Lucha de monjas en Estados Unidos para detener construcción de gasoducto de 3.000 millones de dólares

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Las monjas construyeron una sencilla capilla al aire libre en la zona donde se presume será construido el gasoducto. (Foto: Cortesía Rebecca Gardner).

Redacción
BBC Mundo

Son apenas ocho bancos largos y un humilde púlpito protegido del sol por una simple estructura de madera que lo recubre parcialmente.

Sin embargo, esa capilla al aire libre, construida en medio de un campo de maíz, es una pieza clave en la disputa entre un grupo de monjas residentes en Pennsylvania (Estados Unidos) y la empresa que construye un gasoducto valorado en US$3.000 millones.

Las religiosas, pertenecientes a la Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo, levantaron el improvisado lugar de culto en unas tierras de su propiedad en el condado rural de Lancaster.

Justo allí la empresa Williams tiene previsto construir un tramo del gasoducto Atlantic Sunrise, que transportará el gas natural extraído de campos en el noreste de Pennsylvania, mediante el método de fractura hidráulica, hacia otros estados del sureste y del atlántico medio de Estados Unidos.

El emplazamiento del nuevo templo no fue elegido al azar.

“Solo quisimos simbolizar, en realidad, algo que ya está allí: esta es tierra sagrada”, dijo la hermana Janet McCann, miembro de la dirección nacional de la congregación, al diario estadounidense The Washington Post.

La humilde construcción era así una declaración de principios, pero también una jugada dentro de la pugna legal en defensa de sus tierras y por la cual las monjas demandaron ante los tribunales a las autoridades de la Comisión Federal Regulatoria de Energía (FERC, por sus siglas en inglés) por violar la Ley de Restauración de las Libertades Religiosas, norma que protege los parajes considerados sagrados por grupos religiosos.

Defensoras de la tierra

La Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo fue creada en 1834 en Italia y se estableció en Pennsylvania en 1925, donde durante décadas eran las propias monjas las que cultivaban las tierras, que ahora, en gran medida, están arrendadas a granjeros locales.

Esta orden, conformada por unas 2.000 monjas alrededor del mundo, asumió el activismo y la protección ambiental como parte de su misión. En América Latina están presentes en varios países, incluyendo Brasil, Argentina y Bolivia.

En 2005, la congregación aprobó una declaración de compromiso ético con la Tierra, en la que proclaman “la santidad de toda la creación” y su “reverencia a la tierra como un santuario donde toda la vida es protegida”.

“Como comunidad atesoramos la tierra como un regalo de belleza y sustento; la vemos como un legado para las generaciones futuras”, aseguran en el texto.

Con este compromiso ambiental, las monjas han protestado contra el uso de la energía hidroeléctrica en Brasil o contra la minería en Guatemala. También está en la base de su rechazo a la construcción del gasoducto.

“Creemos en la energía sostenible. Los combustibles fósiles son peligrosos para el medio ambiente”, dijo McCann al Washington Post.

Esta argumentación fue incorporada en la demanda judicial contra la FERC.

“La decisión intencional de las Adoratrices acerca de cómo manejar los terrenos que poseen es una parte integral del ejercicio de sus bien establecidas y profundas creencias religiosas como administradoras activas y comprometidas de la tierra de Dios”, señalaron los abogados de las monjas en la demanda presentada ante los tribunales de Pennsylvania.

“El uso de la propiedad para una tubería de combustibles fósiles es contrario a sus prácticas y creencias religiosas”, agregaron.

Una pelea cuesta arriba

Las monjas han recibido el apoyo de los activistas de Lancaster contra las tuberías. (Foto: Cortesía David Jones).

Las religiosas no se encuentran solas en su lucha contra el gasoducto.

Un grupo de residentes del condado se reunió en una plataforma informal llamada Lancaster Against Pipelines (“Lancaster en contra de las tuberías”) para intentar hacer frente al proyecto.

Ann Neumann, portavoz de ese grupo, explicó a BBC Mundo que comenzaron a organizarse hace aproximadamente tres años y medio cuando supieron de la existencia del proyecto.

El apoyo de la comunidad se ha hecho presente también en la improvisada capilla al aire libre. Unas 300 personas acudieron a su consagración y vecinos de distintas confesiones religiosas la han visitado e incluso han rezado allí, en muestra de solidaridad.

Pese a los esfuerzos de los residentes que objetan el proyecto, Williams ha ido logrando la autorización de granjeros locales para que el gasoducto recorra sus tierras.

“Es casi imposible detener un gasoducto. La compañía presiona a los propietarios en diversas formas, les visitan, les ofrecen cantidades absurdas de dinero. Las únicas que pueden aguantar son las hermanas de la orden, que se oponen por razones morales al gasoducto, o los millonarios, que tienen mucho dinero y pueden contratar abogados para resistir el poder y las presiones de una corporación como esta”, indicó Neumann.

En la actualidad, apenas una treintena de propietarios se mantienen en firmes. El problema para estos es que, una vez que Williams obtenga las autorizaciones gubernamentales, la compañía puede conseguir una orden judicial para que se le permita realizar el tendido del gasoducto, incluso sin contar con el visto bueno de los dueños de las tierras.

Riesgos y beneficios.

Para Neumann no hay duda acerca de los riesgos que implican permitir la construcción del gasoducto.

“Todos sabemos que los gasoductos son peligrosos. Este es uno de alta presión de 42 pulgadas, por lo que el área afectada equivale a 3 campos y medio de fútbol a cada lado de la línea. Los gasoductos con frecuencia tienen filtraciones y dañan la calidad del aire”, afirmó.

“Además, hemos descubierto que una vez que la compañía tenga las autorizaciones podrá construir todas las líneas que quiera allí, podrá cambiar el tamaño de la tubería, etc”, añadió.

Williams, por su parte, señala que el gasoducto Atlantic Sunrise permitirá proveer de gas natural a unos 7 millones de hogares en Estados Unidos.

Estima que su construcción generará aproximadamente unos 2.300 puestos de trabajo directos en Pennsylvania durante el año que durará la fase de construcción, así como unos 6.000 empleos indirectos. Calculan que el incremento de la actividad económica en esa área será de unos US$1.600 millones.

Tras el fin de las obras, esperan que para la operación y mantenimiento se creen 15 puestos directos y unos 14 indirectos.

Por lo pronto, según relató Neumann, Williams aún tiene que obtener algunas autorizaciones pendientes por parte del departamento de Energía de Pennsylvania, así como esperar al fallo sobre la demanda introducida por las monjas en contra de la FERC por violación de la Ley de Restauración de las Libertades Religiosas.

Se trata de una ley sobre cuya aplicación no hay muchos antecedentes, por lo que es difícil intuir cuál será el resultado de un proceso que bien podría abrirse camino hasta la Corte Suprema.

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