La organización comunitaria vs la alienación

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Programas alienantes en la TV desestimulan la organización en las comunidades.

La organización comunitaria vs la alienación

Por Luz Amalia González Pinzón

En las últimas décadas, hemos visto cómo organizaciones tradicionales de los panameños, como las estudiantiles, obreras, incluso las campesinas, han ido declinando en su capacidad de promover los cambios sociales y económicos por los cuales se luchó en el pasado reciente.

La causa de ello se puede buscar en una combinación de factores, entre los cuales predominan las nuevas formas de desarrollo económico, la globalización, los medios de comunicación al servicio de los grandes poderes económicos y políticos y la descomposición social. Estos y otros factores se han unido para lograr uno de los objetivos del sistema: crear consumistas, para lo cual lo más importante es no pensar mucho.

Como parte de los requisitos para lograrlo, es necesario, entre otras cosas, que la mayoría de las personas carezca de una buena educación pública (lo que además promueve el consumo de escuelas privadas), una pobre alimentación en cuanto a calidad y ausencia total de medicina preventiva (¡uf!, consumo de medicamentos asegurado).

Para ello, se ha utilizado como primera herramienta el control de los medios de comunicación por parte de los beneficiarios del sistema. El objetivo perseguido es que la gente no se pierda la gran cantidad de comerciales, por lo que hay una programación televisiva y radial superflua, que además de promover patrones estereotipados de consumo (véase vestuarios, autos, relojes, decoración, piscinas, viajes), asegura el adoctrinamiento a través de noticias, telenovelas, películas de acción-violencia y “matadera”, entre otras.

La tecnología y las redes sociales han sido utilizadas para que la sociedad canalice su descontento sin necesidad de “pertenecer” a ninguna organización. De esa manera, las personas tienen la sensación de estar “protestando” y “participando” con tan sólo enviar un chat o un twitter.

En los medios de comunicación proliferan los programas de opinión y de “participación”, con los cuales se desahoga el descontento popular. Esos medios manipulan el “descontento”, señalando cuáles son los problemas importantes y cuales los “responsables”, pero carentes del análisis de la raíz de los mismos y, por tanto, sin plantear soluciones que transformen la sociedad (reconocemos que hay sus excepciones, lo que confirma la regla).

La promoción de la cultura del miedo, exacerbando los crímenes, robos e inseguridad, también es una herramienta para evitar que las personas se asocien en la comunidad. Entre la novela, el enrejado y el entretenimiento casero –internet, celulares– ya no hay puertas abiertas, ni hora en la que se encuentre a un vecino dispuesto a participar en reuniones o conversaciones vecinales.

Esto explica, en parte, por qué nuestra gente que vive en barriadas y comunidades, tiene tan poca capacidad de organización y movilización, y cuando lo logra es muy efímera (véase problemas de agua y calles principalmente). Una vez se resuelve el problema no persiste la organización, y menos crece interna o externamente.

La organización comunitaria debe entenderse como una de las principales maneras en las que se podrá transformar realmente la sociedad. Enseñar desde pequeños a los miembros a desarrollar el entendimiento de sus capacidades para mejorar su entorno (ambiental, infraestructura), la solidaridad entre todos para fortalecer sus acciones, proponerse tareas realizables y realizarlas, y establecer vínculos que rescaten la salud física y mental de todos.

Este desarrollo debe progresar hasta tejer y conectar esta red a nivel nacional para permitir que los cambios puedan ser gestionados y fiscalizar realmente desde abajo. Este nivel organizativo debe insertarse con el entramado organizacional existente.

Si queremos cambios reales de la realidad, enfocados en una mejor calidad de vida, mejor educación, mayor prevención en salud y menos enfermedades, más seguridad, infraestructura adecuada a las necesidades diarias, transporte eficiente, servicios confiables y al alcance de los presupuestos, menos contaminación (la lista es infinita), hay que comenzar por volver al barrio, hablarle a los vecinos y ponernos serios, en cuanto a la organización comunitaria.

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