Palabras de Yanibel Abrego, presidenta de la Asamblea Nacional el 2 de enero de 2019.

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    Yanibel Abrego, presidenta de la Asamblea Nacional

    Palabras del HD Yanibel Abrego, presidenta de la Asamblea Nacional en la segunda legislatura del quinto periodo. 2 de enero de 2019.

    En este último periodo ordinario de este lustro constitucional de gobierno, muchas han sido las consideraciones que he querido expresar.

    Las condiciones políticas que se dieron desde julio de 2014 en esta Asamblea Legislativa, conformada por la voluntad popular en tres bloques, de los que ninguno logró la mayoría absoluta, generó la necesidad de lograr grandes consensos para la toma de decisiones y aprobación de los proyectos de ley, otrora en periodos anteriores donde los Ejecutivos lograban dominar y se imponía una mayoría legislativa de gobierno.

    A pesar de esa condición en los primeros años de este periodo, el actual gobierno encontró una Asamblea Legislativa dispuesta a afrontar los retos que permitieran darle gobernabilidad a la expresión política que logró el triunfo en las elecciones de 2014, esta Asamblea actuó de manera responsable dándole las condiciones al gobierno recién electo, de desarrollar su gestión de gobierno.

    Cuando las condiciones políticas avanzaron, y este Órgano del Estado tomó decisiones, consciente de su deber constitucional de equilibrio entre los tres poderes; como lo fue la no ratificación de las magistradas Tovar y Moore, mismas que no cumplían con los preceptos establecidos por el Pacto de Estado por la Justicia, además del gran rechazo popular. Entonces se desarrolló una serie de acciones, principalmente por la Contraloría General de la República, a partir de allí lo que se había hecho con el consentimiento, inclusive, por sugerencia de esta misma institución, no era correcto.

    Auditorias a las que no nos hemos opuesto, porque entendemos el rol de fiscalización de esta institución, pero que deben darse conforme al imperio de la ley, de forma objetiva e imparcial.

    Hemos visto por primera vez una Contraloría jugando un rol de investigador de delitos, cuando sus funciones se enmarcan en estricto derecho a garantizar el buen uso de los recursos del Estado y a poner en conocimiento de las autoridades competentes cualquier lesión patrimonial.

    No es función de esta institución coadministrar otras instituciones e impedir el funcionamiento y mucho menos de un Órgano del Estado. Ni en sendas conferencias de prensa, expresar conclusiones sobre hechos que deben ser competencia de aquellas instancias que establece la ley y la Constitución.

    Quiero dejar claro, no nos hemos opuesto al ejercicio de fiscalización de la Contraloría, pero sí exigimos que se dé cumpliendo con la Ley Orgánica, las leyes de la República y la Constitución.

    Conciudadanos:

    La democracia no es un sistema infalible; no es una camisa que usemos para nuestra conveniencia, tampoco es el bálsamo que cura todas las enfermedades sociales; por el contrario, es un sistema humano, construido y sustentado por personas, con sus fallas, pero también con sus virtudes. Para mí, la democracia es un proceso político de maduración de instituciones, liderazgos y también de todos los ciudadanos. Es por ello, que Winston Churchill, la consideraba como “…el menos malo de los sistemas políticos”. Según él, malo pero preferible a todos los demás.

    En mi opinión, el sistema no es malo en sí mismo, porque es perfectible, o sea que puede ser mejorado. Esa es su gran fortaleza.

    La democracia se basa en la participación de los ciudadanos en el ejercicio de sus deberes y derechos, no solo el de elegir y ser elegido, también el de involucrarse en los temas sociales y políticos, y al involucrarse no me refiero a solo hacerlo desde la perspectiva de las redes sociales u otros medios de comunicación. El deber de informarse, de aprender, de criticar constructivamente, de participar.

    Soy consciente de los grandes cambios que deben desarrollarse en nuestras instituciones, pero estos cambios deben ser integrales, no solo desde la perspectiva de nuestras normas, sean constitucionales o legales, debe ser un cambio de actitud, de los que ejercemos la política y de los que nos eligen para ejercerla. Si el marco de referencia para elegir solo se basa en que beneficio individual que puedo lograr, y no en los beneficios de país que podamos obtener, no solo aquel que resuelva mis problemas, si no aquel que pueda resolver los problemas de mi comunidad y el país.

    En nuestro caso, ese proceso de construir una democracia nos ha hecho ver las fallas en nuestro sistema político, por esta razón y para que este se perfeccione, debemos revisar algunas de esas normas que lo sostienen; entre las cuales está nuestra Constitución.

