Los problema de la democracia panameña

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Democracia implica respeto a la voluntad popular.

Por Antonio Saldana
Abogado y analista político

Luego de que el ex presidente de la República Martín Torrijos Espino hizo su autocrítica, es propicia la ocasión para extender el debate de la crisis de la entelequia política llamada PRD, a una dificultad más profunda e importante: la del excesivo presidencialismo o concentración de poder en el Órgano Ejecutivo, o los problemas de la democracia panameña.

El mayor obstáculo para la construcción de una democracia eficaz y participativa es la ausencia absoluta del necesario e imprescindible debate de los problemas nacionales en su contexto global y geopolítico. Tan pronto como se propone un tema de importancia cardinal, el enemigo invisibiliza o descalifica la discusión o la «conversa».

Ahora bien, la génesis del enrarecido ambiente político nacional de la actualidad, se ubica en los prolegómenos del ‘gobierno revolucionario’ y la Constitución Política de 1972, en la que se quitaron funciones a los otros dos Órganos del Estado para ser trasladadas al «poder Ejecutivo», de la cúpula militar o factor verdadero de poder más importante en ese período de 21 años (1968-1989).

Pero, lo sorprendente es que el régimen democrático liberal (plutocracia) que sustituyó al gobierno de los militares; ha mantenido durante 33 años , la misma Constitución Política (”emparchada”) del autoritarismo militar o de la concentración del poder en el Órgano Ejecutivo o, la del coloquial, «excesivo presidencialismo»; originando otros males, como el elitismo politico, la corrupción pública y la fallida democracia panameña.

En efecto, la transformación política efectuada con la cruenta invasión militar estadounidense del 20 de diciembre de 1989, y la fulminación del régimen militar; sólo fue de fachada.

El único cambio ocurrido fue el cambio de la élite militar por la élite de la oligarquía del dinero. Sencillamente, porque a la «Hoja de Papel» (Constitución Política) solo se le ha estado maquillando, pero mantiene su feo rostro autoritario. Únicamente susceptible de un cambio real, a través de la convocatoria una Asamblea Nacional Constituyente o Pacto Político Nacional.

El cohecho, el clientelismo político y, más reciente la narcopolítica ha estado presente en la actividad cotidiana de las entelequias politicas que han hegemonizado en los últimos 33 años.

Vivimos en una falsa democracia. En una democracia de élites corruptas. Una democracia de entelequias políticas, capitaneadas por «matones» políticos. «Una democracia de mercado donde los votantes son los consumidores políticos que representan la demanda del mercado político y los políticos y las élites políticas representan la oferta» (J. A. Schumpeter).

En apariencia, en Panamá, hay un régimen democrático, por aquello de la periodicidad electoral;. Sin embargo, tanto la democracia como el ejercicio electoral (el voto) son, ni más ni menos, una simple mercancia.

En consecuencia, urge el cambio del modelo democrático-clientelar, por una democracia participativa de ciudadanos; no de clientela y fichas políticas.

¡Así de sencilla es la cosa!

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