Desafíos fiscales en Latinoamérica y el Caribe: opina experto

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Los ricos de América Latina pagan menos impuestos que los de los países desarrollados. (Foto: Thinkstock).

Desafíos fiscales en Latinoamérica y el Caribe: opina experto

Por María Julia Mayoral

La Habana (PL) – La región de América Latina y el Caribe acrecienta sus ingresos fiscales frente a décadas precedentes; pero todavía la evasión de pagos registra elevadas proporciones en detrimento de las finanzas públicas, sustenta el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT).

En entrevista concedida a Prensa Latina, el economista y profesor brasileño Marcio Verdi evalúa el tema, en calidad de Secretario Ejecutivo del CIAT y experimentado auditor, que durante 28 años ocupó diversos cargos en instituciones y empresas de su país.

A juicio del académico, “la situación en los países del área ‘ha mejorado muchísimo”: la prueba más evidente es que el nivel de recaudación tributaria en relación con el Producto Interno Bruto (PIB) subió de 14 a 21 por ciento, como promedio, desde 1960 hasta acá.

Buscando puntos de referencia internacional, observamos que la media entre los estados miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) asciende a 34 puntos porcentuales; pero ello no quiere decir que en Latinoamérica y el Caribe deban llegar a esa cota.

Cada nación debe cobrar impuestos según sus necesidades, potencialidades, el modelo económico adoptado y las políticas de gobierno a fin de proveer servicios a los ciudadanos, razona el investigador.

Lamentablemente, opina, América Central y República Dominicana están por debajo del promedio regional, al ubicarse en orden del 12-13 por ciento de recaudación tributaria en relación con el PIB, aunque ‘la carga impositiva es una decisión soberana de cada país’.

En estos momentos, expone, son muy raros los estados que no enfrentan un alto déficit público, bajo los efectos persistentes de la crisis financiera internacional de 2008-2009; lo cual subraya la pertinencia de mejorar la cobranza de los tributos.

Dentro del contexto latinoamericano y caribeño, se hace evidente que los gobiernos tienen a su alcance sólo “una fuente pura de financiamiento: la contribución de cada uno mediante el pago de sus impuestos”, asegura Verdi.

La región, evalúa, sufrió mucho por las crisis de las deudas en décadas anteriores. Por tanto, el endeudamiento no es visto hoy como una fuente soberana de financiación.

Mientras los procesos inflacionarios en años recientes aceleraron el empeoramiento de la desigualdad; esto denota la imposibilidad actual de generar recursos por la vía de abultar la inflación, juzga el perito.

Tampoco los abundantes recursos naturales resultan suficientes para garantizar fuentes perennes de ingresos a los países del área debido a la volatilidad de los precios internacionales, cuyos efectos negativos vuelven a incidir sobre los exportadores de productos básicos como el petróleo y el gas.

Para aumentar las recaudaciones en cualquier estado, sopesa, lo más fácil sería subir las tasas impositivas, “pero corres el riesgo de hacer que paguen más los que ya están pagando, mientras los infractores siguen sin cumplir sus obligaciones”.

Tanto en Centroamérica como en el resto de América Latina, lo más preocupante es el alto nivel de elusión; por ende, “la lucha contra la evasión tributaria debe ser nuestra bandera número uno”, sugiere.

Según datos del CIAT, en el caso del IVA (impuesto sobre el valor agregado) el índice de evasión llega al 30 por ciento del potencial recaudatorio, y ese gravamen representa del 25 al 30 por ciento del total de impuestos que se recaudan en la zona.

El país con más baja evasión del IVA es Chile, y está por el 12-15 por ciento; mientras en otras partes los registros sobrepasan el 45 por ciento, precisa la fuente.

En el caso de los impuestos sobre la renta, la fuga ronda el 30 por ciento como media regional, alertan las estadísticas.

