Por Victoriano Rodríguez Santos
Economista, educador y máster en Recursos Humanos
Diputados de partidos políticos tradicionales, y dirigentes menospreciados por la población que funcionan con malabarismo legales, con leyes que son como camisas hechas a la medida, empujaron a los jóvenes de la Coalición VAMOS al ruedo para convertirse en protagonista electoral en Panamá.
A los políticos tradicionales les asusta el despertar de la conciencia de la población. Al ver el crecimiento de la Coalición VAMOS, les tiembla la voz y las piernas. Están desesperados y la población lo sabe. Tal cual lo manifesté en un artículo publicado el 3 de septiembre de 2026, ”después de ver descuartizado el tigre, le salen huyendo al cuero”.
Huele a miedo y a podrido en las viejas cúpulas políticas. Saben que la Coalición VAMOS, al entregar al Tribunal Electoral, en tiempo oportuno, más de 70.000 firmas de respaldo, han dado un paso adelante en su proyección proselitista.
Para muchos analistas de la política, a los grupos tradicionales y clientelistas les será imposible “subir la loma” (alcanzar escaños y posiciones electorales) en los comicios generales en 2029.
Lo que más puede preocuparles es que tribunales, jueces y fiscales con mayor o mejor sentido de justicia apliquen la ley igual para todos.
Las cárceles están llenas de personas del pueblo, hijos de Juana, la cocinera, no de empresarios ni políticos corruptos, porque para ellos la ley no aplica en igualdad de condiciones.
Desdichadamente, la población vive afectada por el clientelismo partidista y las migajas o amenazas de los políticos corruptos, pandilleros, mentirosos o incapaces de razonar a favor del bien común.
Por ello, los políticos tradicionales tienen miedo. El temor los hace cobardes ante la sociedad. Se dice que la cobardía es como la serpiente, dispuesta a morder, pero fría para poder escurrirse.
El país no avanza. Hay un retroceso que se expresa en el alto desempleo, la hambruna, el deterioro de los servicios públicos, donde la salud es parte integral. Obviamente, no hay desarrollo económico independiente a las cifras de crecimiento que el gobierno panameño promueve.
Quizás, esa situación ha sido provocada para abrir la min de cobre en el distrito de Donoso,, eliminar, sustituir o modificar el Título XIV constitucional, relativo al Canal interoceánico, privatizar el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), entre otras aberraciones contra la población y, posiblemente, abarque la reelección inmediata.
El reto está planteado: mientras se mantenga un gobierno proempresarial, que beneficia a hijos, hermanos, cuñados y otros parientes de los políticos de turno, este país será una noria de agua estancada que jamás avanzará, menos para beneficio social.
Soy el hijo de Juana.
¡Dios te salve, Panamá!




