Aplastante rechazo a la nueva Constitución en plebiscito chileno

Según conteo, cerca de 62% se opone a la Carta Magna; histórica participación de 82% del padrón.

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Tristeza entre los partidarios del apruebo la nueva Constitución ayer en Santiago, tras conocerse la apabullante derrota en el plebiscito de ayer en Chile. Foto Ap.

Por Aldo Anfossi
Especial para La Jornada

Santiago. El rechazo a la propuesta de una nueva Constitución chilena derrotó de manera inapelable y categórica al apruebo, un desenlace que deja vigente el texto de 1980, herencia de la dictadura de Augusto Pinochet, y que siembra incertidumbres acerca de si continuará o no y cómo el proceso constitucional chileno, pese a las promesas de una gran mayoría de los sectores políticos, incluidos los de la derecha, que aseguran que así será.

Escrutado 95.87 por ciento de las mesas (casillas) receptoras de sufragios, el rechazo obtenía 61.92 por ciento de las preferencias para sumar 7.5 millones de votos, mientras el apruebo se quedó en 38.08 por ciento, con 4 millones 651 mil. En todas las regiones del país, incluso en aquellas históricamente favorables al progresismo, se impuso el rechazo, un resultado apabullante.

Es una elección histórica en cuanto a la tasa de participación: votó 82 por ciento del padrón electoral, 12.4 millones de personas de un total de 15 millones habilitadas para sufragar, un porcentaje jamás inigualado.

Se trata de un desenlace abrumador, pues ni en los peores pronósticos la opción de continuidad del actual escenario constitucional parecía tan sólida. En la noche santiaguina rápidamente estallaron las celebraciones de los ganadores, una franca contradicción con el paupérrimo acto de cierre de campaña que realizaron apenas el jueves pasado.

Las primeras señales de la derrota desastrosa llegaron temprano, con el escrutinio en la región de Magallanes, en el extremo austral del país, del cual es oriundo el presidente Gabriel Boric. Ahí, donde él se impuso hace apenas nueve meses con 61 por ciento de sufragios, este domingo el apruebo apenas obtenía 37.8 por ciento.

Menos de tres horas después de iniciado el recuento de los votos, a las 20:50 horas (local) y cuando ya todo estaba consumado, el presidente Boric compareció ante el país, reconociendo indirectamente el castigo que el resultado del plebiscito implica para su administración –por mandato constitucional está impedido de manifestar preferencias–, intentando rencauzar el proceso constitucional y también a su presidencia, drásticamente juzgada en el resultado, pues él se jugó a fondo en los últimos 60 días promoviendo de manera indirecta el apruebo, visitando decenas de territorios y de comunidades.

En un discurso de casi nueve minutos, estas fueron sus ideas centrales:

El mensaje del pueblo es que no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención le presentó a Chile y ha decidido rechazarla de manera clara en las urnas. Esta decisión exige a nuestras instituciones y actores políticos que trabajemos con más empeño, más dialogo, más respeto y más cariño hasta arribar a una propuesta que nos interprete a todos y que nos una como país, dijo.

Como presidente de la república recojo con mucha humildad este mensaje y lo hago propio: es que hay que escuchar la voz del pueblo. No sólo este día, sino de todo lo acontecido en estos últimos años intensos que hemos vivido. No olvidemos por qué llegamos hasta aquí, ese malestar sigue latente y no podemos olvidarlo, afirmó.

Fue una alusión directa al estallido social del 18 de octubre de 2019 y meses siguientes, donde pareció que todo cambiaba para siempre.

Luego reinstaló la idea que hace semanas viene promoviendo, cual anticipo de lo que hoy sucedió: el proceso constitucional debe continuar, porque la Constitución pinochetista está socialmente caduca.

Debemos ser autocríticos respecto de lo obrado. Los chilenos y chilenas han exigido una nueva oportunidad para encontrarnos y debemos estar a la altura de este llamado. Me comprometo a poner todo de mi parte para construir en conjunto con el Congreso y la sociedad civil, un nuevo itinerario constituyente que nos entregue un texto que, reconociendo los aprendizajes del proceso, logre interpretar a una nueva mayoría ciudadana, declaró.

Luego anunció que este lunes se reunirá con los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado y con otras autoridades para avanzar lo más rápido posible en esta dirección y llevaremos una ronda de conversaciones para recoger la propuesta de los distintos sectores que se han comprometido para establecer un nuevo proceso constituyente.

Boric pidió a todas las fuerzas políticas acordar a la brevedad los plazos y bordes de un nuevo proceso constitucional, del cual el Congreso será protagonista, porque cualquier acuerdo al respecto deberá ser refrendado en una reforma constitucional para poder ejecutarlo; el gobierno no tiene capacidad por sí mismo para llevarlo adelante. El problema es que la derecha tiene mayoría en ambas cámaras, por tanto está en sus manos la capacidad de decisión.

Un voto de castigo

Mario Herrera, académico de la Universidad de Talca, explicó a La Jornada que el resultado del plebiscito tiene una correlación directa entre la aprobación a la gestión gubernamental de Boric y la aprobación a la Convención Constitucional que sesionó durante un año.

Parte de electorado tomó la elección como un voto de castigo a la gestión del presidente y hacia el trabajo que realizó la Convención, aseveró.

De hecho, en las comunas populares de Santiago, donde Boric en la segunda vuelta de la elección presidencial de diciembre pasado obtuvo un aplastante apoyo que le permitió ganar, ayer el apruebo logró un resultado muy inferior, apenas un empate con el rechazo, en lo que fue un desenlace determinante.

Hubo hoy un voto de castigo que en diciembre estuvo dispuesto a apoyar a Boric y también de acuerdo en tener una nueva Constitución, pero que hoy se manifestó por el rechazo. Eso en gran medida lo que explica el resultado, la discusión no era sólo sobre el texto, sino sobre el gobierno y el desempeño de la Convención”, explicó.

También influyó la entrada de nuevos electores, alrededor de 4 millones que nunca jamás participaron de procesos electorales porque el voto era voluntario y esta vez se convirtió en obligatorio, de los cuales no había antecedentes acerca de sus preferencias.

Como consecuencia de todo lo anterior, se anuncia inminente e inevitable un cambio del gabinete, donde de acuerdo con los analistas los inevitables sacrificados serán al menos la ministra del Interior, Izkia Siches, y su par de la Presidencia, Giorgio Jackson. Todo lo cual podría dar paso a una reconfiguración de las alianzas gubernamentales.

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