Ojo con las verdades manipuladas y las medio verdades

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Desinformación mediática. (Ilustración: Getty Images).

Por Rafael García Denvers
Coordinador de Vanguardia Torrijista (VT)

Para poder analizar el momento actual se requiere, entre otras cosas, ubicar dónde y por qué la realidad ha sido deformada hasta que básicamente es irreconocible el fundamento o raíz de los hechos que conforman la cotidianidad.

Por ejemplo, el denominado ”día a día” en la sociedad está determinado e inferido por una cantidad de mentiras, “afirmaciones y verdades falsas”, administradas mediáticamente desde el poder para generar una condición mental, psicológica y de credibilidad que no corresponde a las necesidades populares, ni a su solución, pero sí a la planificación a largo plazo de los poderes hegemónicos.

Esos mismos poderes administran sin ningún tipo de vergüenza o resquemor y manejan libremente el parámetro informático, con el objetivo de crear una verdad desfigurada y conformar una “mentalidad social adecuada”, independientemente de la verdad original o real. Nos han incluido en un escenario en el que la realidad ficticia, con verdades relativas, y personajes creados o deformados a su requerimiento e intereses, son proyectados con la finalidad de garantizar su beneficio crematístico y de poder.

La manipulación de los hechos para desarticular el movimiento social es tan evidente como su actual segmentación, contradicciones y polarización. Se puede observar cómo al movimiento social primero le segmentaron los temas, con el objetivo de poder compartimentarlo en términos de peleas separadas o peleas paralelas, pero, al mismo tiempo, se manipularon las contradicciones secundarias para provocar divisiones en los sectores que plantean alternativas beneficiosas para el colectivo social.

De esa matriz sustraen suficiente material a beneficio de los poderes gobernantes y generan la condición de debilidad orgánica y desconfianza para forzar, imponer y poner en entredicho las dirigencias y, particularmente, buscar fórmulas que eviten cualquier cohesión del movimiento popular. Además, utilizan componentes de manipulación para generar choques, naturales o inducidos, que abren grietas o espacios justificantes del “rescate de la paz social”. Para ello, usan la bandera del daño a la economía y la imagen nacional, cuando en verdad el mayor daño inmediato es a sus arcas empresariales y, a largo plazo, el control del poder.

Esa verdad estructural e institucional es la que “justifica” las duras represiones y la judicialización a que han sometido al sector sindical, gremial, originario y a la población, por parte de los gobiernos defensores del enriquecimiento extremo e inmoral de las grandes empresas de capital, en detrimento, incluso, de la pequeña empresa o negocio, particularmente del sector agropecuario y artesanal.

La represión de los gobiernos empresariales, particularmente el de José Raúl Mulino, tiene no sólo su causa, sino también su objetivo. A través del poder, la intimidación y la represión, intentan desarman a las organizaciones, para mediatizarlas y restarles capacidad de crecimiento. El objetivo es desmovilizar a la sociedad pensante y a los sectores afectados directamente para impedir el surgimiento de voceros populares, naturales y no mediatizados por la manipulación existente.

En este sentido, se entiende el furibundo ataque político del oficialismo contra la iglesia católica, por decir lo que la feligresía denuncia y sufre a diario, como si los cristianos no fuesen parte del tejido social de la patria.

Textos publicitarios, como ”eso no te afecta”, ”eso es secundario”. ”tiene beneficios que tú no te imaginas”, ”tú no puedes oponerte al desarrollo social”, ”tú no puedes impedir el crecimiento económico», y carteles similares son la fórmula para sustentar una serie de hechos relativos, en algunos casos, y totalmente falsos y negativos, en otros casos. Toda esa escenografía tiene un norte: mantener al movimiento popular segmentado, dividido, atemorizado y en el último escenario dentro de una condición obligatoria de reestructuración para desmovilizarlo.

La reestructuración del movimiento popular no consiste en hacer nuevas organizaciones. Consiste en fortalecerlas, en establecer los puntos de coincidencia y unificar un criterio válido para equilibrar y ubicar una respuesta con luces largas, pero sin descuidar el corto y mediano plazo. En cada caso, es obligatorio determinar los puntos de convergencia nacional y sentarse para coordinar en la práctica las rutas para alcanzarlos desde los intereses y aportes particulares de cada sector.

Forzosa es la limpieza del Estado, iniciando por combatir la corrupción y restableciendo o corrigiendo las orientaciones y funciones institucionales del mismo. En función de que los gobiernos sean representativos, no sólo de una clase empresarial, sino de la población y del derecho humano que tienen los panameños.

La meta rectora de nuestros actos, la base sustentadora de cualquier acuerdo entre grupos, organizaciones, instituciones o simples aliados en el camino ha de ser: el derecho a la vida en condiciones óptimas de equilibrio e Igualdad de oportunidades para el ser humano en forma sostenida y digna, lo que atente contra ese principio ha de ser intolerable y debe de ser proscrito.

La defensa de la vida ha de iniciar por la defensa institucional del agua como fundamento de vida, la defensa del equilibrio ecológico, la búsqueda de la Soberanía Alimentaria, el respeto a la Soberanía Nacional e Integración del Derecho al Trabajo, al Techo y a la Tierra como representativa del origen de los alimentos.

No a la Minería Metálica a cielo abierto.
No a los embalses de río Indio.
No a la entrega de la Soberanía Nacional.
Respeto a los Mártires.
No a la Ley 462

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