual que lo encuentre el 12 de octubre, Día de la Resistencia Indígena o Dia de la Hispanidad, fecha que cambió la historia y desencadenó las atrocidades de la Conquista, miles de nicaraguas salieron de El Realejo para la conquista del Perú, la mayoría murió en el camino, casi toda la población originaria fue exterminada. Somos producto de ese brutal encuentro, al que se agregaron después miles de esclavos africanos desarraigados de su origen… Rubén Darío se pregunta en Prosas profanas, libro publicado en Buenos Aires (1896): “¿Hay en mi sangre alguna gota de sangre de África, o de indio chorotega o nagrandano?”, reconoce, como la mayoría de nosotros, el triple mestizaje biológico y cultural que nos integra. Fray Antonio de Valdivieso, -discípulo de Fray Bartolomé de las Casas-, obispo de Nicaragua en León, protomártir, defensor de los indios, fue testigo y denuncio hasta su muerte la inhumana destrucción a mediados del siglo XVI.

Santo Padre, la historia del siglo XIX y XX, abundan en acontecimientos y referencias. Esas perturbaciones externas han contaminado los conflictos y las soluciones internas, esos intereses exógenos impuestos, han descuidado o subordinado los intereses nacionales legítimos. En varios momentos de la historia, la dignidad y el interés nacional se han obviado, rendido o vendido. Ocurrió, cuando, a través de la “ruta del Tránsito”, ruta del canal por Nicaragua, miles de aventureros norteamericanos cruzaron del Este al Oeste de Estados Unidos, en tiempos del Destino manifiesto, y un grupo político en conflicto con otro le abrió las puertas al invasor extranjero (1856-57), William Walker, quien, aprovechando las circunstancias, se autoproclamó presidente, impuso el inglés como idioma oficial y estableció la esclavitud… Las intervenciones e injerencias extranjeras, descaradas o disfrazadas, siempre han necesitado de la complicidad local, de confundidos o vendidos, de resentidos o comprados, llaman al agresor o interventor, el que, en consecuencia, impide o condiciona las soluciones internas, auténticamente nacionales, impone agendas ajenas a la necesidad nacional, tritura el patriotismo, cede la soberanía y sacrifica la dignidad…

En 1909 se frustró la continuidad del proceso nacionalista de conformación del estado liberal por la intromisión norteamericana que trajo, en consecuencia, la imposición de gobiernos títeres y la intervención militar que desencadenó, unos años después, la lucha antiimperialista por la defensa de la soberanía encabezada por Augusto C. Sandino. En el diálogo, en el camino por la paz, el líder guerrillero fue asesinado a traición (1934) con la complacencia del embajador de Estados Unidos y se impuso un ejército nacional a la medida de las tropas de ocupación que impuso y sostuvo, durante más de cuatro décadas, a una de las dictaduras más despiadadas y prolongadas de América Latina.

Es evidente que “Necesitamos que un ordenamiento mundial jurídico, político y económico incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos” (138). Supone que “se conceda también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres”. (138).

Su Santidad, somos el país de Centroamérica con mayor extensión territorial, quizás el de más abundancia y variedad de recursos naturales y con una privilegiada posición geopolítica visibilizada desde el inicio de la Conquista. Todo ello debería ser para el bien común de quienes hemos nacido y vivimos aquí, pero la intervención militar y la injerencia política y económica oportunista, la explotación de los recursos, la tenencia de la tierra y la centralización del capital dejó los beneficios en pocas manos.  La necesidad de superar la exclusión y la desigualdad, de recuperar una real oportunidad de vivir con equidad, dignidad y autodeterminación, dieron origen a la Revolución Sandinista de 1979, miles, desde nuestra convicción cristiana y la opción preferencial por los pobres, desde el compromiso por construir un mundo mejor, hicimos posible aquel acontecimiento histórico, al que continuaron gestas heroicas y ejemplares como la Cruzada Nacional de Alfabetización, la reforma agraria, la organización comunitaria y la recuperación paulatina, desde la adversidad, de las derechos fundamentales de los ciudadanos. Sin embargo, una vez más, la guerra de agresión, la intervención extranjera, la fuerza desproporcionada militar, económica y política de la Gran potencia contra el pequeño país de Centroamérica, impidió el fortalecimiento de la paz, provocó daño y destrucción humana y material.  La Corte Internacional de Justicia de La Haya condenó a los Estados Unidos por las actividades militares y paramilitares contra Nicaragua y lo obliga a reparar e indemnizar al país (1986). La sentencia del alto tribunal fue desconocida e incumplida en abierta violación a la legislación internacional.

“Cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien del propio país, es necesario preocuparse, reaccionar a tiempo y corregir inmediatamente el rumbo” (192). La encíclica social inspirada en el mensaje franciscano de fraternidad reconoce que la expresión “abrirse al mundo”, suele referirse “a la apertura a los intereses extranjeros o a la libertad de los poderes económicos para invertir sin trabas ni complicaciones en todos los países” y “los conflictos locales y el interés por el bien común son instrumentalizados por la económica global para imponer un modelo cultural único” (12). Benedicto XVI afirma que “aumenta la riqueza, pero con inequidad” (21). “Hay un modelo de globalización que ‘conscientemente apunta a la uniformidad unidimensional y busca eliminar todas las diferencias y tradiciones en una búsqueda superficial de la unidad” (100). Los pueblos, principalmente los pequeños, somos con frecuencia víctimas de los intereses extranjeros quienes “alientan una pérdida del sentido de la historia” (13) y “nuevas formas de colonización cultural” (14), para “sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante” (15).

