La suma de los miedos

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Tortugas Ninja

La suma de los miedos

Cecilio E. Simon E.

Redacción de Bayano digital

 Los hermanos menores abrieron sus ojos que aun reflejaban el miedo normal provocado por un temblor.  Ya está pasando chicos, señalaba Leonardo mientras sujetaba las sillas de sus hermanos… relájense ya paso.

Por fin suspiró temeroso, pero aliviado Mike. No te hagas el valiente Rafa, también tenías miedo, sonrió Mike. Es normal tener miedo o cierto nerviosismo por un temblor, asentía Donatelo, a mí me dio mucho miedo. A ti todo te da miedo Mike. No todo… a ver, dijo Mike pensativo, solo los extraterrestres, los temblores, los payasos…

Este extracto del guion de uno de los capítulos de “Las Tortugas Ninjas”, sin duda podría parodiar los miedos del equipo de gobierno.  El más reciente surgió cuando la estudiante de 15 años Miriam Tejada, fue sacada de los desfiles junto a tres compañeras, ya que representaban un presunto peligro para la seguridad del presidente de la República.

Ese desagradable incidente, atribuido a una decisión de un oficial de su seguridad, es parte de la cultura de miedo de la administración actual.  En este orden podemos destacar ocho miedos del gobierno del presidente Varela.

Primero: el miedo a las amenazas de Martinelli, de develar las complicidades que se dieron durante su gobierno.  Recordemos que en mayo del 2014 advirtió: “Yo si tengo el dossier y el pedigree, pues sé lo que ha hecho todo el mundo”. Solo esto explica que los casos contra Martinelli se reducen a los pinchazos que originaron la orden de su extradición. Ahora la bola está en el campo de los Estados Unidos, que no registra ninguna extradición de un expresidente latinoamericano.  En este caso el gobierno de Panamá seguramente dirá no puede hacer nada. 

Ya no hacen titulares el mega escándalo del PAN;  Rafael Guardia es uno de los pocos detenidos que aguarda ser llevado a juicio. Se cayó el caso de Finmeccanica. Los involucrados en el caso de Riegos de Tonosí recibieron medidas cautelares sustitutivas de la privación de libertad. Por el caso de Cobranzas del Istmo solo guarda prisión un implicado, los  que “devolvieron” el dinero disfrutan de otras medidas cautelares.  Nada se habla de los sobrecostos del llamado Plan de Ordenamiento Vial, de la ampliación de la autopista Panamá Chorrera, del Metro o en los proyectos de construcción de hospitales y MINSACAPSI.  Todo parece indicar que el primero de los miedos hace perder el impulso procesal.

Segundo: los miedos de gestión que provocan la lentitud del aparato público y la baja ejecución presupuestaria.  El terror de visitar las celdas que hoy ocupan algunos funcionarios del régimen de Martinelli, produce el efecto tortuga que se convirtió en la marca de la administración actual.

Tercero: el miedo a los escándalos.  En este escenario se destaca la liberación del exministro de Seguridad, José Raúl Mulino, de la exministra de Trabajo, Alma Cortes y de los exdirectivos de la Caja de Ahorros, indagados por un supuesto caso de corrupción.  En este último caso se trata de vincular indirectamente a Martinelli, por la desviación del préstamo a Financial Pacific (otro escándalo soterrado).  

El manejo errático de las supuestas pesquisas de la seguridad del Estado, produjo un halo de escándalo en el caso de la Caja de Ahorros y en consecuencia un velo protector para algunos de los indagados.

Cuarto: miedo a la fractura de la gobernabilidad. Puede alimentar de este miedo y el deterioro del frágil equilibrio en la Asamblea Nacional entre gobierno y oposición, producto de la propensión histórica de los panameñistas de romper sus alianzas,  la elección de la nueva dirección en el PRD, el realineamiento de los diputados del CD y la voracidad de los panameñistas que, sin la mayoría en la Asamblea, pretende designar al Magistrado del Tribunal Electoral que corresponde a los diputados, como lo hizo con el  Contralor y el Defensor del Pueblo.

Quinto: el miedo a Washington y sus aliados en la Unión Europea. La inexistencia de una política exterior que refleje los intereses nacionales, es el principal catalizador de los miedos en el escenario internacional. La sumisión de la política de seguridad nacional de Panamá a los intereses de los Estados Unidos (participación del país en la coalición contra ISIS). La discrecionalidad de agencias norteaericanas para intervenir en las empresas nacionales  (Caso Waked). La subordinación de nuestras políticas fiscales al de las potencias europeas (los Papeles de Panamá y la lista gris de la OCDE) son parte del catálogo del miedo internacional que condiciona al gobierno de Varela para que permita que las potencias globales actúen en el país como si fueran soberanos, esa odiosa situación que Omar Torrijos erradicó con el desmantelamiento del enclave colonial, que al parecer ahora revierte.

Sexto: miedo a las potencias regionales,  por la incorporación de Panamá a la lista de paraísos fiscales en Colombia, Brasil, Argentina, Perú, Ecuador y Chile sin que se den las medidas de retorsión anunciadas por el gobierno nacional y a Colombia por la fijación de aranceles a las mercancías provenientes de Zona Libre Colón.

Séptimo: miedo al Caso Lava Jato en Brasil, en el que se mencionan operaciones que se dieron en Panamá, por el que fue condenado Marcelo Oderbrecht (principal contratista de las obras del actual gobierno) y en el que presuntamente no existen relaciones de cooperación entre las autoridades de ambos países.

Octavo: miedo a los dos frentes que abren venezolanos en el  país. Por un lado la deuda a empresarios panameños en la Zona Libre de Colón y la morosidad con la línea aérea de bandera panameña y, por el otro, las presiones y movilización de la influyente colonia  venezolana que inmigró a Panamá.

Ante tanto miedo, nos queda sujetar las sillas mientras dure el temblor, luchar para que todo no caiga y procurar que nuestros gobernantes no teman a los extraterrestres ni al sable de una estudiante durante un desfile.

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