A 56 años del golpe militar

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Omar Torrijos tras el golpe de Estado de 1968.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

El 11 de octubre de 2024 se cumplen 56 años del golpe cuartelario, llevado a cabo por el teniente coronel, ejecutivo de la Comandancia de Guardia Nacional, Omar Torrijos Herrera, y el mayor de la misma institución militar, Boris Martínez y otros integrantes de la cúpula castrense.

Historiadores y políticos han procurado explicar el fenómeno desde distintas perspectivas. Lo cierto es que fue el resultado de la crisis general y agotamiento del modelo de la oligarquía liberal y de 65 años de dominio de la vieja burguesía transitista.

Fue un acto represivo en contra de un pueblo, históricamente antimilitarista, por constituir los soldados panameños —Guardia Nacional— el instrumento represor al servicio de la oligarquía y del imperialismo estadounidense, en contra de las luchas reivindicativas y patrióticas del movimiento popular.

Para entender esa realidad objetiva y subjetiva, se debe distinguir tres claros períodos en que se dividieron los denominados, por el ”civilismo” burgués y pequeño burgués, los 21 años de ”dictadura militar”.

El primer período se extendió del 11 de octubre de 1968 hasta el 16 de diciembre de 1969 —”retorno del general Torrijos”—, luego de que el último reducto de derecha dentro de la élite militar, fraguó un golpe..

Con anterioridad a esa fecha, en febrero del mismo año, fue embarcado, en un viaje sin retorno, hacia MIAMI, el golpista de extrema derecha Boris Martínez.

Esos acontecimientos desbrozaron el camino al liderazgo personal de Omar Torrijos e inauguraron el segundo período, de 1969 hasta 1981 (31 de julio de1981, fecha del magnicidio del general Omar Torrijos), fase conocida como ”proceso revolucionario”.

Al decir del propio líder de la gesta de octubre de 1968, el mismo se caracterizó por el divorcio de los militares de la oligarquía y las nuevas nupcias con el pueblo panameño.

En ese lapso, se dan las principales transformaciones políticas, sociales y económicas favorables e incluyentes de los sectores históricamente marginados y excluidos de la sociedad panameña. Y, se inicia el último relevo generacional, que culminó con la recuperación del Canal y de la “Zona del Canal” de Panamá.

Es de justicia señalar, que los hoy principales usufructuarios del Canal y de las ”áreas revertidas” —la burguesía nacional— eran abiertamente opositores a la lucha nacionalista del pueblo panameño por la dignidad nacional y la recuperación del Canal.

La muerte de Torrijos fue un duro golpe al proceso revolucionario y dió inicio al tormentoso período que se extendió de 1982 a 1989.

Ese período descrito se inauguró con la derechización y la oligarquización del gobierno militar. El nuevo comandante de la Guardia Nacional, militar de derecha, Rubén Darío Paredes, intentó repetir la hazaña del comandante José Antonio ”Chichi” Remón Cantera Chiari, quien trasladó —en la década del 50 del siglo pasado— ”el poder real” de la avenida ”A” (sede la Comandancia de la.GN) al Palacio de Las Garzas.

El fallido intento culminó con la célebre frase ”buen salto Rubén”, del desaparecido general de las FFDD de Panamá, Manuel Antonio Noriega.

Apartados de ”La Línea”, de la vuelta a los cuarteles de Omar, la cúpula militar se enfrascó en una lucha intestina que culminó con la victoria pírrica de MAN, hasta que el imperialismo se deshizo de él, a través de la cruenta invasión militar estadounidense del 20 de diciembre de 1989.

Luego de que el triunvirato Endara, Arias Calderón y Ford llegó montado en una tanqueta de los genocidas gringos al Palacio de las Garzas, se han sucedido siete presidentes de la República y 35 años de gobiernos de la plutocracia corrupta y clientelar.

¡Así de sencilla es la cosa!

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