“Mucha gente suele decir que no paga porque es muy caro; si esto fuera así, entonces los países con inferiores tasas impositivas deberían tener menos evasión, pero ocurre todo lo contrario”, subraya.

Como regla, los estados que poseen las más altas tasas de impuestos –los nórdicos, por ejemplo–, son los que tienen los menores niveles de evasión, contrasta.

Esto nos da paso para abordar una segunda falacia: hay quienes dicen: “yo no pago porque no recibo beneficios del gobierno’. En teoría puede ser verdad, pero quienes esgrimen esos argumentos suelen ser ‘las clases dominantes de los países pobres”, asegura.

Ellos olvidan que el principio de la tributación es aportar por la capacidad de cada uno; entonces, “el que paga más no puede esperar recibir en la misma proporción, pues paga más porque gana más”, expresa el auditor fiscal.

“En sociedades desiguales, como las de América Latina, está claro que quien paga más no recibe en la misma proporción, pues hay un montón de gente pobre que no tiene con qué pagar y necesitan recibir”, insiste.

Si la tasa promedio de recaudación tributaria en la región equivale al 21 por ciento del PIB y como media hay un 30 por ciento de elusión frente al potencial existente, estamos hablando de un seis por ciento del PIB en términos de evasión, aunque el panorama no resulta similar en todos los territorios, reflexiona.

Armonizar sin copiar

Al decir de Verdi, persiste una desigualdad notable entre las capacidades de las administraciones tributarias de los distintos países de América Latina y el Caribe.

La armonización representa, por tanto, un desafío clave para la región y avala la necesidad de mejorar la calidad de los recursos humanos, especialmente en la formación de carreras, los criterios de selección y el entrenamiento de los empleados del sector, argumenta.

Entre los inconvenientes también figura el éxodo laboral; muchas personas entran al sistema tributario como “hojas en blanco” y luego de varios años de aprendizaje se van para el sector privado, donde encuentran superior remuneración y oportunidades de desarrollo, lamenta el directivo.

Las entidades públicas, considera, no pueden seguir siendo escuelas de formación para el provecho final de las empresas privadas; ‘hay que garantizar la permanencia’, recalca el representante del CIAT.

Otro aspecto que denota el desequilibrio existente es el uso de las tecnologías de la información, “y no es solamente un asunto de plata, de tener presupuesto para comprar equipamiento, se requiere personal calificado para hacer un buen uso de la infraestructura”, agrega.

Brasil, ejemplifica, posee una empresa estatal con más de cinco mil funcionarios trabajando en el área de las tecnologías de la información para responder a los requerimientos de la administración tributaria, y Argentina tiene un departamento de informática con 800 empleados.

En cambio, otras naciones del área carecen de herramientas similares. Además, “por la complejidad del trabajo hacen falta tecnologías muy específicas; una cuenta corriente de un gran contribuyente requiere sistemas especiales de pagos”, recuerda el entrevistado.

Ello muestra la importancia de transferir conocimientos a los países de menor desarrollo: “No se trata de invitarlos a copiar, sino de socializar información acerca de lo que han hecho otros, qué problemas tuvieron, qué soluciones encontraron, qué recomiendan”, apunta el profesor.

Hace varias semanas, ilustra, un técnico del fisco brasileño fue enviado por el CIAT a Kenya, cuya administración tributaria busca implementar la facturación electrónica. “El especialista –relata– los escuchó por día y medio y luego les presentó una gran cantidad de cuestionamientos y preguntas”.

“Quizás les ha planteado más dudas que soluciones, pero eso abre puertas al conocimiento y puede ayudar a que los kenianos no cometan los mismos errores que otros a la hora de implementar su sistema”, expresa.

Cálculos recomendables

De acuerdo con el CIAT, hay un alza en el costo promedio de las transacciones tributarias en Latinoamérica y el Caribe. Como media, equivalen al cuatro por ciento de los montos recaudados, al sumar los gastos administrativos por cada dólar de ingreso y los que ejecutan los contribuyentes para cumplir con sus obligaciones.