    En el futuro, si queremos una democracia sólida, un sistema que dure muchos años, tenemos que abordar con seriedad y profundidad el tema, desapegándonos de los intereses personales o de grupo, buscar un método que nos permita hacer las adecuaciones que se necesitan. Un método que considere la participación y consulta de todas las personas y organizaciones de la sociedad.

    Si hacemos las cosas correctamente, las nuevas generaciones de panameños agradecerán esos cambios porque surgen del debate y no de la imposición.

    Hoy iniciamos la última legislatura del quinto período, donde el Órgano Ejecutivo y el Legislativo rinden cuenta de su trabajo.

    Rendir cuentas ante la sociedad, es un acto de transparencia, que fortalece la democracia, permitiéndonos una evaluación general de los resultados del trabajo de nuestras instituciones.

    Por esta razón me permito informar que en las tres legislaturas pasadas que me ha correspondido dirigir, se aprobaron 144 proyectos en tercer debate, se realizaron 191 sesiones en el pleno, se aprobaron 12 nombramientos y ratificaciones, se ordenaron 39 citaciones o comparecencias.

    Con respecto a las reuniones realizadas en el pleno, las mismas sumaron 472 sesiones, se realizaron 176 vistas presupuestarias, se otorgaron 28 créditos extraordinarios y finalmente, se aprobaron 546 traslados de partidas. Todo ello en más de 2,200 horas de trabajo, entre el pleno y las comisiones permanentes.

    Este Órgano del Estado panameño es el único donde la población puede asistir a sus debates, participar en ellos y desde luego, hablar directamente con cualquiera de sus 71 diputados. La transmisión en directo, por radio y televisión, a toda la sociedad, hacen visibles el trabajo, la participación y el debate de todos en el hemiciclo y en las comisiones permanentes; ya sea para el reconocimiento público o para la crítica.

    Solo en año y medio, más de 8 mil seiscientas personas registradas, asistieron a las reuniones de las Comisiones Permanentes; veinticinco mil visitaron sus instalaciones y más de medio millón consultó su página Web.

    La Asamblea es el espejo de nuestra democracia, conformada por líderes elegidos por el pueblo. Líderes de partidos y de comunidades. Y a pesar de los errores que cometan algunos de sus miembros, humildemente pienso, que debilitar a la Asamblea Nacional, es debilitar a la democracia.

    No podemos rechazar, las críticas que buscan corregir. Ellas siempre serán bienvenidas, necesarias para el fortalecimiento del sistema democrático. Pero criticar con el propósito de destruir lo que tanto nos ha costado como país, considero que debemos tomarlo con mucho cuidado, no importa cómo se disfrace.

    Honorables Colegas y pueblo panameño:

    A seis meses de la instalación de un nuevo gobierno, el país sabe los grandes retos que tendrán las nuevas autoridades electas: el problema del sistema de salud, y lo relativo al Seguro Social; la grave situación del sector agropecuario; la creciente deuda externa; la baja calidad de la educación panameña y sus problemas de infraestructura; la inseguridad social que aumenta la violencia en nuestras calles y barrios; el aumento del desempleo; los problemas de la migración; el aumento de la desigualdad y el alto costo de la vida; el transporte y finalmente, la necesidad de una nueva constitución.

    Sin negar lo que se haya podido hacer, estas son situaciones que requieren de una gran concertación nacional, de la participación y desprendimiento de todos y todas, con mentalidad proactiva, alejados de los intereses económicos y políticos, pero unidos en la solución de estos grandes temas.

    A partir de mañana retomaremos la discusión del Código de Procedimiento Tributario y la Ley que Penaliza la Evasión Fiscal, que entendiendo son exigencias de organismos internacionales, no nos impide ajustarla a los mejores intereses del país.

    En cuanto a la ratificación de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia quiero manifestar lo siguiente: así como es facultad del Órgano Ejecutivo la designación, es también facultad de este Órgano ratificarlos o no, es la decisión soberana de los que fuimos electos para hacerlo.

    Finalizo mi intervención agradeciendo a Dios, mis electores, a mi familia y a mis colegas, que me apoyaron y acompañaron.

    También agradezco a todos los que han luchado por la institucionalidad.

    Gracias a todos los actores que hacen posible la construcción y aprobación de leyes. A todos los funcionarios de este Órgano, que saben lo complejo que es trabajar en la Asamblea.

    Este año sin duda será trascendental para el futuro de este país, debemos escoger un nuevo gobierno, mismo que deberá afrontar un proceso de cambios importantes; cambios que deben marcar el camino de un país más equitativo y próspero.

    Para llegar al país que queremos, debemos levantar la mirada y mirar hacia esa dirección, como quien apunta un rumbo en una brújula, miremos todos hacía ese Panamá.

    Dios bendiga en este nuevo año a nuestra Patria.

    Muchas gracias

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