
Por Daniel Martínez
Integrante del Partido de los Trabajadores (PT), de México
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha puesto en duda algunas opiniones iniciales, ya que su evolución demostró una realidad que no estaba contemplada en la estrategia de los agresores. EEUU resultó sorprendido con la duración del conflicto. Lejos resolverse rápidamente, Washington se encontró con una resistencia iraní superior a la esperada y una estrategia muy elaborada.
La prolongación del conflicto, como ya lo había demostrado Vietnam, ratifica que la capacidad de resistencia es tan determinante como la capacidad de agresión. No hubo degradación de las defensas iraníes, fallaron los sistemas defensivos israelíes y, pese a su capacidad militar, EEUU no logró resultados políticos decisivos.
La lección es: acumular fuerzas y prepararse para resistir en el tiempo. Ello es un aspecto decisivo para lograr la victoria.
La ultraderecha latinoamericana
¿Por qué debemos poner atención a la guerra entre Irán y EEUU? Porque el progresivo fracaso imperialista en Irán, tanto en lo militar como en la gestión de un acuerdo, repotencia la doctrina Monroe en Latinoamérica e incrementa la agresividad de EEUU contra México y otros países de la región.
La reacción de Trump, y los poderes que están detrás de él, al no poder disputar la hegemonía con China, hace que refuercen sus intereses sobre nuestro continente. Se transforma en una disputa por la hegemonía regional y se expresa en combatir la presencia e inversiones de China en los países de la región y con la abierta injerencia en los procesos electorales para inclinar la balanza a favor de candidaturas de extrema derecha o abiertamente fascistas.
Así entonces, con el respaldo estadounidense y la utilización de recursos ilícitos, que van de la compra de votos a la guerra cibernética, la ultraderecha ha usurpado el poder en la mayoría de los países de Latinoamérica. Con esos métodos y acciones subversivas, con sospechosa regularidad las elecciones se deciden a favor de candidaturas de extrema derecha y total deprecio a los sistemas democráticos liberales.
Peor aún, y es un aspecto político/ideológico, los resultados expresarían la manipulación de las mentes de votantes que son inducidos a respaldar a sus enemigos de clase hipotecando el porvenir.
Esa preocupante tendencia, que últimamente ha llevado al triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, amplía el espacio geopolítico de gobiernos autoritarios de derecha en Sudamérica en lo que se puede llamar recolonización reaccionaria diseñada desde la visión geopolítica de la doctrina Monroe y el corolario Trump.
Con la derrota de Estados Unidos en Irán y su repliegue sobre nuestro continente, se abren las interrogantes: ¿En qué condición quedamos los latinoamericanos? ¿Vamos a dejar que nos secuestren nuestros derechos? ¿Vamos a cambiar soberanía y derechos por una hipotética seguridad?
Las señales de alerta
Para allanar el camino al control de la región y sus riquezas, EEUU, junto con respaldar a la ultraderecha, lleva cabo una diversidad de acciones que van desde la invasión a Venezuela para secuestrar a su presidente y su esposa, la creciente agresión a Cuba y la amenaza de un ataque militar hasta la ofensiva mediática que deja entrever eventuales operaciones bélicas contra México.
Los triunfos de la ultraderecha son una gran paradoja y ameritan un análisis porque contienen lecciones que es preciso asimilar y se resumen en dos grandes factores: Los aciertos del enemigo y nuestros errores y debilidades.
Las grandes tecnológicas transnacionales, que se apropian de la información de los ciudadanos, manipulan los intereses de la gente a través de las redes digitales. Las corporaciones tecnológicas se han transformado en factor decisivo en la utilización electoral para “interpretar la voluntad popular”, según dice la propaganda del imperialismo estadounidense.
No obstante, no pueden ser vistos como aciertos en identificar el sentir de poblaciones. El uso político del miedo contra la inseguridad y la insatisfacción de las necesidades materiales de la población, no explican el fracaso de las alternativas progresistas y de izquierda en Latinoamérica. A la permanente crisis debemos añadir el fracaso de los gobiernos de izquierda reformista por no haber cambiado la lógica del mercado. Los gobiernos progresistas se limitaron a administrar el poder. Fueron omisos en combatir las grandes fortunas y el poder de las corporaciones y al mismo tiempo timoratos y conciliadores ante las presiones imperialistas.
El progresismo llegó al gobierno en la mayoría de los casos con la promesa de transformar la sociedad, la crítica al neoliberalismo y la búsqueda de la justicia social. Instalados en el gobierno se limitaron a desarrollar programas de beneficio social, pero dejando intactas las estructuras del poder. Menos aún construir poder popular alternativo.
En el contexto regional, las izquierdas latinoamericanas no sacaron las lecciones adecuadas de los estallidos sociales en Chile, Colombia, Ecuador o Bolivia que indicaban la frustración de amplias franjas de la población y la ausencia de vínculos entre los movimientos sociales y los partidos políticos de izquierda. Por el contrario, sirvieron de advertencia para que la ultraderecha, con dinero y fuentes tecnológicas estadounidenses, prepararan una contraofensiva político/electoral con nuevas herramientas.
Nuestras sociedades, las que terminaron votando por sus enemigos de clase, fueron persuadidas mediante la manipulación que se pueden remediar los males del neoliberalismo con medidas neoliberales más agresivas y sacrificando algunas de las conquistas sociales obtenidas con años de lucha. Todo este recuento se hace necesario para construir una respuesta alternativa popular que responda si se puede derrotar la supremacía de extrema derecha y con qué estrategia y medios.
No podemos quedarnos pasivos a la espera de un hipotético fracaso de los gobiernos autoritarios de extrema derecha y que con el tiempo se abran nuevas opciones para la izquierda. En especial porque un proceso de degradación de un gobierno de extrema derecha no necesariamente llevaría a un gobierno progresista. También puede llevar a una dictadura militar.
El desafío está en una opción renovada de la izquierda que, junto con acumular fuerzas y desarrollar organizaciones populares, aprenda autocríticamente de sus errores y desarrolle nuevas estrategias y formas de organización capaces de disputar la soberanía al peligro fascista.
En casos como Brasil y México, donde la crisis aún no ha llegado a esos extremos, el desafío es adelantarse al punto de ruptura con medidas de izquierda construidas desde las reivindicaciones más sentidas del pueblo.
Las relaciones entre México y los Estados Unidos
Las relaciones entre México y Estados Unidos han entrado en una etapa de crisis sin precedentes en los tiempos recientes, y cuya salida es difícil prever en este momento.
Una contradicción detona con la muerte de dos agentes de la CIA involucrados ilegalmente en un operativo contra el narcotráfico. México exigió explicaciones por el envío de agentes sin notificar al gobierno mexicano. Consideramos que esas explicaciones nunca se darán, porque las operaciones de la agencia estadounidense son encubiertas.
La otra confrontación deriva de la detención de Ismael El Mayo Zambada en un aeropuerto de Nuevo México por el gobierno estadounidense hace dos años. Al presentar el avión en que fue llevado a territorio estadounidense, un vocero del FBI afirmó que la detención fue una operación de esa agencia. Eso ha desatado todo un debate acerca de si una agencia extranjera diseñó o participó en el secuestro y traslado del llamado Capo de Capos o no, como en su momento lo declaró quien entonces era el embajador estadounidense en nuestro país, Ken Salazar.
Pero este tema tiene un contexto más amplio: la solicitud que el Departamento de Justicia hizo hace dos meses al gobierno mexicano de detención con fines de extradición de diez funcionarios y ex funcionarios ligados al Cártel de Sinaloa, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y el presidente municipal de Culiacán. La detención no se ejecutó, y la Fiscalía General de la República no tiene abiertas carpetas de investigación contra ninguno de los señalados. Ya el hecho de no ejecutar la detención para los estadounidenses y la propaganda de derecha significa que no hay real cooperación entre ambos países en materia de lucha contra el narcotráfico y que Claudia Sheinbaum está protegiendo a los llamados narcopolíticos.
En ello encuentra el gobierno estadounidense un motivo más para presionar al mexicano y llegar posiblemente a mayores niveles de confrontación. Los niveles alcanzados por el poder delincuencial en los años recientes no se explican sólo porque hay contrabando de armas desde EEUU hacia México. Existen serias razones para concluir que, únicamente con la tolerancia y complicidad de autoridades de distintos niveles de gobierno serían posible esas capacidades.
El discurso gubernamental ha presentado la defensa de los funcionarios requeridos por EEUU como un problema de soberanía nacional convirtiendo su defensa en un tema contra la injerencia extranjera. Cabe la pregunta: ¿Realmente se pueden equiparar ambas cosas? Lamentablemente el gobierno mexicano no tiene una estrategia para enfrentarlo y el discurso de soberanía no es suficiente.
El desafío es estratégico
Pese a todo, el problema no es coyuntural, sino algo mucho más amplio, y Donald Trump no solo no ha logrado un triunfo o en su agresión a Irán, además ha dañado su propia economía con más inflación. Ha sufrido reveses por parte de la Corte Suprema en cuanto a sus aranceles y otros temas de orden legal. Su popularidad va rápidamente a la baja y teme más derrotas electorales frente al Partido Demócrata en las próximas elecciones intermedias del 3 de noviembre.
Trump y su grupo saben que pueden perder las mayorías que ahora ostentan los republicanos en ambas cámaras, lo que acortaría su presidencia e, incluso podría enfrentar un juicio político (impeachment) por sus abusos de poder. Necesita triunfos y quiere anotárselos en la lucha contra los cárteles narcoterroristas mexicanos y de otros países.
Maj-Gen Hossein Salami dijo que ”Irán está preparado para cualquier escenario”. (Foto: Getty Images).