Estimado Papa Francisco, al iniciar el nuevo milenio, en las dos primeras décadas del siglo XXI, en el contexto de aceleración tecnológica, comunicación virtual, cambio climático y conflictos en distintas partes del mundo que amenazan la paz y la sostenibilidad de la vida humana en nuestra casa común, en este pequeño país de Centroamérica, se habían logrado, durante los últimos diez años sorprendentes avances sociales, económicos y políticos, desde una nueva etapa del proyecto cristiano, socialista y solidario, los nicaragüenses avanzábamos en un camino de prosperidad, imperfecto, pero posible y auténtico, que aseguraba, desde una clara posición de defensa y protección de la dignidad humana, de la vida y la familia, un incremento anual sostenido del PIB, recuperación de derechos sociales reducción de pobreza y desigualdad con uno de los mejores resultados en América Latina.  Diversos indicadores socioeconómicos de organismos internacionales, institucionales y no institucionales, nacionales y regionales, lo confirman.  Entre 2007 y 2017 se redujo la pobreza en general en 24 p.p. y la pobreza extrema en 10 p.p., se duplicó la inversión per cápita para la salud pública, se redujo la mortalidad infantil a un tercio y la desnutrición infantil a la mitad, la educación y la salud pública pasaron a ser totalmente gratuitas, creció la matrícula escolar en 11%, se cambió la matriz energética logrando 70% de energía con fuentes renovables, aumentó la cobertura eléctrica en 43 p.p. llegando al 97% del territorio nacional, aumentó en 28% el acceso al agua potable alcanzando el 80%, se amplió la infraestructura social de salud, educación y viviendas populares, y la infraestructura vial y urbana… Ha logrado ser uno de los cinco países del mundo con mayor participación de mujeres en la gestión pública. La seguridad ciudadana se mantuvo como una de las ventajas comparativas en relación con sus vecinos, la tasa de homicidios, el indicador objetivo más aceptado, fue de 7 x 100 mil habitantes (2017). El Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas mejoró en 10%…

Necesitamos alimentar lo bueno para ponerlo al servicio del bien (77). “Es muy sano hacer memoria del bien” (249). Hay mucho camino por andar para avanzar y cambiar, las naciones tenemos el derecho legítimo a construir nuestro destino, identificar nuestras soluciones según nuestra realidad, según nuestras tradiciones, historia y necesidades diferenciadas. “Algunos nacen en familias de buena posición económica, reciben buena educación, crecen bien alimentados, o poseen naturalmente capacidades destacadas…”. Muchos otros, sin embargo, nacen con discapacidad, en exclusión, con ninguna o limitadas oportunidades. No puede imponerse como absoluta, frente a las realidades distintas, la “libertad de mercado y de su eficiencia” (109).  Es la solidaridad una virtud moral y actitud social que exige compromiso de todos (114), la solidaridad se expresa en el servicio que mira el rostro del hermano (115). “La paz real y duradera solo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana” (127). “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada. El principio del uso común de los bienes creados para todos es el primer principio de todo el ordenamiento ético-social, es un derecho natural, originario y prioritario… El derecho a la propiedad privada solo puede ser considerado como un derecho natural, secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados…” (120). “La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos” (168).

Sin embargo, en 2018, durante el inconcluso y humanamente perfeccionable proceso político, institucional, social y económico en marcha, se desencadenaron lamentables confrontaciones que fueron alentadas, manipuladas o instrumentalizadas por actores externos, con complicidades desafortunadas internas, y agravadas por la plataforma virtual y la desinformación, que tergiversó y magnificó la naturaleza de los problemas, arrastrando a escenarios de destrucción y caos que dejaron en consecuencia, daño humano, material y moral.  Hubo conductas extremas de violencia ajenas a la cultura social, explotaron las redes virtuales con imágenes y mensajes que excitaban a la violencia y crearon “realidades” inexistentes.

“No podemos aceptar un mundo digital diseñado para explotar nuestra debilidad y sacar afuera lo peor de la gente” (205).

La intromisión sesgada de algunos organismos y naciones externas -contradictorio a su naturaleza y propósito-, y de ciertos actores empresariales y religiosos internos, las complicidades desafortunadas, limitan que prevalezca una legítima y auténtica solución nacional por el bien común. La mayoría de los nicaragüenses quieren trabajo, salud, educación, seguridad y paz, rechazan la intromisión externa y las acciones violentas, coinciden que el camino es el diálogo inclusivo y la convivencia para la solución de nuestros problemas. La violencia y la descalificación, la incomprensión de nuestra historia y realidad, ha precipitado condenas contra Nicaragua de parte de algunos actores internacionales; las imposiciones, sanciones y bloqueos atentan contra la dignidad y la autodeterminación de las naciones, son violatorias al derecho internacional, mueven una maquinaria desinformativa que impone de manera artificial un discurso ajeno a la veracidad de los acontecimientos y lejos de las necesidades de paz, convivencia y desarrollo equitativo de Nicaragua.

Debemos trabajar por “Desarrollar una cultura de encuentro” (215), “buscar puntos de contacto, tender puentes” (216), “colocarse en el lugar del otro para descubrir qué hay de auténtico, o al menos de comprensible, en medio de sus motivaciones e intereses”. “Hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia” (225). “No es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que deja el conflicto” (243). “La unidad es superior al conflicto” (245).

Santo Papa Francisco, aquí estamos entonces, para escuchar y para hablar, para construir la verdad que buscamos, “necesitamos constituirnos en ‘un nosotros’ que habita la casa común” (17) y que recorre su camino en el tiempo y lugar que compartimos y en que nos ha tocado vivir, como parte del Pueblo de Dios, bajo “la ley suprema del amor fraterno” (39), para “avanzar hacia una civilización del amor” (183), estamos convencidos que “Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos” (145), con buena voluntad y por el bien común.

Paz y bien.

Nota: numeración entre paréntesis son párrafos de encíclica Fratelli tutti.

 

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