A 36 años de la invasión a Panamá: memoria, soberanía y reflexión

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Soldados estadounidenses recogiendo cadáveres.

Por Raquel E. Rodríguez
Periodista
prenrer24@yahoo.com

El 20 de diciembre de 1989 se recuerda como uno de los momentos más tristes en la historia reciente de Panamá. La acción militar realizada por los Estados Unidos, llamada “Operación Causa Justa”, no sólo provocó la caída del gobierno de Manuel Antonio Noriega, sino la pérdida de muchas vidas, la devastación de diversas comunidades y un gran impacto en la soberanía de este país.

A 36 años de ese suceso, Panamá aún enfrenta el reto de conmemorar, reflexionar y reclamar justicia histórica sobre la invasión.

La intervención militar se justificó por razones que incluían la ”defensa de la democracia”, la salvaguarda de ciudadanos estadounidenses y la lucha contra al tráfico de drogas. No obstante, el gran tamaño de las fuerzas invasoras y la violencia gringa impusieron un precio muy alto a la población panameña.

El área más masacrada por las tropas extranjeras fue el populoso barrio de El Chorrillo, en la capital panameña. Los viejos edificios fueron severamente afectados, dejando a miles de personas sin hogar y a numerosas familias sumidas en el dolor, a causa de la muerte de sus seres queridos.

Hoy es posible recordar las casas de madera en llamas, las bombas que estallaban una tras otras sobre la ciudad, y la gente inocente que caía abatida por las balas. Esos hechos aún se llevan en la memoria de los panameños y las panameñas que vivimos esos acontecimientos, que jamás deben ser olvidados por la humanidad.

De acuerdo con los datos confirmados, a lo largo de su historia, Estados Unidos ha participado en cientos de invasiones en países extranjeros, sumando casi 400 intervenciones militares desde 1776 hasta 2023. La mitad de todas esas intervenciones se realizaron a partir de 1950, y más de la cuarta parte sucedieron después de que finalizó la llamada Guerra Fría, justificando la lucha contra el narcotráfico y la seguridad del Canal interoceánico.

Sin embargo, para la mayoría de los panameños, la invasión no fue un acto de liberación, sino un acción bélica para destruir a la Fuerzas de Defensa de Panamá para llevarse detenido al ”hombre fuerte”, quien había colaborado con Washington.

La conmemoración de los 36 años de la invasión estadounidense no debe restringirse sólo al sufrimiento. Es necesario incluir en esa tarea un compromiso con la verdad histórica.

A lo largo de los años, las víctimas han demandado reconocimiento, justicia y reparación. De ese modo, la memoria histórica se convierte en una herramienta esencial para prevenir el olvido y para instruir a las nuevas generaciones sobre las repercusiones de la violencia y la intervención de otros países.

Como panameña, pasé por el dolor de perder a un ser querido, un hermano muy cercano distinguido por sus convicciones, por la libertad de su nación. Me refiero al joven Alejandro Hubbard Torrero, caído en la invasión militar a Panamá.

Alejandro Hubbard Torrero, defensor de la soberanía nacional.

Durante años, el cuerpo de ese patriota desaparecido fue buscado sin éxito en fosas comunes. Afortunadamente, en 2025 sus restos óseos fueron identificados por especialistas forenses y entregados por el Ministerio Público a sus familiares.

La invasión a Panamá es un acontecimiento traumático que exige la reflexión constante y responsable. Es necesario honrar a quienes lucharon, sufrieron. Asimismo, se requiere reafirmar la importancia de la soberanía, la paz y el respeto entre las naciones. Sólo a través de la memoria y la conciencia histórica se puede construir un futuro más justo y digno para Panamá.

El gobierno panameño debe tener presente que el nacionalismo panameño fue el motor que permitió a una nación pequeña exigir respeto e igualdad de condiciones en el diálogo con la mayor potencia mundial, en procura de la recuperación de la soberanía en todo el territorio nacional.

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