Eduardo Galeano y el Discurso de la Diferencia

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Eduardo Galeano y el Discurso de la Diferencia

Por Rafael Ruiloba

El filósofo francés Jackes Derrida, en su libro La Diferencia, se refiere a ella como “una zona de irreflexión y de espontaneidad que se mantiene irreductible” como la sombra esencial de lo no declarado. “Esta no es una posición estética, sino fenomenológica, cuál es la diferencia, en un mundo dominado por la propaganda, la ideologías conformistas y consumistas. ¿La verdad?, ¿Cuál es la diferencia en un mundo dominado por la mentira y la propaganda, los sesgos de toda laya y los intereses. La diferencia es la verdad. Y la verdad, como diferencia, es el centro del discurso de Galeano. En su libro espejos escribió este texto:

¿Qué significa la diferencia que hay entre Thot y Tamus? Podría parecer muy antigua la referencia, pero en realidad este cambio tecnológico no afectó a la humanidad hasta la aparición del
Internet. Buscar la diferencia que proporciona la verdad, es la actitud de una conciencia desestructuradora, propia de todo movimiento de la consciencia crítica, dice Derrida. Sobre esto escribe Galeano:
“Tengo fe en el oficio de escribir, la certeza de que es posible hacerlo sin venderse ni alquilarse”. La fe que la lucha por la dignidad humana, vale la pena aunque sea para perder.

Veamos algunos ejemplos de la diferencia aplicada al discurso:
“Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa”.

Esa es la diferencia que desestructura la ideología de la idea religiosa sobre la mujer, por la verdad. La diferencia es un contra discurso, que pone en evidencia la verdad. Es la dramatización por contraste de la verdad.

En el 2009, en una entrevista al diario El País, dijo que “Las Venas Abiertas de América Latina siguen abiertas”. Es una contra historia económica y política. Lo que describía sigue siendo cierto. El sistema internacional del poder hace que la riqueza siga alimentándose de la pobreza ajena.

Eduardo Galeano se ha mostrado preocupado por la fuerte influencia de su libro Las Venas Abiertas de América Latina, de los años 70, porque ha opacado el resto de su obra. No porque lo que dice no sea verdad, sino por su estilo.

“La economía colonial latinoamericana dispuso de la mayor concentración de fuerza de trabajo hasta entonces conocida, para hacer posible la mayor concentración de riqueza de que jamás haya dispuesto civilización alguna en la historia mundial. Aquella violenta marca de codicia, horror y bravura no se abatió sobre estas comarcas, sino al precio del genocidio nativo: las investigaciones recientes mejor fundadas atribuyen al México precolombino una población que oscila entre los veinticinco y treinta millones, y se estima que había una cantidad semejante de indios en la región andina. América Central y las Antillas contaban entre diez y trece millones de habitantes”. En verdad, nacimos de la explotación y el genocidio.

Recordemos que este libro en español fue regalado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a Barack Obama, lo que disparó las ventas de la obra literaria en EE.UU., América Latina y Europa. En Brasil, Galeano ha cuestionado su estilo. Pero la prensa derechista mundial asegura que Galeano ha matado el libro. Incluso, Rubén Blades usó este comentario de Galeano para atacar a la izquierda latinoamericana. Este es un ejemplo de que “la izquierda doctrinaria no ha podido trascender los discursos de barricada, la repetición de pensamientos invalidados por el tiempo”.

No es de extrañar, la premura con que se trata de desacreditar el discurso de Galeano, pero esta idea de la diferencia de Galeano la hace inmune a la crítica ideológica de Blades. Paradójicamente, cuando Galeano envió el libro al concurso Casa de las Américas, en 1971, ganó una mención porque un jurado de izquierda consideró que le faltaba seriedad. (Kovacic p 197).

Galeano dice que la risa es el mejor aliado de la izquierda. Por ello, en sus últimas obras su denuncia se realiza por medio de fabulas y anécdotas, para poner en contexto por medio de la risa, la debacle y la situación del mundo en pleno caos.” (Kovacic p 323).

En Galeano, la idea de la diferencia se expresa como la describe Derrida: “la idea que el hombre se hace de su poder poético y responde a la idea que se hace de la creación del mundo y a la solución que da al problema del origen radical de las cosas”. La primera ley de la persuasión es que las cosas no tienen sentido sin el contraste que detiene la diferencia. Y para Galeano, este contraste, esta diferencia la encontramos en esa búsqueda de la comprensión poética de la realidad, como la que encontramos en el libro Espejos.

En su libro Úselo y tírelo, se denuncia el consumismo, pero también busca la estética, la belleza del estilo para lograr la persuasión. Por ello, concluye que “escribir no es solamente saber que no es necesario que a través de la escritura. Es también hacer descender el sentido, pero elevar al mismo tiempo la fraternidad humana”.
Veamos este ejemplo en el texto El requerimiento. 1514 Río Sinú:

Han navegado mucha mar y tiempo, y están hartos de calores, selvas y mosquitos. Cumplen, sin embargo, las instrucciones del rey: no se puede atacar a los indígenas sin requerir, antes, su sometimiento. San Agustín autoriza la guerra contra los que abusan de su libertad, porque en su libertad peligrarían no siendo domados; pero bien dice San Isidoro que ninguna guerra es justa sin previa declaración.

Antes de lanzarse sobre el oro, los granos de oro quizás grandes como huevos, el abogado Martín Fernández de Enciso lee con puntos y comas el ultimátum que el intérprete, a los tropezones, demorándose en la entrega, va traduciendo.

Enciso habla en nombre del rey don Fernando y de la reina doña Juana, su hija, domadores de las gentes bárbaras. Hace saber a los indios del Sinú que Dios ha venido al mundo y ha dejado en su lugar a San Pedro, que San Pedro tiene por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre, Señor del Universo, ha hecho merced al rey de Castilla de toda la tierra de las Indias y de esta península.

Los soldados se asan en las armaduras. Enciso, letra menuda y sílaba lenta, requiere a los indios que dejen estas tierras, pues no les pertenecen, y que si quieren quedarse a vivir aquí, paguen a Sus Altezas tributo en oro en señal de obediencia. El intérprete hace lo que puede.

Los dos caciques escuchan, sentados, sin parpadear, al raro personaje que les anuncia que en caso de negativa o demora les hará la guerra, los convertirá en esclavos y también a sus mujeres y a sus hijos y como tales los venderá y dispondrá de ellos, y que las muertes y los daños de esa justa guerra no serán culpa de los españoles.

Contestan los caciques, sin mirar a Enciso, que muy generoso con lo ajeno había sido el Santo Padre; que borracho debía estar cuando dispuso de lo que no era suyo, y que el rey de Castilla es atrevido, porque viene a amenazar a quien no conoce.

Entonces, corre la sangre. En lo sucesivo, el largo discurso se leerá en plena noche, sin intérprete y a media legua de las aldeas que serán asaltadas por sorpresa. Los indígenas, dormidos, no escucharán las palabras que los declaran culpables de los crímenes cometidos contra ellos.

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