El IDIAP alcanza medio siglo en el impulso al sector agropecuario

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Carmen Chea, en una reunión de trabajo en el IDIAP. (Foto de Archivo).

Por Alberto Velásquez (*)
Periodista y relacionista público

Esta semana se cumplen 50 años de la fundación del estatal Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), enfocado en la generación, adaptación, validación y difusión de conocimientos y tecnologías apara la transformación productiva del campo y el diseño de estrategias alimentarias.
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El IDIAP fue la creación del gran visionario Omar Torrijos Herrera, con el objetivo de garantizarle a los hombres de las áreas rurales la semilla certificada y el manejo adecuado de insumos, para obtener buenas cosechas y altos rendimientos por hectárea , en procura de la efectiva sostenibilidad en el ámbito agroalimentario nacional.

La fundación del IDIAP no fue el resultado de un acto fortuito. De hecho, surgió tras las numerosas giras y contactos directos del general Torrijos y sus mas cercanos colaboradores con los productores agropecuarios en todo el país. La decisión de contar con una institución científica fuerte y de primer nivel se convirtió en una meta estratégica impostergable en busca de la autosuficiencia productiva.

Fue en uno de esos patrullajes domésticos en el distrito de Gualaca, en el occidente de Panamá, que Torrijos ordenó al jurista Adolfo Ahumada la redacción de una ley para la creación del IDIAP, dirigida a investigar y poner en práctica mejores manejos en la producción nacional, rescatando el papel del Estado en la gestión del desarrollo.

Para alcanzar semejante propósito, el jefe de gobierno designó al frente de esa nueva institución, a la ingeniera agrónoma Carmen Damaris Chea, una de las primeras mujeres profesionales en ese campo, quien había demostrado dedicación para optimizar la producción nacional, con fundamento en la observación y la investigación científica.

Desde sus inicios, el IDIAP salvó la producción tomatera en el país. Ello sucedió debido a que Chea organizó un valioso equipo de profesionales del sector, que logró combatir la marchitez bacteriana del tomate y se impuso la tarea de desarrollar variedades más resistentes y tolerantes a las plagas que atacan al cultivo de gran valor comercial. Ese episodio fue, quizás, uno de los primeros logros en el manejo integrado de nemátodos ,bacterias y virus que merman la producción tomatera.

A partir de aquella respuesta científica, rápida y oportuna, surgieron diversos estudios y ensayos para el desarrollo de semillas libres de agentes patógenos y nuevos enfoques sobre la producción de ganado lechero y de carne en las fincas agropecuarias, sin perder de vista a las comunidades indígenas que demandan apoyo técnico y social del Estado.

El IDIAP también ha sido pionero en la investigación biotecnológica, la reproducción de plántulas in vitro y en la cooperación internacional para el adecuado uso de suelos y el control fitosanitario eficiente de plagas en países de Latinoamérica y el Caribe. Su existencia es motivo de orgullo, aunque sectores poderosos hayan intentado liquidar a la institución.

(*) Primer director de la Oficina de Relaciones Públicas del IDIAP.

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