Por Jairo H Pertuz S
Catedrático, analista Intnl y periodista
Otro 23 de octubre ha caído sobre las familias de 18 seres humanos panameños que en 2006 fallecieron calcinados dentro de un autobús de una sola puerta que los condenó a una horrible y angustiosa muerte.
Hombres, mujeres u niños perecieron calcinados y sin poder salir de esa prisión llamada ”bus nevera” que, en su momento, quedaron prohibidos para circular en la Republica de Panamá.
Sin embargo, esos vehículos inseguros han vuelto, en mayor número, a recorrer las calles en este país, tal vez a la espera de otro hecho criminal que llene de luto y dolor a las familias al abordar ese inseguro medio que no es apto como transporte de pasajeros
Además, esos vehículos que recorren áreas urbanas y rurales son comprados de ”segunda mano” a precio de chatarra en otro país, igual como ocurre con la adquisición de los camiones de 45 pies de largo, carentes de seguridad adecuada en sus costados.

Esa es otra de las prácticas indebidas y contaminantes del medio ambiente, que son permitidas en Panamá, pese a las enfermedades, riesgos y muertes a las que exponen a los usuarios y a toda la población.
¿Quienes han vuelto a permitirlo y autorizarlo? Es lo que todo el pueblo panameño pregunta.




