Más allá de una pelea de dos legisladoras

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Más allá de una pelea de dos legisladoras

(Redacción de Bayano)

El bochornoso incidente protagonizado por dos diputadas panameñas que se enfrentaron en el hemiciclo parlamentario, ha puesto sobre el tapete nuevamente una verdad de a puño. El hecho de ser mujer no asegura actuar según la conciencia de género, de la misma manera que el hábito no hace al monje, ni el ser pobre genera la conciencia de clase.

Decía Paulo Freire, que cuando el oprimido llega a la posición del opresor, si no pasa por el proceso de autoconciencia, reflexión y acción, automáticamente, reproduce el comportamiento que condenaba y quizá incurre hasta en uno peor.

Ambas parlamentarias, no son conscientes de que los epítetos que han utilizado y el comportamiento asumido no hacen más que reproducir estereotipos de la cultura androcéntrica, que descalifica a las mujeres para actuar en las actividades políticas, respondiendo a la división sexual tradicional del trabajo, que considera a esas actividades como propias de los hombres y no de las mujeres.

Más triste ha sido escuchar en las radioemisoras, a comentaristas femeninas que se lamentaban de que las legisladoras no hubiesen pasado de los insultos a los puños. Es evidente, que ni las comentaristas, ni las legisladoras se han percatado de que la conciencia de género no se ha instalado en ellas y que el sexo es una condición biológica, pero el género es una construcción cultural.

La igualdad de género no consiste en que las mujeres alcancen posiciones gerenciales y políticas para reproducir los comportamientos machistas, irrespetuosos y prepotentes, en los que incurren algunos hombres. La igualdad de género es una construcción cultural, que destaca que hombres y mujeres hemos sido educados dentro de una cultura que discrimina y subordina a la mujer, que ésta tiene derechos a ejercer su ciudadanía social y política, en condiciones de igualdad con los hombres, pero sin caer en las manipulaciones del androcentrismo. Por lo tanto, no se trata de sustituir a los machos por las “machas”.

En este análisis, hay que destacar que la situación aludida constituye una nueva evidencia de los retrocesos que ha tenido y tiene Panamá, en la lucha por la equidad de género. En vez de enfrentar los atavismos culturales, comportamientos como los señalados no hacen más que confirmar la tesis equivocada del androcentrismo.

Ojalá, esas legisladoras reflexionen, al igual que muchos otros grupos de hombres y mujeres para dedicar sus esfuerzos a lo que es realmente importante y está afectando a nuestra población, como la violencia y el feminicidio, al igual que la discriminación laboral y la segregación ocupacional, fenómenos que lejos de mejorar, cada vez se acentúan con mayor fuerza en desventaja para las mujeres.

Las mujeres que alcanzan altas posiciones políticas o gerenciales, están en la mira de la opinión pública y debieran estar conscientes de las consecuencias de su comportamiento y de la cultura a la cual responden. Sus posiciones públicas les generan el compromiso con la ciudadanía de evitar asumir comportamientos contraproducentes, por ignorancia o desconocimiento, como los que lamentablemente ocurrieron. Por lo tanto, la educación de género constituye una necesidad apremiante para reaprender y analizar sus propias actuaciones. Ojalá, este llamado sea escuchado y veamos a estas diputadas enfrentar la lucha por la equidad y la justicia de género, en vez de quedar envueltas en la diatriba y estereotipos androcéntricos.

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