La muerte nutre al capital

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El hábito de fumar predispone al cáncer de pulmón. (Foto: Cortesía de La Vanguardia.com).

La muerte nutre al capital

Por Frei Betto
Escritor brasileño y fraile dominico

Para preservar nuestras vidas los gobiernos prohíben fumar en locales públicos. Los paquetes de cigarros exhiben fotos horrorosas de los efectos letales del vicio. “Fumar mata”, advierte el Ministerio de Salud.

Hace poco fue prohibido en los EE.UU. el cigarro electrónico. ¿Por qué, si apenas emite un vapor de agua inodoro y no contiene sustancias químicas? Pero los legisladores entienden que es un mal ejemplo. El cigarro virtual puede llevar al cigarro real…

Sin embargo, el mismo país llena el mercado de filmes con escenas de excesiva violencia y, no por eso, la ley entiende que los crímenes virtuales pueden generar crímenes reales… El comercio de armas goza de plena libertad en la mayoría de los estados.

El conducir a alta velocidad mata también. En el Brasil, desde 2013, según el Datasus, 43.780 personas perdieron sus vidas en el tráfico. Sin embargo, el Ministerio de las Ciudades no le exige a la industria automotriz limitar el potencial de velocidad de los vehículos. La ley y el poder judicial son condescendientes con esta forma de riesgo letal. Conductores que han segado vidas bajo las ruedas de sus autos gozan de buena salud, de plena libertad… y de sus carnets de conductores.

El peligro de la vida pasó a figurar en la agenda del mercado. Da dinero. La acumulación del capital es lo que rige el mercado, que, a su vez, dirige la economía, a la cual está sometida la política.

Ingerir alcohol es también perjudicial para la salud. Pero, al contrario del tabaco, las bebidas alcohólicas tienen asegurados tanto la propaganda como el consumo libre de estas.

Sabemos que la agricultura brasileña es la campeona mundial del uso de agrotóxicos, lo cual se refleja en la creciente incidencia de cáncer en nuestra población. A pesar de ello, no se prohíbe esta paradoja: regar con veneno el alimento que necesitamos para mantener la vida. Incluso ciertas sustancias químicas vedadas en otros países no están prohibidas aquí. El Ministerio de Agricultura debiera imprimir en la envoltura de los alimentos: “¡Comer es perjudicial para la salud!”

Todavía no se sabe cuál es el efecto real de los transgénicos en el organismo humano, a pesar de que son utilizados en gran escala. Ni siquiera está estipulado por ley indicar al consumidor que tal alimento contiene transgénico.

¿Por qué dialogamos tan descaradamente con la muerte? Primero, porque da ganancias, y la acumulación del capital es lo que rige el mercado, que, a su vez, dirige la economía, a la cual está sometida la política. Segundo, porque el peligro de la vida pasó a figurar en la agenda del mercado. Da dinero. Vea la Fórmula 1, la lucha de MMA y ciertos deportes radicales, como base jump, sky surfing y el wing walking. A la adrenalina de los deportistas se suma la del público, excitado como niños en el circo, al observar las vueltas de los motoristas en el globo de la muerte.

Las drogas son prohibidas porque convierten a sus usuarios en irresponsables. Las bebidas alcohólicas, ingeridas en gran cantidad, producen el mismo efecto. Detrás del timón, el conductor se vuelve un potencial suicida o asesino. O las dos cosas. La Ley Seca intenta reducir el abuso.

Sin embargo, no se tiene noticia de conductores que provocaron accidentes por fumar manejando. ¿Por qué esa política de dos pesos y dos medidas?

¿Y las motos? Son 12.000 los muertos en accidentes de moto al año en el Brasil. Según el Ministerio de Salud, tales accidentes son los responsables del aumento del 115% de estancias en hospitales públicos.

Ahora bien, está prohibido prohibir todo cuanto engorda el capital. ¿De qué vivirían las funerarias si no se facilitasen las muertes?

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