Panamá necesita una política migratoria coherente

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La población panameña está enfrascada en un debate sobre la posibilidad de establecer un freno definitivo a las migraciones, ante la falta de una política migratoria clara y coherente del Estado y el surgimiento de un polémico proyecto parlamentario para ajustar la ley migratoria vigente, en coincidencia con el ingreso a este país de miles de inmigrantes sudamericanos ansiosos de hallar un nuevo destino

Una primera lectura del escenario político montado en torno a las migraciones, es que los migrantes de diversas partes del mundo no son responsables de los problemas económicos de Panamá. El enorme saqueo ha sido causado por grupos oligárquicos y elites del capital financiero, que usurpan el patrimonio nacional y crean, al mismo tiempo, un modelo rapaz de pobreza, explotación y exclusión social.

Para muchos, es extraño que desde la esfera del poder legislativo se quiera imponer un proyecto de ley migratorio que discrimina a los inmigrantes pobres y favorece a los ricos. ¿A caso no es gran parte de la población panameña resultado del mestizaje y de las diversas olas migratorias contabilizadas desde el siglo XV? Basta recordar la construcción del Canal de Panamá para saberlo.

Es inaceptable que activistas de organizaciones que militan en movimientos progresistas se hayan compartido mensajes y archivos de audio y video de contenido racista, fascista y xenófobo contra inmigrantes que buscan oportunidades de estudio y trabajo. Es un crimen envenenar de esa forma el corazón y la mente de los jóvenes panameños con mensajes de odio y hostilidad a los extranjeros.

Las vulneraciones de los derechos humanos de los migrantes, que abarcan la negación de acceso a derechos fundamentales, como el derecho a la educación y el derecho a la salud, es un delito. Lo más aconsejable es regular la migración y perfeccionar el marco jurídico de protección de migrantes, sobre la base de los convenios internacionales suscritos y normas de seguridad adoptadas por el Estado.

Una verdadera estrategia migratoria debe privilegiar los derechos humanos y situar al migrante en el centro de las medidas políticas y de coordinación de la migración. Sin duda alguna, es necesario regularizar la situación de los indocumentados y ventilar la dura situación de los grupos de migrantes marginados y desfavorecidos que carecen de solvencia para la tramitación de sus casos.

Se estima que en el mundo hay 258 millones de personas fuera de sus países de origen, que han emigrado por diversos motivos. Con una vocación internacionalista, Panamá no es ajena a esa realidad y tampoco prestarse para perseguir a individuos por el solo hecho de no haber nacido en esta tierra. La humanidad necesita puentes solidarios y no muros, como lo anunció al mundo el Papa Francisco.

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