”No somos el patio trasero de nadie”: lección de Lula para América Latina

0
28
Luis Inácio Lula da Silva. (Foto: AP/ Eraldo Pérez).

Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público

”No somos el patio trasero de nadie”. Con esa clara y contundente frase, pronunciada tras su triunfo electoral en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva reafirmó un principio que trasciende las fronteras brasileñas porque resuena en toda América Latina: la defensa de la soberanía nacional.

La expresión del mandatario brasileño es una respuesta directa a las reiteradas pretensiones hegemónicas que históricamente han intentado condicionar el rumbo político, económico y social de los países latinoamericanos.

Bajo distintos nombres, doctrinas o estrategias de seguridad y con diversos argumentos, se publicita el concepto de que América Latina debe permanecer subordinada a los intereses de las potencias mundiales, particularmente de Estados Unidos.

Lula demostró que es posible mantener relaciones de respeto y cooperación con todas las naciones, sin renunciar al principio de la autodeterminación. Su firme posición recuerda que la soberanía consiste en la capacidad de cada pueblo para decidir libremente su destino, sin imposiciones externas.

En numerosas ocasiones, Lula reiteró que Brasil no pertenece al patio trasero de ninguna nación. Esa visión lo colocó por encima de las disputas geopolíticas. Esa respuesta representa, quizás, uno de los ejemplos más valiosos de su liderazgo.

La victoria del líder brasileño ofrece una lección valiosa para todos los pueblos del continente americano. Nos enseña que la independencia política no puede estar supeditada a intereses particulares ni a presiones foráneas;.

Asimismo, confirma que los recursos naturales (petróleo venezolano), las posiciones geográficas estratégicas (Canal de Panamá) y las decisiones fundamentales de un país deben responder a las necesidades nacionales fundamentales y no a agendas impuestas desde el exterior.

Lamentablemente, en diversos rincones de América aún persisten gobiernos que han optado por la sumisión (Escudo de las Américas), por encima de la soberanía de los Estados.

Hay gobierno que aceptan la presencia de intereses externos (bases militares) que condicionan políticas nacionales y toleran injerencias en asuntos internos, (por ejemplo, el permiso para que la mantuana María Corina Machado entre a su país).

En ocasiones, son adoptadas decisiones gubernamentales que responden más a presiones internacionales que a las verdaderas necesidades socioeconómicas y políticas de los ciudadanos.

América Latina posee historia, identidad, recursos y capacidad suficientes para construir sus propios caminos. La fortaleza de una nación debe medirse por su capacidad para defender los intereses legítimos dentro del concierto internacional.

El triunfo de Lula, alcanzado cuando supera las ocho décadas de vida, alejado de dependencia tecnológica que dominan esta época (no carga celular), ha despertado entusiasmo y esperanza entre millones de latinoamericanos. Sin embargo, una vez concluida la juerga, corresponde reflexionar sobre el verdadero significado de ese acontecimiento.

Los pueblos de América Latina deben despertar del prolongado letargo que ha perpetuado la pobreza, la desigualdad y la dependencia. Deben comprender que la libertad no es una concesión otorgada por otros, sino una conquista permanente que exige conciencia, participación y dignidad.

La soberanía no es una consigna para los discursos, sino una responsabilidad histórica para que nunca seamos el patio trasero de ningún poderoso.

Dejar una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí