Voces de Muerte… Lágrimas de Ayer y Hoy

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Dr. Carlos Russell

Hoy, en mi patria, son pocas las voces
Que claman o reclaman
Por una patria perdida.
El Panamá que conocí, ya no es
Aquel Panamá de Quibián y Prestán;
Aquel Panamá de Gaspar y Omar;
Aquel Panamá de Chorrillo y San Miguelito;
Aquel Panamá de Tinajitas y Rió Hato;
Aquel Panamá de Heroicos Batalloneros…

Kendall Mc Macre

El patriota panameños Dr. Carlos E. Russell C., luchador social en los Estados Unidos por la soberanía de Panamá y la justicia social en ese país junto a Martin Luther King, Malcon X, Medgar Evers y Angela Davis, participó el 19 de diciembre, como orador de fondo durante la Jornada Internacional Patriótica conmemorativa de la Invasión a Panamá.  El Dr. Russell, ex embajador de Panamá en Naciones Unidos y la OEA.

Al finalizar su intervención, el Dr. Russell invitó al actor panameño Kendall Mc Macre a leer su poema  Voces de Muerte… Lágrimas de Ayer y Hoy, en el que reclamó  a quienes sin pena y con suma hipocresía hablan de hermandad, de justicia y de democracia.

Voces de Muerte… Lágrimas de Ayer y Hoy

Carlos E. Russell C.

Desde acá en la babel de hierro, acero y cemento,
Donde se prepara una nueva invasión,
Donde se expresa en voz abierta,
De eliminar, sin más tardar,
Al líder de otra nación,
En un no muy desolado rincón
De nuestro planeta.

Aquí donde se aplaude y se alienta
Voces que venden una patria,
Que con su sangre liberó el Libertador;
Donde un pueblo engañado y servil
Se acuclilla y venera sin vergüenza,
Ante un altar de oro,
De color negro o amarillo,
Donde se besa el anillo en la mano que ofrecen
Aquellos que desean,
Por el mundo ser amados;
Y con falso fervor religioso,
Estrechan unas manos
Que tanto dolor y muerte han causado
A nuestras hermanas y hermanos.
Son sus manos como garrotes
Con callos grotescos y venas verdes;
Que de la piel sobresalen,
Intentado palpitar,
A pesar de carecer de corazón.

Ese pueblo engañado y servil que con brillo aplaude
A quienes sin pena y con suma hipocresía,
Hablan de hermandad,
De justicia
Y de democracia,
No deseando ver ni mucho menos saber,
Cuán grandes son aquellos antimonios
Que de sus bocas, cual caudaloso río, salen…

Aquí en esta babel de hipocresía y mentiras,
En otro invierno triste y pronto de lágrimas,
Mi mente corre aceleradamente
Por las sendas del recuerdo,
Acordándome dolorosamente
De otros tiempos;
Otros tiempos no muy lejanos;
De otros históricos momentos…
Y mis ojos ven con furia, bochorno y lamento:
Una patria, mi patria, sangrienta y agredida
Por monstruos vestidos de santos.

A lo lejos se escuchó el estallar
De bombas, que como lluvia
Del cielo cayeron,
De aviones que no se vieron
Tirando la piedra y escondiendo sus manos;
Cuan valientes fueron los que a mi patria
Tan cruelmente hirieron.
Escucho los chillidos friolentos y hechizantes
De mujeres, chiquillos y ancianos,
Que ven, de cara y de frente,
El llegar del caballo blanco de la muerte,
Incinerándolos en su balcón.

Hoy, en mi patria, son pocas las voces
Que claman o reclaman
Por una patria perdida.
El Panamá que conocí, ya no es
Aquel Panamá de Quibián y Prestán;
Aquel Panamá de Gaspar y Omar;
Aquel Panamá de Chorrillo y San Miguelito;
Aquel Panamá de Tinajitas y Rió Hato;
Aquel Panamá de Heroicos Batalloneros,
Quienes pagaron con sus vidas,
Para ver flamear libremente nuestra bandera
¡Más allá de las nubes!
¡Más allá del querube!
¡Allá! … ¡Arribita, en la cima del Ancón!
¡Aquel Panamá, Mi Panamá, ya no es!

Desde acá, donde los tambores de guerra repican
Con furia y fervor;
Donde los caballos de la muerte
De sus establos norteños, pronto saldrán.
Y allá, a lo lejos,
Otras madres,
Otros ancianos,
Nuevamente llorarán;
Y otros niños,
Huérfanos quedarán.
Desde aquí
Me es difícil olvidar,
Aquel Panamá,
Que una vez, no muy lejano,
Pudo desatar
Las cadenas que nos ató
A las caderas del invasor.
Y pregunto, como aquella dama de ayer,
“¿Que te hiciste?”
“¿Por qué no eres el mismo para mí?”
Y las voces silenciosas de nuestros presuntos líderes
Ensordecen mis oídos;
Sus alientos fríos y putrefactos
Congelan mis huesos;
Y siento llegar el caballo blanco de la muerte
Diciéndole a mí Patria:
“Suba sobre mis lomos, Panamá,
A tu tumba te llevaré.”

Mañana, quien sabe… Quizás estas lágrimas mías,
Lágrimas de tristeza,
Lágrimas amargas,
Lágrimas de panameño penitente,
Serán agua bendita
Que el cura salpicará sobre mi tumba,
Y al recobrar el sol su primacía,
Entonces, con el cantar de nuestras aves,
De su sepulcro saldrá Panamá
Engalanada de guirnaldas y rosas;
Libre y soberana, hasta la eternidad.

Brooklyn, New York
Febrero de 2003

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