Martinelismo sin Martinelli

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RICARDO mARINELLI Y JUAN CARLOS VARELA

Martinelismo sin Martinelli

“Soy la principal persona con la que te van a comparar hoy y en un futuro”.

Cecilio E. Simon E.
Redacción de Bayano

El 12 de octubre de 2010, presenté en la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Panamá una ponencia en el contexto de la Primera Jornada de Educación Cívica: “Transfuguismo y Formación de Valores en la Juventud organizada”. En la presentación, se perfila el modelo diseñado para Martinelli, que produjo el asalto a los bienes y recursos del Estado. En ése modelo se destaca el uso sistemático de la propaganda, combinada con la intimidación a los actores sociales, que generaron como resultado el apoyo difuso de la población, con leyes y proyectos cohesivos y la desmovilización (por intimidación) de los actores sociales haciendo uso de mecanismos coercitivos.

Al parecer, en la actualidad estamos ante la continuidad del modelo que podríamos denominar “Martinelismo Ligth”. En él, se privilegian los intereses de acumulación parasitaria de los poderes fácticos. Ellos esconden la mano represiva, ya no la necesitan (por ahora). Martinelli hizo el trabajo con resultados a la vista; desarticuló la institucionalidad democrática (particularmente en el Órgano Judicial), desmovilizó y cooptó al movimiento social y a la dirección tarifada de la oposición, hizo susceptible a su partido a las prebendas y chantajes (un tránsfuga siempre será un tránsfuga).

Por su vigencia y actualidad, comparto un extracto del documento presentado en la Jornada, en el que se describe la hoja de ruta del modelo de acumulación parasitaria diseñado para Martinelli:

“En Panamá, estamos enfrentados al proyecto político de la fracción empresarial parasitaria, constituida como poder hegemónico. Su plan estratégico tiene como objetivo, ampliar la reproducción de sus inmensas fortunas, a partir del manejo de los resortes del poder. Para alcanzar sus metas y objetivos estratégicos, esa fracción empresarial ha tazado una hoja de ruta que transita por dos carriles: el cohesivo – coercitivo y el de acumulación parasitaria.

Por el carril cohesivo-coercitivo camina la propaganda oficialista, la judicialización del conflicto político y la militarización de la Fuerza Pública. La propaganda oficialista, bajo el supuesto “cumplimiento de las promesas de campaña”, combinada con la crispación política, está diseñada para saturar a la población, neutralizar a los aliados y poner a la defensiva a la oposición.

La efectividad de la propaganda permite la sistemática ruptura de la institucionalidad democrática, sin que provoque manifestaciones de rechazo, por el apoyo difuso de la población y el apoyo específico de los sectores más radicalizados del régimen.

La judicialización del conflicto, la descalificación de la sociedad civil, la presión y control a los medios de comunicación, la fusión de los partidos satélites de la alianza y el transfuguismo político, haciendo uso del chantaje y la corrupción de los diputados opositores y aliados, son componentes del segmento coercitivo.

Bajo la supuesta lucha contra el narcotráfico y la delincuencia, la Fuerza Pública, asume el rol de “guardia pretoriana”, estimulado por sucesivos aumentos salariales y una legislación que le abre espacios de impunidad de prepotencia para la violación de los derechos humanos en los casos de Bocas del Toro y el Centro de Cumplimiento de Menores. (Aún no se habían producido la represión en Colón y San Félix).

El carril coercitivo instrumentaliza leyes represivas, militariza la Fuerza Pública, criminaliza la pobreza (PELEPOLICE), silencia al movimiento sindical y amedrenta a la oposición (ley carcelazo, ley chorizo).

Para lograr sus propósitos, simulan proyectos cohesivos (100 para los 70 y Beca Universal); utilizan de manera intensiva la coerción y fuerzan el consenso mediante el transfuguismo.

El carril de acumulación parasitaria, pasa por el diseño de mecanismos de excepción para favorecer los intereses de la denominada fracción empresarial parasitaria, con los recursos provenientes de las contrataciones públicas (megaproyectos); la especulación inmobiliaria y de las tierras nacionales, aprovechando los recursos y la infraestructura pública; el usufructo de las áreas revertidas y, las contrataciones provenientes del funcionamiento actual y de la ampliación del Canal de Panamá.

Los poderosos intereses de la fracción hegemónica, han constituido una corporación público-privada, para la acumulación parasitaria de inmensas fortunas. Los accionistas de esa corporación, emplean medios tradicionales de corrupción y han creado innovadores mecanismos para apropiarse de los bienes y recursos del Estado para garantizar el apoyo específico de la fracción parasitaria, en detrimento de la fracción empresarial productiva, interesada en el desarrollo del mercado interno.

La reelección del cuestionado presidente de la Corte Suprema de Justicia José Ayú Prado, con el voto de los dos magistrados designados por el presidente Varela, la revelaciones del magistrado Harry Díaz sobre la intromisión de Ricardo Martinelli en las decisiones de la Corte, parece configurar el mismo escenario de control de las decisiones de ese organismo por parte del ejecutivo.

Aunado a ello, se producen hechos que ponen un velo sobre la transparencia del gobierno del presidente Varela que revalidó (para garantizar la seguridad jurídica argumenta) contrataciones cuestionadas a inicio de su administración (IBT GROUP), y otorgó nuevas contrataciones para los megaproyectos (al igual que Martinelli) a empresas de cuestionada reputación internacional (Odebrecht), sometida a juicio por estar vinculada a escándalos de corrupción, en los que se menciona sobreprecios y coimas otorgadas a gobiernos de la región.

El cuestionamiento se extiende al uso de mecanismos de excepción, creados por la pasada administración para las compras del PAN-DAS; los escándalos de corrupción en los que se involucran a funcionarios relacionados con los factores reales de poder; las concesiones otorgadas para la explotación rentista del humedal de la Bahía de Panamá hasta Pacora y la intención de privatizar las aguas del lago Bayano a favor de los poderes fácticos que hoy gobiernan Ante estos hechos, Martinelli advirtió al presidente Varela acerca de lo que podemos denominar Martinelismo sin Martinelli: “soy la principal persona con la que te van a comparar hoy y en un futuro”. ¿Será válida esa comparación?

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