Un acercamiento al tema requiere contemplar las diferencias entre los fiscos. Por ejemplo, en Perú la institución es responsable de los tributos internos, la seguridad social y las aduanas, por lo que seguramente debe tener un costo de operaciones superior a la de Ecuador, donde la entidad no asume la recaudación aduanera, comenta.

Al presentar estos datos, “nos interesa llamar la atención sobre las llamadas renuncias fiscales”, responde el académico.

Es muy difícil que hoy en día haya un estado que no contemple beneficios tributarios a fin de atraer inversiones extranjeras, proteger o incentivar producciones y servicios internos.

Desde el CIAT, recomendamos que haya conocimiento público sobre las renuncias, cálculos precisos sobre el monto financiero que representan e información acerca de quiénes se favorecen directamente, declara el economista.

Las bonificaciones y exenciones suelen estar plasmadas en los cuerpos de distintas leyes, y cuando pasan varios años casi nadie podría decir a ciencias ciertas cuánto se deja de ingresar por ese concepto y qué beneficio generó para la nación, enjuicia.

En América Latina y el Caribe, asevera, estamos bastante avanzados en cuanto a la mensuración del tamaño de los beneficios tributarios, pero ‘hace falta un mejor análisis sobre los resultados que ofrecen a la sociedad, pues las renuncias pueden tender a multiplicarse si no se pone un control’, concluye Verdi.

Dinámicas en un universo global

Cada vez más, los fiscos nacionales están obligados a tratar con numerosos contribuyentes que operan a escala mundial: compañías trasnacionales en condiciones de actuar rápidamente y de forma global para hallar las vías legales de pagar menos impuestos ‘donde quiera que les sea posible, y eso sin contar los abusos de ilegalidad’, advierte.

Mientras esas grandes empresas actúan de manera integrada; “nosotros, los fiscos, casi siempre trabajamos mirando a nuestros pies porque así fuimos preparados”, expone el estudioso, quien incluye en su currículo especializaciones en economía internacional y métodos cuantitativos avanzados.

“En el mundo de hoy los fiscos tienen que colaborar entre ellos, intercambiar conocimientos, prácticas y datos de los contribuyentes”, subraya.

Si en una nación A determinado contribuyente dice que pagó equis suma de dinero por contratar servicios de asistencia técnica en un país B, deberían existir vínculos entre A y B para verificar si ese gasto ocurrió efectivamente o es un falso costo; se trata de un ejemplo muy sencillo, pero real, acota.

A escala internacional, estima, cobra auge un movimiento de armonización (no de igualación) de conocimientos y prácticas a fin de combatir el planeamiento tributario abusivo, bajo el liderazgo del Foro Global de transparencia e intercambio fiscal.

Esta iniciativa, añade, promueve la lucha en contra del secreto bancario, pues un fisco no puede ser efectivo si carece de mecanismos fiables para verificar los movimientos financieros de los contribuyentes.

Integrado por administraciones tributarias de diversos estados, el Foro considera inaceptable la existencia de leyes que continúen impidiendo el acceso de las autoridades a las bases de datos financieros de los contribuyentes, indica.

Además, la entidad adoptó un acuerdo mutuo de cooperación, que permitirá el intercambio automático de informaciones entre sus miembros, distingue el analista.

Otro programa, reseña, está relacionado con la erosión de las bases fiscales, el cual contempla 15 medidas, aunque no todas son de necesaria aplicación en cada uno de los países de América Latina y el Caribe, al menos por el momento.

“Se trata de una forma de armonizar el combate internacional contra los precios de transferencia, que son operaciones entre empresas controladas y coligadas”, detalla.

“Vivimos un movimiento muy interesante en el que los fiscos nacionales están aprendiendo a convivir como un fisco global; algo muy importante”, sintetiza.

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