La recuperación del Canal de Panamá también se hizo con tinta y papel

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Antigua portada de Bayano.

Por David Carrasco
Director de Bayano digital

En la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos hay una colección de medios impresos en la que se destaca Bayano, una publicación popular panameña, de tiraje quincenal, que en la década de 1970 se convirtió en referente de luchas sociales dirigidas a poner fin a la inaceptable situación colonial y de inequidad que imperaba en la antigua Zonal del Canal de Panamá, bajo control estadounidense.

La periodista y docente Migdalia Fuentes de Pineda, relató que tras una visita a Washington, hace varias décadas, se sorprendió al ver que Bayano ocupaba un lugar importante en la hemeroteca, como fuente de consulta de eruditos, catedráticos e investigadores en búsqueda de elementos sobre las relaciones entre ambos países.

En las páginas del quincenario fue plasmado el análisis de gestas que dieron vida a consignas unificadoras, como “un solo territorio, una sola bandera”, “siempre de pie, nunca de rodillas” o “si fallan las negociaciones, armas para la liberación”, esgrimidas por la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP). Marchas, testimonios, discursos, informes especiales, reportajes y enfoques de expertos en temas de negociación canalera pueden ser hallados en ese proyecto editorial, que representó una ruta hacia el Canal.

Bayano surgió como un proyecto de comunicación alternativa, el 15 de agosto de 1976, en medio de condiciones objetivas que exigían la presencia de un medio orientador, crítico y valiente. Su logotipo evoca al negro africano del mismo nombre, quien condujo la mayor de las rebeliones en Panamá en el siglo XVI y dejó su impronta libertaria en tierras americanas, en las que imperó la esclavitud.

Los primeros números del periódico fueron diagramados sobre cajones, a causa de la falta de sillas, en un local en la Calle Colón, en la Ciudad de Panamá, donde estaba la sede de la Federación Sindical, que tenía una fuerte ascendencia de la Unión de Empleados de Comercio. El primer director fue Lorenzo Mora, apoyado por el tipógrafo Edilberto “Papiri” Méndez y redactores jóvenes.

Bayano ayudó a plasmar la memoria colectiva.

Desde el primer tiraje, la publicación abordó el reclamo de abolir el Tratado de 1903, desmantelar el complejo de bases y sitios de defensa, y recuperar la denominada Zonal del Canal –un enclave de 1.432 kilómetros cuadrados, que se extendía a 8,1 kilómetros a cada lado de la vía interoceánica– , que constreñía a las ciudades de Panamá y Colón. Entre los fieles lectores, figuraba el general Omar Torrijos, quien encabezó la lucha de liberación nacional y comandó una corriente democratizadora en las filas militares.

Otros asiduos seguidores eran diplomáticos, intelectuales, docentes universitarios, soldados, líderes agrarios, estudiantes y trabajadores. De hecho, uno de sus ex directores vinculado al movimiento obrero, Antonio Yépez De León, murió cuando Bayano desenmascaraba a elementos asociados al capital financiero y a acaparadores de tierras estatales en la caribeña Ciudad de Colón.

El periódico dio voz, además, a campesinos e indígenas, y pasó de ser una prensa sindical a un medio organizador. Entrevistó a figuras como el canciller panameño Juan Antonio Tack y ejecutivos estadounidenses en la vía acuática. En el trámite de las entrevistas en el Canal, contribuyeron los comunicadores Antonio Grenald y Franklin Castrellón, y el economista Fernando Manfredo, quienes abrazaron la causa panameña y desafiaron al poder zoneíta.

Una de las voces más escuchadas en el Canal y en las bases estadounidenses fue la de Luis Anderson, líder del sindicato o Local 907 (AFSCME/AFLCIO), quien llegó a ser representante obrero en la Junta Directiva de la vía interoceánica. Bayano dio seguimiento a sus luchas y reivindicaciones laborales, y conflictos que afectaban el cumplimiento del Tratado y la transferencia de tierras y aguas a manos panameñas.

Muchos preguntan, cómo un periódico cuyos textos eran levantados en máquinas antiguas e impreso en pliegos de papel, y compaginado a mano, pudiese mostrar el camino a los panameños. Los “canillitas” de Bayano fueron intimidados por gente que viajaba en autos Mercedes Benz, y el periódico enfrentó el bloqueo en su circulación. Sin embargo, salió adelante con una fuerza política de respaldo y la suma de mentes brillantes, como Luis Restrepo, Guillermo Castro, Yadira Baquerizo, Norma Núñez, Néstor Jaén, Euclides Fuentes, Aurelio Andrión, Rafael Ruiloba y Griselda López, entre otros.

Un valioso esfuerzo de figuras como Ramiro Vásquez, Mitchell Doens, Ofelia Rodríguez, Luis Gómez, Jorge Montalván, Manuel Ducasa, Antonio Saldaña, Efraín Reyes, Florencio Muñoz, Rómulo Bethancourt, Juan Hochberg, Rodrigo Carrión, Mario Concepción, Mario Parnther, Pedro Pereira, Héctor Alemán, Rosalina Pinzón, Humberto Toala, Cecilio Simon, Víctor Young, Balbina Herrera, Antonio Yépez, Luis Navas, Filiberto Morales, Luis Prescott, Miguel Candanedo, Ana Arauz, Leonardo Kam y José Espinosa, materializó ese proyecto solidario, contestatario y orientador.

Reporteros gráficos del periódico captaron la imagen de la última detención contra un ciudadano panameño, realizada por un agente policial zoneíta, las manifestaciones patrióticas y las interpretaciones de los textos del Tratado firmado en Washington el 7 de septiembre de 1977. Asimismo, el medio dio amplia cobertura a la lucha de liberación en Nicaragua y El Salvador, y en países de África, y exigió la libertad del líder político sudafricano Nelson Mandela.

Efraín Reyes Medina, el último director del Bayano impreso, denunció la ocupación del periódico por tropas estadounidenses que invadieron a Panamá el 20 de diciembre de 1989. Sin recursos y con colaboradores en el exilio, al periódico sólo le quedó un fax para comunicarse con el mundo. Muchos desconocen que detrás de ese fax había una niña de 10 años de edad, Zaritma Simon, quien enviaba las noticias a distintos destinatarios. Zaritma es hoy una abogada y sigue colaborando con el proyecto en su versión digital.

Con ello, quedó demostrada la validez del pensamiento del general Omar Torrijos, al referirse a la persecución desatada contra Mandela y otros líderes en el mundo, y al valor de la conciencia colectiva: “No hay bala que pueda matar un ideal”, porque las causas justas regresan a las manos de quienes defienden la bandera nacional y arrancan de su suelo las estacas del colonialismo y el racismo.

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