Por Luis Carlos Samudio G.
Abogado, docente y mediador
Frente a las críticas de Donald Trump, el papa León XIV brindó una profunda reflexión moral. La humanidad ha notado recientemente dos eventos en los cuales un representante de Dios, León XIV, declaró: “No soy un cristiano perfecto, dijo. Sólo ha habido un cristiano perfecto, y fue crucificado en una cruz hace dos mil años”. En otra instancia, el rey Carlos de Inglaterra expuso conceptos ante el Congreso, donde le hizo hincapié a Trump en la relevancia del estado de derecho, las limitaciones del poder y el papel de los mecanismos de control.
Parafraseamos los conceptos más relevantes del papa León XIV, “¿Saben qué insulta a Jesús?”, “Quitarles la atención médica a los enfermos mientras se reducen los impuestos a los multimillonarios”. “Deportar al extranjero y separar a los bebés de sus madres”. “Bombardear a niños inocentes en Irán y enviar a nuestros valientes hombres y mujeres a morir en otra guerra interminable… Encubrir los archivos de Epstein y luego negarse a procesar a una sola persona involucrada”.
En lugar de dar un paso atrás, fundamentó su discurso en las enseñanzas que Trump trató de emplear en su contra, utilizando así la estrategia del judo. Luego surgió la frase que causó mayor impacto: “Jesús nos instruyó a amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos». A su vez, el papa León XIV transmitió un mensaje que ahora resuena más allá de esa sala, respondiendo no con ofensas, no con temor. sino con precisión — y firmeza, aludiendo a la guerra, la corrupción y la hipocresía.
Por su parte, el rey Carlos impresionó al Congreso estadounidense con un discurso impecable lleno de sarcasmo y comedia. No sería fácil la llegada, no por él, sino por el anfitrión, que se comporta como un rey y ha exhibido de manera constante actitudes groseras. Utilizó todos los conocimientos que había adquirido durante su formación diplomática a lo largo de su vida y, con una concentración total, pronunció palabras que resonaron como si fueran bofetadas con un guante más blanco.
Trump nos ha acostumbrado a su manera espontánea, en la que, en reuniones importantes con otros líderes internacionales, hace comentarios irreverentes y sorprendentes para el momento, asombrando a los presentes. No vacila en usar palabras vulgares. Destacó que, durante su reunión con líderes latinoamericanos, se refirió al español como «su maldito idioma».
En el Congreso, Carlos le recordó a Trump cuán crucial es el respeto a la ley, los límites al poder y el papel de los mecanismos de control. Esto ocurrió delante de uno de los mecanismos de control que no ha funcionado adecuadamente en este segundo mandato de Trump y que interrumpía con aplausos la exposición de Carlos.
“Nuestra Declaración de Derechos de 1689 inspiró la Carta Estadounidense de 1791, y antes aún, la Carta Magna de 1215 estableció que el poder debía estar limitado por controles y equilibrios. Ese espíritu de libertad sigue vivo en estas cámaras: no por la voluntad de uno, sino por la deliberación de muchos, reflejando el mosaico de los Estados Unidos. Es ese mosaico el que se manifiesta en las calles, el que se expresará en las elecciones intermedias y el que demuestra la fuerza de la razón en la democracia”.
Antes de la visita, se anticipaban dificultades por el caso Epstein, los insultos de Trump hacia la OTAN y la Royal Navy, y sus excesos habituales. Carlos enfrentaba un escenario complejo, pero salió victorioso gracias al poder blando: ejerció la diplomacia con elegancia, mitigando tensiones sin confrontaciones. La pregunta persiste: ¿quién logrará ponerle el cascabel a Trump? Los intentos continúan, y sigo creyendo que las viejas instituciones de Estados Unidos cumplirán con su papel.
Carlos III citó a Lincoln: «Lo que hacemos nunca se olvida, aunque el mundo pueda recordar lo que decimos». ¿Qué quedará del discurso para el futuro? ¿Qué hay entre los que lo ovacionaron? Trump manifestó que le producía celos el gran discurso.
Concluyo que ambas personalidades se expresaron de manera contundente, coincidiendo en su respeto hacia la ley, el amor por el prójimo, los límites al poder y el rol que tienen los mecanismos de control para asegurar que la paz y la tranquilidad global sean la norma en lugar de la guerra, que causa luto, dolor y destrucción a las personas, sobre todo a los niños. Estos han sido víctimas de masacres y del dominio de una oligarquía que permanece indiferente.
¡Juntos trabajemos a favor de la paz y la convivencia pacífica!




