Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público
La actuación de la ministra de Asuntos Laborales, Jackeline Muñoz, frente al escándalo descubierto en la construcción del cuarto puente sobre el Canal de Panamá —donde constató la presencia de muchos obreros extranjeros sin la debida documentación— revela una clara violación de las leyes nacionales por empresas contratistas.
El régimen laboral no debe trastocar las leyes vigentes y los principios que rigen el mundo del trabajo, especialmente en el desarrollo de los megaproyectos que el gobierno anuncia como generadores de miles de empleos. La realidad es que diversas y muy publicitadas iniciativas empresariales recurren a esas prácticas de contratación masiva de extranjeros, como ocurrió con el proyecto de explotación cuprífera a cielo abierto en el distrito de Donoso, en la provincia de Colón.
En el contrato minero declarado inconstitucional en 2023, que había suscrito por traidores panameños, se aceptó que sólo seis personas —designadas por la minera— podían supervisar la explotación de más de 40.000 hectáreas. Por esas razones, ahora que se prevé una reapertura minera, el Ministerio de Asuntos Laborales vuelve al centro del debate.
El trabajador panameño ha sido afectado por el despojo. Asimismo, han minimizado sus oportunidades, mientras las empresas emplean mano de obra extranjera, explotándola con salarios bajos, sin el pago de seguro social y obteniendo mayores ganancias en sus operaciones
Pese al claro y contundente rechazo a la actividad minera, con más del 74 por ciento en reciente encuesta, funcionarios del actual gobierno siguen vendiendo ese negocio contaminante como una panacea económica para la población desocupada
La empresa responsable de la mina de Donoso, apoyada por perversos elementos a quienes la justicia no alcanza, despliega una extraordinaria campaña mediática, creando la ilusión de miles de empleos directos disponibles para los trabajadores nacidos en el territorio de Panamá
Aquella imagen trucada de presunto bienestar laboral es un espejismo que sólo puede quebrar un Ministerio dirigido por manos panameñas con sentido patriótico, justo y consciente de los valores humanos, a la luz del Código de Trabajo.




