Operación Nuevos Horizontes 2018 convierte a Panamá en rampa bélica

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Tropas estadounidenses armadas hasta los dientes.

Por José de la Rosa Castillo
Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de Panamá

Uno de los éxitos claves de los Tratados “Torrijos Carter”, aunado a la devolución del Canal de Panamá a sus verdaderos propietarios, fue el retiro de las 14 bases del andamiaje colonial que sirvió para agredir a los panameños (sucesos del 9 de Enero de 1964 y la invasión militar del 20/D), y de rampa de ataque contra pueblos y gobiernos contrarios a sus intereses en América Latina y el Caribe.

En ese antiguo y desmantelado enclave en Panamá, tuvieron su sede el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estado Unidos y la Escuela de Las Américas, una academia de tortura en la que eran adiestrados sanguinarios dictadores del continente americano.

Panamá en la mira del Pentágono

Los párrafos introductorios son útiles para entender por qué el Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá acusó recibo de una nota enviada por la Embajada de Estados Unidos en diciembre (tres días antes de los actos conmemorativos del 20/D), en la que se hace referencia a “conversaciones recientes de los dos Gobiernos”, respecto a una visita de la Fuerza Aérea estadounidense, programada del 2 de enero (ya están aquí) al 15 de julio de 2018.

El propósito de esa polémica “visita” es la realización de los ejercicios Nuevos Horizontes, conjuntamente con la Fuerza Pública de Panamá. En la nota se afirma que el punto de contacto local es Alexis Bethancourt, ministro de Seguridad Pública.

De acuerdo con la nota, el personal asignado de la Fuerza Aérea a esa operación es de 415 unidades. Los efectivos militares serán desplegados en las provincias de Darién, Veraguas y Coclé, y “cualquier otro lugar aprobado por el gobierno de Panamá y la Embajada”. La nota verbal solicita el tratamiento diplomático que debe ser conferido a los “visitantes”, según lo previsto por la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas.

Amenaza a la neutralidad del Canal

Sobre la base del Tratado de la Neutralidad Permanente y Funcionamiento del Canal de Panamá, este país declaró la neutralidad del paso interoceánico para que en tiempo de paz y tiempo de guerra, éste permanezca “seguro y abierto para el tránsito pacífico de las naves de todas las naciones…y para que el Canal y consecuentemente el Istmo de Panamá no sean objetivo de represalias en ningún conflicto bélico”.

El Artículo V del Tratado señala: “Después de la terminación del Tratado del Canal de Panamá, sólo la República de Panamá manejará el Canal y mantendrá fuerzas militares, sitios de defensa e instalaciones militares dentro de su territorio nacional”.

La desmilitarización extranjera es un principio inherente a todo régimen neutral y es indispensable porque el propósito de la neutralidad no es sólo evitar ataques a la vía acuática, sino asegurar primordialmente la libertad de tránsito, la cual se vería amenazada si una potencia ocupase sus riberas.

Es inadmisible que el gobierno panameño y la prensa nacional no hayan develado en forma oportuna esta información, pese a la prohibición de manobras que involucren la presencia militar norteamericana. Tampoco puede ser justificada la evasión de la responsabilidad implícita en los Artículos citados, en cumplimiento de la desmilitarización del Canal. De hecho, la Constitución vigente ordenó la eliminación del ejército y la desmilitarización del país.

¿Qué se busca con esa provocación y el silencio cómplice de los poderes fácticos? En cuanto a Panamá, parece que las élites del capital financiero intentan  acostumbrar a la población a una “presencia militar para la defensa del Canal”, en un contexto de multipolaridad y globalización económica, pero de unipolaridad en lo relativo al poderío bélico frente a grandes intereses y retos, en función de la estratégica ruta interoceánica.

Objetivos siniestros

Los objetivos de estos ejercicios son de amplia gama. Van desde contrarrestar el crimen organizado, cooperación e información sobre seguridad y relaciones cívico-militares, hasta asistencia humanitaria. Con ello, se pretende tener acceso directo a la información y recolección de datos (espionaje e inteligencia), y adoctrinamiento no sólo militar, sino sobre “valores” que poco tienen que ver con las luchas de los pueblos latinoamericanos. Además, el objetivo es mantener la denominada “estabilidad regional”, ya que la fuerza de ocupación tiene la capacidad para decidir qué es inestabilidad y tomar decisiones al respecto (caso Venezuela).

Levanta sospecha la planificación y ejecución de esas actividades en Panamá, en medio del cerco contra Venezuela, por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) y más recientemente por España, los acontecimientos políticos en Honduras tras el fraude en los comicios generales y el reconocimiento de Trump al proceso electoral espurio, y el acoso contra Nicaragua y El Salvador, con el espinoso tema de los migrantes centroamericanos.

La situación descrita apunta a hacer de Panamá una rampa de lanzamiento de la agresión continental, es decir, la vuelta a la “política de las cañoneras”. Queda claro que Estados Unidos quiere controlar militarmente a Panamá y los ejercicios Nuevos Horizontes son una provocación al país y al continente.

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